|
El diario La Razón ha dado la voz de alarma: en España se
han realizado 84.985 abortos en 2004, un 6% más que el año
previo. La cantidad de niños asesinados antes de nacer
llenaría un estadio de fútbol. En los últimos 10 años la
tasa de abortos se ha duplicado al pasar de 49.367 de 1995 a
los casi 85.000 de 2004. Hablamos de casi 233 muertes al
día, un aborto cada 6 minutos en España. Y todo esto sólo se
refiere a las interrupciones “legales” pues las clandestinas
quedan lógicamente excluídas de las cifras oficiales. La
realidad se revela aún peor.
El 96,7 % de las mujeres que dió el paso se acogió a la
cláusula-trampa de “riesgo para la salud materna”, la cual
comprende un suprepticio “riesgo psicológico” absolutamente
inexistente en la vida real pero que permite en la práctica
el aborto libre en España... Si en cualquier nación
tercermundista mataran a un ser humano cada 6 minutos la
opinión pública no tendría rubor en escandalizarse y
pronunciar la palabra “genocidio”. Pero si esta sangrienta
escabechina se perpetra en el Primer Mundo se acepta con
naturalidad y hasta resulta bien visto.
Lo más surrealista es que eso se permita en España, que es
el estado con la menor tasa de natalidad del planeta Tierra,
superado únicamente por la Ciudad del Vaticano. En una época
en que los políticos nos advierten de que el número de
ancianos es elevado y el de bebés escaso y que eso puede
llevar a la quiebra de la Seguridad Social, en lugar de
fomentar la natalidad como sería lógico para los intereses
del Estado, los políticos dan todo tipo de facilidades en la
dirección opuesta: nacen muy pocos niños, matemos muchos
para que nazcan menos aún.
Lo más increíble de todo es que esto se haga en nombre del
progreso. Debo ser entonces un cavernícola pero la verdad,
confieso que nada encuentro de progresista en que unos
padres maten a su propio hijo. Y me choca que la izquierda
que tanto presume de ser la abanderada de los derechos
civiles pueda negar el más importante de todos ellos: la
vida. Así como me choca también que la derecha, que tanto
alardea de ser paladín de los valores morales, se ponga una
venda en los ojos frente a esta inmoralidad asesina en aras
de un puñado de votos.
En una sociedad como ésta, donde la clase política alienta
la muerte y no la vida, con una caída en barrena de los
valores, donde el 28 de diciembre se gastan bromas en lugar
de recordar los asesinatos de Herodes, en que en la Navidad
el protagonista es El Corte Inglés y no Cristo, en que la
mujer está desprotegida y el varón a menudo se desentiende
de sus cargas familiares, no es de extrañar tal genocidio.
85.000 niños asesinados en España en 2004. Me pregunto si el
descubridor de la vacuna contra el SIDA se encontraba entre
alguno de ellos. |