En el diario del Ferranet, la faz de Vicent Soler busca la
del lector como pidiendo loas a su valía intelectual:
“Mireume aspayet, soc yo, Vicent el socialiste; defensor del
catalá, el que sap d’economia, el comprometut ¿Voleu una
lliçó magistral sobre el aturar?”. La fotografía oculta su
oreja derecha, recordándome el angustiado autorretrato de
Van Gogh. Sentando cátedra, Vicent airea su apoyo a “aturem”
y no a “parem”; pero, con la apoyadura hecha un lío, se
engancha y repite “aturem la guerra, aturem l’erosió,
aturem açó, aturem alló, aturem l’aturem, aturem...”. Aunque
lo de la oreja me intriga, pasaremos a su jácara “Aturem tot”.
Vicent defiende la reimplantación de “aturar” por
haberlo usado Jaume I, St. Vicent, Roig y Sor Isabel. Con
estas cuatro citas, copiadas del diccionario de Corominas,
pretende engatusar al lector; sea éste el panadero
somnoliento, un oficinista nervioso que bebe el café, el
Carrascosa que lee y otea macizas en lontananza, etc. Estos
incautos son las víctimas de nuestros Van Gotets de la
lingüística; pero Vicent hace trampitas (y sabe que se las
vamos a pillar, de ahí su carita seria), al dar a entender
que “aturar” es un verbo emblemático y genuino del idioma
valenciano, amagant que’s més castellà que les gorrites del
parruç d’Isabel la Católica. El verbo aturar era común a los
romances peninsulares: gallego, valenciano, judeoespañol,
portugués, castellano y catalán; figurando en el actual
diccionario de la Real Academia Española, igual que aturada:
“duración o detención”. En las neolatinas gozó de amplia
variedad de matices semánticos, y así consta en la “Estoria
de Espanna” de Alfonso X de Castilla (h.1270); en textos de
Berceo (h.1238), Abraham de Toledo (h.1250), en el Libro de
Alexandre (h.1240), en las Farsas de Lucas Fernández
(h.1510), en Cervantes, etc.
Los valencianos no sentirían apego al verbo aturar, al
escucharlo en castellano y catalán, decantándose hacia otra
familia léxica también común, la derivada del latín “parare”
usada por Joanot Martorell: “se pará tal que... en terra
stigué per bon espay (...), faré parar a cada pas”. Si
Vicent hubiera leído algo más a Corominas sabría que “parar”
es especialmente valenciano: “anar a parar, aná a parar en
tal puesto”. Es decir; uno camina por la calle o por la
vida, metafóricamente, hasta que fija tal lugar como
estable, finalizando su corto o prolongado deambular. El
etimólogo catalán recogía también la morfología moderna:
“amollen dos paraes d’aigua”, en idioma valenciano de la
Marina; o “fiquen la pará a la sequia pera regar la finca
del costat”, en Almansora; razonando sobre el posible origen
mozárabe de topónimos como “La Pará”, en Salem; y “La Pará
de Roc”, en Albayda, etc. En Benimasot recoge: “encara es
veu un paraor”, igual que en Benitachell.
Los vocablos que evolucionaron por apócope en idioma
valenciano -sin coacciones fascistas- se enfrentan a los
tabúes impuestos por la RAE y el IEC. Voces castellanas y
catalanas como vegada, vomitada, tornada, parada o
aplegada,- aunque arcaísmos valencianos-, actualmente las
consideramos extrañas al idioma valenciano. Nosotros
podemos escribir y pronunciar perfectamente vegada y
tornada sin reducción silábica, como artificialmente hacen
los catalaneros; pero no renunciamos a una característica
del valenciano moderno, oral y escrito, con registros
literarios y en prosa filológica de especialistas como
Fullana. No podemos admitir la descalificación de filólogos
que viven del expansionismo fascista catalán. Para ellos,
toda singularidad lingüística valenciana es ridícula y “pera
fer riure”; aunque aceptan la bisutería del IEC y su mascota
la AVL.
La inmersión rechaza que usemos “parem la guerra”,
diferenciado del catalán “aturem la guerra” y castellano
“aturemos o paremos la guerra”. Tampoco permiten la
braquigrafia “pará”, distinta a la “parada” castellana y
catalana; pese a estar documentadas literariamente la
apócope y supresión intervocálica: “a la pará d’atra amiga”
(Fambuena: Fer les cartes, 1881); “te pará en lo mercat” (Ovara:Per
tres pesetes, 1881); “per les paraes del mercat” (El Bou
solt,1877); “una paraeta” (Bib. Nac. Ms. 14185: Chaques
l’olier. c.1850). El clásico verbo “parar” ha estado
presente desde los clásicos como Martorell hasta nuestros
días: “sinse parar en torreta” (Coloqui dels platerets,
c.1780); “paralitics y parats” (Conversacions de Saro.1820);
“el que va parant el sol” (Liern: La mona de Pasqua, 1862).
“deixar a ú parat” (Escrig: Dicc. 1887). Los gudaris de
salón, como Vicent Soler, podrían exhibir pancartas con
fraseología en idioma valenciano: “Bush, pare vosté el carro
(o l’eixercit)”; “Home parat no fa guerra” (Ros: Tratat,1736),
etc.
Los Vicent Soler son las coristas del teatro catalanero,
aplaudiendo el “aturem” o disimulando la humillación
diaria que suponen las publicaciones de Inmersiomán, la
televisión estatal o autonómica, recibos en catalán, etc.
Ahora mismo he escuchado un comentario sobre la saltadora
valenciana Montaner, que un tío de La 2 de TVE pronuncia “Muntané”,
imitando el barceloní para hacer méritos. Renuevo el carné
ante un cartel que dice “torn” en catalán, cuando en idioma
valenciano es “tanda”. Esta voz de étimo árabe se incorporó
al romance valenciano en textos escritos en el Reino, como
la Crónica de Jaume 1, que había de cruzar el Júcar por
turnos, “per tandes”, en la misma frase que usa el verbo
“nadar” y el sustantivo “colp” (no nedar, ni cop). Y el
antiguo Carrer del Torn no aludía a “turno”, sino al
giratorio torno para bebés abandonados. En idioma
valenciano, aunque el PP imponga el catalán “torn”,
diríamos: “Tocarli a u la tanda, deixar passar la tanda,
entrar en tanda, la tanda pera regar, etc” (Escrig: Dicc.1887).
Los Van Gotet e Inmersiomán rechazan hasta la ch de “chiquet”.
¡Qué tiempos, cuando en la renacentista Venecia los
humanistas valencianos exigían al impresor el uso de la
palatal africada! Así hizo el judío alemán Hertzoc en el
Salterio de Roiç de Corella: “dona enteniment als chiquets”
(Bib. Nac. Inc.1462); y, en 1489, el italiano Paganinus en
el Liber de Esteve: “chiquet... chiqueta menuda”. Hoy, con
el idioma valenciano prohibido en la enseñanza y
administración, hay que buscar referencias al mismo en
filólogos no contaminados por el fascismo catalán. Así, en
el ensayo “Borges y la palabra”, Carla Cordua cita a
Schiaffino y sus comentarios sobre el español, el “gallego,
el catalán, el valenciano...” (Borges Studis. University of
Aarhus, Danemark). Nos esperan otros cuatro años de
parasitismo catalanero.