A finales de agosto hacía mucho calor en Barcelona, y la
escalibada no me había sentado nada bien, sentía náuseas.
Tampoco me gustaba la cara de asombro de las encargadas de
la Biblioteca de Cataluña cuando servidor pronunciaba "vesprá",
"atre", etc., o utilizaba el verbo "eixir". Y conste que
intentaba guturalizar fonemas y catalanizar el léxico para
disimular mi condición de ciudadano de segunda en Cataluña;
pero tanto ellas como yo sabíamos la verdad: era un vulgar
mestizo valenciano.
EI día anterior, la profesora Anna Cabré había dado la voz
de alarma en la Universidad Catalana d'Estiu: "los mestizos
estaban superando a los catalanes puros en Cataluña". No
obstante, de momento no tenían nada que temer, siempre que
no fueran imprudentes como esa señora que defendía el idioma
de Timoneda y Blasco Ibáñez.
Anna Cabré, directora del Centre d'Estudis Demográfics,
glosaba las excelencias del pueblo catalán hacia los
mestizos venidos de España: nadie les devolvería al país de
origen, como hacen en otras naciones europeas; y exponía
que, en Alemania, "un turco de la tercera generación de una
familia inmigrante continúa siendo considerado inmigrante".
Tampoco podía negarse su argumento de que Cataluña "no
rechaza al inmigrante que iba ascendiendo, dando lugar a un
ciclo periódico de integración"; teníamos el ejemplo de Luis
del Olmo, Raimon o Mariscal. Pero, quizá por los efectos de
la escalibada, o porque todo estaba en catalán en aquel
centro público (nada de bilingüismo) las palabras de Anna
Cabré las asociaba a la Alemania de los años treinta.
Y, pensándolo bien, Luis del Olmo -cercado en su emisora
Onda Cero de las Ramblas- era incapaz de emitir la más leve
crítica al catalanismo; había adoptado la actitud del
esclavo sumiso y complaciente. Los otros, Raimon y
compañía... mejor me callo. EI latigazo institucional al
insubordinado mestizo es, siempre, inmediato. Qué poco se ha
dicho en defensa de Gala que todo, absolutamente todo el
teatro oficial en la temporada 93-94, el subvencionado por
las instituciones de Barcelona, ha sido en catalán: sólo en
catalán.
La manumisión del mestizo -metafóricamente hablando- no se
concede fácilmente, pues ya el escultor (¡ejem!) Alfaro
añoraba ser catalán de verdad, no un pobre "valencianet".
Otro que lo pasó mal antes de su integración en el Olimpo
cultural fue Germá Colón, cuando todavía no era un militante
defensor de la inmersión lermista (lean la diatriba contra
sus opositores de Valencia y las alabanzas a CasteIlón, por
haberse aprobado allí "les Normes del 32", siguiendo los "plantejaments
de l'Institut d'Estudis Catalans" (B.S. Castellonense de
Cultura, 1992).
Han tratado a Colón peor que la escalibada a mi estómago.
Pasarán los años -como la letra del bolero- y Germá Colón
estará en el Diccionario Etimológico de Corominas corno
ejemplo de filólogo chusco, expuesto al cachondeo de los
estudiosos (no me extraña que se fuera a Basilea). Según
Corominas: "No es seria la oposición que hacen a esta
etimología catalana Germá Colón y su alumno. La superstición
del dato, que ya alcanza extremos inconcebibles en nuestro
filólogo valenciano, en su discípulo Ilega hasta la
malcrianza" (DCECH, T§ 4, p. 453). Y no es la única
corrección cruel que le adosa al currículum vitae.
EI caso es que aquí, en la Biblioteca de Cataluña y sin que
arqueara las cejas el personal, yo podría escribir y
pronunciar "rellonge" forma valenciana diferenciada de
catalán "rellotge" según el Diccionario Etimológico; y, de
igual modo, debiera pronunciar y escribir la "llonja” (Jaume
Roig), vocablo valenciano diferente al "llotja" catalán,
según Corominas. Pero no puedo, pues estos arios del Omnium
Cultural sólo conocen el "normalitzat", o sea: el catalán. Y
las variables que un mestizo pueda usar les tiene sin
cuidado; saben que es cuestión de tiempo. Lerrna ha creado
un ejército de maestros y colaboracionistas, bien pagados,
que están realizando la inmersión catalana a toda marcha en
EGB y BUP.
Ha pasado el día y estoy descansando frente del Liceo, pero
no puedo olvidar a los mestizos (según Anna Cabré) que se
han lanzado a destruir el Reino de Valencia. Paradigma de
éstos es el médico Emilio Rodríguez, premiado en Cataluña
por su "Alacant contra Valencia", subvencionado por la
ciudad de Girona y promocionado por la prensa del salmonete.
EI mensaje que transmite Bernabeu es senciIlo: "promover la
catalanidad en Alicante y enfrentarla a la ciudad de
Valencia". Y a un valencianet tan catalanero le IIueven
terrones de azúcar, como el premio "Carles Rahola" y los
servicios de Ediciones Curial. EI mestizo anhela "un arco
mediterráneo con el País Valenciá, que liderará sin duda
Barcelona, y vertebrar la catalanidad". La consigna es
evidente: aislar a Valencia y crear odio en Castellón y
Alicante.
Suerte que en septiembre no estaré en Barcelona, pues seguro
que Pujol le da un beso en la boca a Lerma por emular a
Cataluña en ayudas indirectas (publicidad y trucos
similares) a la prensa en catalán. Leo que en la "Mostra de
Revistes en Catalá", a celebrar en la Plaça Nova de
Barcelona, encontraremos al Camacuc, Temps, SA0, Pentecosta,
etc. Es decir, las horrendas revistas -peores que la
escalibada- que subsisten con los dineros que el gobierno
pujolsocialista extrae a los mestizos valencianos.
Tengo un día malo, es evidente, y encima el camarero me
quiere cobrar seiscientas pesetas por la cerveza que estoy
tomando. ¿No advierte que soy un pobre mestizo, como él?