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El 13 de julio de 1998 el Pleno del Consell Valencia de Cultura,
presidido por Santiago Grisolía, aprobaba el dictamen que
dogmatizaba que la Lengua Valenciana pertenecía al
mismo sistema lingüístico de los territorios de la antigua
Corona de Aragón, manera de disfrazar la entelequia de los
países catalanes. No se atrevieron a decirlo así de claro los cobrantes del CVC y
disfrazaron su anhelados deseos con una falacia, los antiguos
territorios de la antigua Corona de Aragón, cuando
en Aragón no se habla valenciano que se sepa. El Grup d´Acció Valencianista, que llevó siempre la voz cantante
en la defensa de la Lengua Valenciana, hizo acto de presencia en
las puertas del Consell Valencia de Cultura el
día previsto para la aprobación del dictamen. La calle estaba tomada por la policía nacional. Los concentrados
llevaban pegatinas de “No mos fareu catalans”, huevos y tomates.
Allí permanecieron las cinco horas que los del
CVC estuvieron reunidos. En las paredes del edificio ya apareció una pintada con el
nombre de Calomarde, el diputado ahora condenado por acoso a una
mujer, por haber sido el ponente que le hizo el
trabajo sucio del PP en el dictamen. Calomarde ha dejado
colgados a sus electores y partido y se ha pasado últimamente al
grupo mixto. La escenografía callejera se completaba con carteles y pancartas
llamando asesinos de la Lengua Valenciana a los dictaminantes y
contra las paredes se recostaban algunos
ataúdes a la espera de que sacaran el cadáver del idioma
valenciano. García Sentandreu, en su libro “Les claus del pacte de la
llengua”, cuenta que “el consejero Ricartdo Bellveser, a la
sazón redactor jefe de Las Provincias, defensor del pacto, me
cuentan que buscaba distanciarse personal e ideológicamente de
los `asaltantes´, tratándonos de todo y poniendo en entredicho
la cobnerura que su periódico había dado algunas
veces a nuestra organización (Grup d´Acció Valencianista). No
quiero ser más explícito, pero sus insultos no terminaban en
nuestra casa”. Al término de la sesión, como los manifestantes no deponían sus
actitud, la policía tuvo que sacar vergonzantemente a los
consejeros en un furgón policial, no sin repartir antes
unos cuantos mamporrazos a los concentrados. La Coordinadora de Entidades Culturales del Reino de Valencia
emitió un comunicado sobre el dictamen del CVC en el que
criticaba la incapacidad de dicho organismo, bajo
gobierno del Partido Popular, para “acometer el encargo de las
Cortes Valencianas” de hacer un informe sobre la lengua
valenciana. Uno de los principales puntos que rebatió fue el que el CVC
dijera que la denominación de valenciano no es excluyente de
otras denominaciones (se refieren al catalán). “Esta
afirmación -decía el escrito de la Coordinadora- además de
temeraria, constituye una manifiesta infracción de la legalidad
vigente pues la denominación oficial de idioma valenciano
(art.7º Estatuto Autonomía 1982) es `per se´excluyente e impide
la vigencia en el mundo legal de cualquier otra denominación
oficial”. Denunciaba dicho comunicado la “alternativa y estrafalaria”
denominación “lengua propia de los valencianos”, que más que
denominación era una definición, que junto a las
denominaciones no excluídas sólo pretendían “reducir y poner en
entredicho la sustantividad y singularidad del idioma valenciano
lo que constituye una clara infracción del
mandato constitucional que proclama el principio de seguridad
jurídica protegido en el artículo 9.3 de la Constitución
Española y viciando de nulidad aquel acuerdo”. Señalaba el texto la tomadura de pelo del CVC a los valencianos
cuando adujo que la competencia normativa sobre el idioma
valenciano debería recaer en las Universidades
Valencianas, cuando éstas nunca denominaron, y siguen sin
hacerlo, a sus departamentos de filología como valenciana, sino
catalana. Actualmente, hasta la recién creada
Universidad Católica de Valencia, por imposición de la
Universidad de Valencia, llama a este departamento de Filología
Catalana, no valenciana. La Coordinadora anunciaba que nunca reconocería un ente
normativo salido de dicho dictamen y se mantenía firme en que
debería ser la Real Academia de Cultura Valenciana,
que viene laborando por la lengua y cultura valencianas desde
1915, la autoridad normativa lingüística. El 1 de julio de 1998, la Coordinadora anunciaba que plantearía
todos los recursos necesarios ante los Tribunales contra este
dictamen y todo lo que surgiera de él, especialmente
la creación y composición de la Academia Valenciana de la
Lengua.
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