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Quedó indicado ayer que el ‘humanismo musical’ valenciano es
amplio desde Milá (y aún antes), hasta Rodrigo. Pero considero
conveniente saber algo más sobre la Capilla del Duque de
Calabria, alabada por el ya citado Timoneda: “El Duque de
Calabria fue tan dado a la música, que no había en España quien
tantos y tan buenos músicos tuviese”; y por Fray José de
Sigüenza: “Tenía... la mejor capilla de músicos ansí de voces
naturales como de todo género de instrumentos, que huvo en
España, ni la ha havido después acá tan buena, en número,
habilidad y voces...”. En 1546 se le asignan, 21 cantores, tres organistas, un arpista,
ocho ministriles, más de 10 trompetas y tambores, tres ‘moços de
cor’ y dos copistas; los cuales actuaban no sólo en actos
cultuales, sino en fiestas y saraos. Son citadios Pedro
Pastrana, Juan de Cepa, Cristóbal Velázquez, Mateo Flecha, el
viejo, Bartolomé Cárceres y bastantes más. La magnificencia del Duque se reconocía en la ‘ensalada’
titulada ‘La viuda’, de Flecha: “El duque de Calabria es/ con
quien no a olvido revés:/ es su amiga muy amada./Biuda
enamorada,/ gentil amigo tenéis:/ ¡por Dios, no la maltratéis!”.
El llamado ‘Cancionero de Upsala’, dado a conocer por Rafael
Mitjana en 1909, había sido editado en Venecia en 1556, bajo el
título de ‘Villancicos de diversos autores, a dos y a tres y a
quatro y a cinco voces, agora nuevamente corregidos. Ay más ocho
tonos de canto llano y ocho tonos de canto de órgano para que
puedan aprovechar los que a cantar començaren’. Y no debe
olvidarse que el valenciano Bertomeu Cáceres, escribía: “Soleta
so yo açi/ Si voleu qu’eus vaja a obrir,/ ara que n’es hora;/ si
voleu venir/ marit es de fora,/ hon? a Montalva./ Dema be sera
mig jorn/ abans que non tornara/ E yo qu’eu sabia pla/ que tos
temps ho fa aixi,/ ara que n’es hora,/ si voleu venir”. Este
villancico aparece también en el manuscrito 1166 de la
Biblioteca de Cataluña, cuya versión publicó M. Querol en su
‘Cançoner català’ (¡cómo no!). Este cancionero ‘tiene 55 villancicos, aunque no de Navidad, ni
religiosos; 55 canciones cortas, de pocos versos en su estrofa
inicial, a la que se añade una copla o explicación. El
villancico, además de ser forma muy española, tiene gran
raigambre en Valencia y es muy empleado, con nuevas
características, hasta finales del siglo XIX’ (más noticias en
la ‘Historia de la Música Valenciana’, 1989, del Académico de la
Real Academia de Cultura Valenciana, José Climent). Quedan por
señalar algunas referencias al ‘Cançoner de Gandia’, y a las
‘ensaladas’, en las que fue maestro el citado Mateo Flecha. Creo, muy señora mía, que con esta doble respuesta va usted
servida. Pero el tema quedaría incompleto, si dejaramos de lado
la faceta de Lluís Milà, valenciano, como escritor
renacentista-humanista. Harina de otro costal, que merece
espacio y tiempo: tanto los ‘motes’ (que no apodos, sino Juego),
como las descripciones de Reglas y Prácticas de saraos, torneos,
y justas poéticas, que reflejan en su ‘Cortesano’, el ambiente
bullicioso de aquella Corte virreinal, e incluidas las dos
farsas, representables, dialogadas en lengua valenciana y en
lengua castellana.
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