Casi a mediodía de la víspera del 1 de mayo, un nutrido grupo de
ciudadanos de Elche se dió cita en el cementerio viejo donde arropó con
su presencia el emotivo acto de inauguración del mural-monumento en
homenaje y recuerdo al centenar de jóvenes ilicitanos republicanos
fusilados tras las guerra civil sin juicio ni defensa, enterrados en una
fosa común sin una digna merecida sepultura y condenados al ostracismo
durante la dictadura por el único “delito”
de ser trabajadores y pertenecer a partidos de izquierda o a sindicatos
obreros.
El evento, convocado por la asociación “Memoria y Justicia”, fue
presentado por su presidente fundador, el investigador local y
republicano de pro, José Antonio Carrasco Pacheco, quien desde la puerta
lateral del camposanto agradeció a los presentes –especialmente al
alcalde, concejales, familiares, dirigentes republicanos, directivos de
entidades culturales, autor del mural y secretaria general de UGT- la
asistencia y desglosó la epopeya trágica de estas víctimas recordando
como fueron llevados al cementerio desde la cárcel del Palacio de
Altamira en furgoneta siendo fusilados en la pared lateral, rematados
con el tiro de gracia y echados inhumanamente a la fosa común sita en el
interior del cementerio. Un proceso que Carrasco calificó como una
“especie de gólgota particular de estos mártires de la libertad”.
Tras esta bienvenida y sentidas palabras, los presentes, con las
autoridades y organizadores en cabeza, se trasladaron al interior del
camposanto, al lugar donde el pasado año se celebró el primer homenaje a
los jóvenes fusilados. Un lugar que hasta la fecha mostraba una tapa de
alcantarilla que ocultaba la fosa común y un pequeño árbol, sin más.
Ante una gran lona color burdeos y una bandera republicana en el suelo
cubriendo lo que se presumía una lápida o placa en el sitio que antes
estaba la tapa de alcantarilla, Carrasco ofreció visiblemente emocionado
un discurso, flanqueado por las autoridades locales y por el pintor
Andreu Castillejos, en el que recordó a los jóvenes fusilados como
buenos ilicitanos, trabajadores honrados y altruistas comprometidos con
la defensa de las libertades y de los ideales democráticos, esencia del
más puro y noble republicanismo. Asimismo, Carrasco consideró el
fusilamiento como un grave y triste hecho; injusto, ignominioso,
inhumano e inmerecido; e instó a aprender de lo sucedido para que jamás
se repita en el futuro.
El alcalde, Alejandro Soler, destapó la bandera republicana y la enorme
lona, inaugurando la placa y el mural de Castillejos que no pudo
articular palabra embargado por la emoción. Un mural impactante, con
fuerte significado, representado con unas expresivas manos gigantescas
entrelazadas como en signo de fraternidad, de unión, de solidaridad.
Ante varios ramos–uno de ellos de UGT
Comarcal- Soler amplió y matizó aún más las palabras de Carrasco,
añadiendo que los jóvenes fusilados son un ejemplo a tener en cuenta,
que afortunadamente se cumplió una cuenta pendiente con la Historia,
algo que la legalidad y el Gobierno están resarciendo y abogó por
continuar defendiendo los valores democráticos para que nadie sea
perseguido por sus ideas. La secretaria general de UGT recordó la
filiación mayoritaria de los fusilados a su sindicato y aseguró que
marcaron el camino a sus sucesores, los actuales sindicalistas, quienes,
afirmó, siguen luchando por los mismos derechos que aquellos fusilados.
Especialmente emotivas fueron las palabras de algunos familiares de
fusilados que agradecieron al Ayuntamiento y a “Memoria y Justicia” con
lágrimas en los ojos la realización de dicho homenaje. Un homenaje que
si bien no podrá jamás devolver la vida a los cien jóvenes ilicitanos
fusilados, ha conseguido recuperar para ellos la dignidad y el honor
inmortalizando para la posteridad su enterramiento y su recuerdo. En su
Memoria y por Justicia.