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En que los tres son muertos vivientes. Sé que no pocos
valencianistas defienden este modelo de estado. A mí me
parece que es insistir en una guerra perdida. Pero no por el
hecho en sí de que estado de las autonomías me guste más o
menos, o esté a favor o en contra sino sencillamente porque
se pretende es reanimar a un cadáver. El estado autonómico
ha devenido en estrepitoso fracaso. A los hechos me remito:
todas las comunidades están enfrentadas entre sí, no hay ni
una sola autonomía que no se lleve mal con las de al lado,
sea por lengua, agua, rivalidades territoriales, etc. Todos
contra todos. El estado de las autonomías ha sido volado
desde dentro. No tiene sentido insistir en un muerto en
vida.Veamos algunas de las chapuzas perjeñadas en el año
1978.
1) Se crearon de la noche a la mañana autonomías que nunca
antes habían existido (Madrid, La Rioja).
2) Por contra, a otros pueblos merecedores de la autonomía
se les fue negada (Reino de León).
3) Se crean dos Castillas, cuando si atendemos a la historia
realmente tan sólo debería haber una.
4) La Constitución deja las puertas abiertas a que Euskadi
se anexione Navarra.
5) Sin embargo, no hace ninguna referencia a que Gibraltar
se pueda incorporar a España.
6) Se tilda de nacionalidades históricas a pueblos que jamás
fueron reinos soberanos (Galicia, Cataluña, Euskadi).
7) Por contra, a los antaño reinos soberanos (Castilla,
Aragón, Navarra, León, Baleares, Valencia o Murcia) se les
niega dicho estatus de nacionalidad histórica.
8) A Euskadi y Navarra se les concede el privilegio de
mantener su foralidad, que le es negada a Valencia, Aragón o
Baleares.
9) Se crea un mecanismo de solidaridad interterritorial
eclusivamente para transferencias de capital y no se habla
de solidaridad en general, lo que conllevaría haber de
compartir también otros bienes, de ahí que los valencianos
paguemos las pensiones a unos aragoneses que chillan que a
los valencianos, ni gota de agua.
10) Se crea por la Constitución una vía especial por la que
hay cuatro autonomías privilegiadas (Galicia, Euskadi,
Cataluña y Andalucía) y una vía normal para todas las demás,
en un agravio comparativo. A partir de la legitimación de
las desigualdes ha venido la discordia. De aquellos polvos,
vienen estos lodos.
En fín. Que el estado de las autonomías es una chapuza. Que
lo que mal empieza mal acaba. Que como está mal diseñado
desde el principio sólo puede derivar en lo que está
derivando: conflictos internos, divisiones, café para todos
y crispación... Muchísima crispación. El estado de las
autonomías está sometido a una tensión tan grande que lo
hace inoperativo. También la Constitución Española de 1978
se rebela claramente inútil. La mayor prueba de su fracaso
es que 30 años después aún estamos debatiendo qué es España:
unos dicen estado, otros nación, otros estado-nación, estado
plurinacional, nación de naciones... Para todos los gustos y
colores. Que dicho debate se prolongue en el tiempo tres
decenios prueba el amargo fracaso de la Carta Magna de 1978.
Mis pronósticos son claros: con el actual modelo de estado,
España seguirá disolviéndose poco a poco como un azucarillo
(¿acaso alguien duda de qué esto no esté ocurriendo ya?),
hasta el punto de su desintegración (desintegración que si
no lo es de derecho, ya comienza a serlo de hecho). Lo de la
URSS se puede repetir aquí.
Mi propuesta también es clara. Volver a empezar. Hacer de
España un estado federal tipo Estados Unidos como única
posibilidad real de apaciguar unas innegables tensiones
multilaterales que comienzan a ser insoportables, y donde se
corrija los errores expuestos. Hacer las cosas de nuevo.
Pero esta vez toca hacerlas bien.
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