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El PSOE tiene más morro que espalda. Una de sus más insignes
representantes, Gloria Calero, ex alcaldesa de Sagunto, tuvo la
desfachatez ayer de pedir “amnistía cultural” para la salvajada
perpetrada por su partido en el Teatro Romano de Sagunto.
No quiere que se ejecute la sentencia del tribunal Supremo,
porque, con toda la desfachatez, la señora dice que los
Magistrados Jueces no han tenido elementos de juicio suficientes
para enjuiciar el asunto.
Además de morro, la mujer no tiene vergüenza, y da la impresión
de que ‘no te vergonya, ni la coneix’, como dice plásticamente
una deslenguada castiza de mi pueblo.
Llevamos 17 años de pleitos, en los que una sentencia, en la que
entendió el Pleno (14 Magistrados) de la Sala de lo Contencioso
Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad
Valenciana, votada por unanimidad, “nemine discrepante”, sin
ningún voto en contra, ni particular, fue confirmada y
ratificada por el Tribunal Supremo, y ha salido a flote a pesar
de las dilaciones a las que fue sometida por parte de la
Generalitat Valenciana y del propio Ayuntamiento de Sagunto.
Los 14 Magistrados acudieron personalmente a ver la bestialidad
que allí había autorizado el PSOE y ejecutado el dúo dinámico
Grassi-Portaceli, y como eran cultos quedaron horrorizados de la
salvajada arqueológico-arquitectónica, que, según empacho
socialista, seguía los cánones del “neorracionalismo italiano”.
Ciprià Ciscar, conseller socialista de Cultura, encargó el
atropello en aras de que en el Teatro Romano se pudiera hacer
espectáculos, como si los recintos arqueológicos estuvieran ahí
para que se les pusiera calderas de calefacción, ascensores,
camerinos y cosas por el estilo, que es lo que al final
lograron, trepanando el monumento.
Como eran “ruinas románticas”, los socialistas dijeron que a
sepultarlas, broma que nos costó 2.000 millones de pesetas, a
pesar de que el presupuesto inicial era de 180 millones.
Ciscar le encargó a Grassi la barbarie, a la vista de que ya
tenía experiencia en la materia. En Italia este arquitecto
destrozó un castillo en el pueblo de Teora, al meterle dentro un
edificio de viviendas, pues a los monumentos, estos muchachos
defendían que había que dotarles de funcionalidad y vida.
Tomás Llorens, director general de Patrimonio socialista, fue
adalid de la propuesta y dijo que todos los que querían que el
Teatro Romano siguiera como estaba eran unos románticos de
cuidado, que tenían “un amor por la ruina como ruina”.
Los políticos socialistas se las dieron de entendidos en la
materia y no se arredraron hasta convertir el teatro Romano en
un panteón alicatado de mármol travertino, desoyendo
prestigiosas voces como el catedrático y arqueólogo Antonio
Beltrán (Universidades de Valencia y Zaragoza), quien dijo que
“la actualización y modernización del teatro equivalen a
falsificación” y avisó que “cualquier actuación como la
propuesta en el proyecto decide sobre el futuro de un monumento
excepcional y el juicio que merezca se forjará sobre hechos
irremediables”.
El catedrático Felipe Garín Ortiz de Taranco (Universidad de
Valencia) defendía que “la restauración debe ser concreta,
puntual y muy justificada por la integridad del monumento, no
por su utilización futura indiscriminada y, en todo caso,,
adiciones o alteraciones no irreparables siempre congruentes”.
Gloria Calero, además de llamar poco profesionales a los Jueces,
que a su parecer han actuado al tuntún, irresponsablemente, han
hecho una sentencia tocando de oído, sin aquilatar, pide
“amnistía cultural”, una figura jurídica que ella misma, cual
excepcional catedrática de Derecho, se saca de la manga y
solicita que no se ejecute la impecable sentencia, porque -ahora
si le duele al PSOE- dañaría el Teatro Romano, o lo que dejaron
los socialistas de él cuando hicieron el inmenso pantano, moda
Grassi-Portaceli, en el histórico lugar.
No sólo hay que desmontar el alicatado del Teatro Romano, sino
que habría que meter en la ‘trena’, en el ‘talego’ a los
responsables intelectuales y materiales de la barbarie, además
de inhabilitarles para el ejercicio de la política y la
profesión, y, sobre todo, hacerles pagar de su dinero particular
el dinero que ahora va a costar desmontar la ‘castaña’ con que
sepultaron el histórico recinto.
Como esto debiera ocurrir, Gloria Calero se adelanta, ataca,
como manera de defender a su partido de las responsabilidades de
todo tipo que tal actuación ha causado en todos los órdenes.
Ya verán como los lenguaraces del PSOE van a marear todo lo que
puedan para que el respetable no alcance a llegar al meollo de
la cuestión de las consecuencias jurídicas y políticas de lo
actuado. Y, también, cómo el PP se prestará al juego de los
socialistas y para parecer, lo que no son, progres, firmarán lo
que el PSOE les ponga delante. O sea, la “amnistía cultural”
para el Teatro Romano de Sagunto.
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