Sorprende el epígrafe, pero es correcto. Hacia 1600, Andreu
Bosch se desesperaba por la tendencia extendida en Cataluña
de dar supremacía "e imitar a la Lengua Valenciana" (Títols
d'honor. Perpinyà, 1628).
Esta influencia también afectaba al mismo Bosch, pues,
aunque critica que sus compatriotas "mudaran la vocal a, en
e" (p. 27) razonaba que escribir "las nostras ciencias" era
menos correcto que "les nostres ciencies".
En las mismas fechas, el catalán Onofre Pou, con su "Thesaurus",
Ilevaba hasta Perpignan el léxico valenciano: otonyo (no
tardor), chiquet y chiqueta, iglesies, chulla, mija,
servisis, carchofa, giner, puncha, etc.
Con esta inmersión idiomática (deseada, no impuesta), una
parte de Cataluña y Aragón valencianizaron su idioma a fines
del siglo XVI. Fuera de esta influencia quedaron la parte
oriental del territorio, incluida Barcelona. Eran tiempos en
que el mismo Cervantes diferenciaba la dulzura del
valenciano de la ruda "lengua gascona y catalana" (Quijote,
II, Cap. 60), aludiendo erróneamente al occitano como
gascón.
Relacionado con el problema actual, un rotativo catalán
reconocía que: "la independencia de un país ha Ilevado a
codificar como una lengua distinta la que se consideraba
dialecto. Así lo hizo Noruega a comienzos de siglo respecto
al danés. Y así está ocurriendo hoy en la antigua Yugoslavia
donde el serbo croata, codificado a mitad del siglo pasado y
lengua común en la Yugoslavia de Tito, se ha escindido en
cinco lenguas distintas. En las últimas conversaciones de
paz en territorio norteamericano croatas, serbios y bosnios
se presentaron acompañados de sus respectivos intérpretes
para traducir unas lenguas que los expertos consideran que
difieren menos entre sí que el catalán y el valenciano" ("La
Vanguardia", 10IV-96).
Aquí sucede lo contrario. Las oficinas de inmersión
(especialmente en las Universidades de Alicante, CasteIlón y
Valencia) compiten para ver cuál catalaniza más eficazmente,
arrinconando al valenciano y español. Alegremente, con
dinero del contribuyente, editan libro tras libro con la
finalidad citada.
Prototipo de estos ejemplares sería "Els valencians i la
Ilengua normativa" (Generalidad, 1995); ensayo sembrador de
confusión que, por ejemplo, afirma que el adjetivo "petit"
está vivo en Alcoy, criticando al diccionario del GAV por
negarlo.
Una cosa es que autores como FuIlana, ingenuamente,
recogieran arcaísmos como "esser o freturar" y palabras
fronterizas; y otra muy distinta es utilizar como prueba de
idioma vivo el léxico de los alumnos alcoyanos víctimas de
la inmersión, o el de los funcionarios reciclados en
catalán.
EI autor -olvidando que no está arriba del Cenia- escribe "vuit,
gener, mica, amb, mots, seva, tasca", y condena el léxico (bellea,
giner, chiquet...) que en 1600 era publicado en Perpignan
como paradigma de culto.
Igual finalidad busca "Obres impreses en català al País
Valencià" (Diputación de Valencia, 1989), donde figuran
Blasco Ibáñez y Martí y Gadea como escritores "en catalán".
Curiosamente, si hubo un autor preocupado por la lengua
valenciana fue precisamente Joaquín Martí y Gadea, que pasó
su vida tratando de conocer el alma de "nostre Reyne de
Valencia" (él escribía Reyne).
Martí y Gadea destacaba la singularidad de "La Ilengua
valenciana, per la riquea de veus, modismes y gracia (...)
superant a la catalana" (Gadea: Tipos,1908, p. 298). EI
alcoyano (de Balones) defendía su autonomía respecto de la
catalana, algo que también oculta del lexicólogo Corominas,
saqueador impenitente de la obra de Martí y Gadea, de la que
selecciona lo concordante con su teoría inmersora.
Por mucho que manipulen, la lengua de Martí y Gadea es
distinta a la del norte. Valga de ejemplo estas frases,
respetando ortografía y léxico del alcoyano: "U que va pedre
en Alcoy, ariava en peus de plom. Com es riurán de nosatros
els companyers, per tindre rellonges d'arena y de boljaca.
La Llonja te riquea y bellea. Els jagants junt a la casa
vestuari. La sencillea y el títul d'atre; vorán y Ilegirán
els articuls per primera vegá els jovens, ahon hia festa. En
el sigle dènau contava en tres millóns en dinés, terrés y
molíns de paper".
Gadea depuraba su léxico y adoptaba libremente vocablos
foráneos, sin imposiciones; aunque sean discutibles algunos.
Por ejemplo, él (lo mismo que todos los valencianos en
1900), no usaba la preposición "fins"; prefería escribir el
neologismo "dasta", por coherencia con el habla viva. Lo de
"fins" lo reservaba para traducir el plural del adjetivo
castellano fino: "Alicantins, pocs y fins", locución de
origen alcoyano que incluye en "Tipos y modismes".
Pero las decisiones sobre el rechazo o aceptación referentes
al idioma las debieran tomar los valencianos (no los
inmersionistas del catalán, claro).
Todas las innovaciones léxicas y gramaticales que el pueblo
valenciano ha ido incorporando a su idioma son
"científicamente" desprestigiadas, puestas en la lista de
indeseables y -como es sabido- sustituidas por las dictadas
por el Institut d'Estudis Catalans. Y lo peor es que estos
culturicidas viven de los impuestos.