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Los políticos, de uno y otro color, tienen más cara que espalda.
Como tienen que justificarse de lo poco y mal que suelen hacer,
de repente les da el siroco y buscan desesperadamente su minuto
de gloria.
Ayer, el conseller Vicente Rambla se arregló la fachada y se
puso delante de las cámaras para cantar las glorias de lo que su
partido, el PP, dice el hombre que ha hecho por la Comunitat
Valenciana.
Soltó una larga letanía, una retahíla de cosas que había hecho
en este año que ya muere el gobierno popular en la Comunitat
Valenciana, que casi me da un síncope. No sé cuantos miles de
puestos de trabajo había creado, no se cuantos millones de
riqueza, no sé cuantos kilos de salud y bienestar general, … en
fin, lo había hecho todo.
Los empresarios, por ejemplo, que son quienes se juegan la vida
y la pasta creando empresas y puestos de trabajo, para nada
salieron a escena. Los hombres no habían hecho nada. Todo se lo
apuntó para sí y los suyos Rambla, que no paró de colgarse
medallas.
Los empresarios y los trabajadores debieron quedarse atónitos
ante tanto triunfalismo y año de la victoria, con lo mal que se
lo pasan los hombres a la hora de pagar las nóminas a los
trabajadores, los adeudos a los proveedores y hacer frente a los
morosos que no pagan.
Mucho me temo que hoy pase otro tanto con el otro partido
centralista, antaño en el poder y hoy en la oposición, el PSOE.
Lerma presenta hoy en Morella un libro sobre su mandato y ya
verán la cantidad de cosas que se apunta que él no hizo, sino
los currantes de a pie y los sufridores empresarios.
Rambla y Lerma me han vuelto a recordar a Bertold
Brecha aquel poema que en tiempos de mi juventud hacía furor
entre los inquietos: “Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la
construyó? En los libros figuran los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?”
Si la Comunitat Valenciana hoy es próspera es gracias a que el
pueblo valenciano es trabajador y sus empresarios arriesgados e
ingeniosos, con vocación de crear riqueza, puestos de trabajo y
bienestar, no por los políticos, que, en el 98 por ciento de los
casos no saben lo que es cotizar a la seguridad social, si no es
con el dinero público. No se han ganado precisamente el pan con
el sudor de su propia frente.
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