ANTONIO ALEMANY DEZCÁLLAR

 
 
   

 
  Data de Publicació
31 de Març de 2008
   
  Referència
0010AAD
   
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Antonio Alemany Dezcállar
   
  Est artícul lo hem deixat en castellà, que és com lo escrigué el seu autor
   
  Publicat anteriorment en
Baleares Liberal
25 d'Abril de 2007
   
  Anar Arrere
   
 

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ARTÍCUL
 
EL GESTO QUE SE ESPERABA DE LA PAU JANER
 
Es más que probable que la integración de Maria de la Pau Janer en la lista electoral del PP balear hubiera pasado relativamente desapercibida tras unos días de agitación periodística y punto. Sorprendentemente, quien convierte en un problema -cuyo alcance está por ver- lo que, en definitiva, es la integración de una candidata independiente que confiesa afinidades con el corpus programático de los populares isleños es la propia Janer con sus desafortunadas declaraciones, rayanas en la descortesía pura y dura hacia quienes la han acogido cordialmente en su lista.

Sin embargo, peor que la descortesía, es la torpeza política que revela esta curiosa necesidad de justificarse no se sabe muy bien por qué ni ante quién. En definitiva, son los hechos, y no las palabras, los que definen los comportamientos políticos y morales de una persona. Y estos hechos -optar por ir cogidita del brazo con el PP- abonarían, en buena teoría, juicios en las antípodas de los que ha emitido la Janer. Por ejemplo, la bofetada que propina a CiU, a lo que representa CiU y a las conductas impresentables de CiU -Pacte de Tinell, satanización del PP, fascismo lingüístico, pretensiones imperialistas sobre Valencia y Baleares, etc...- con su decisión de compartir lista electoral con el Partido Popular. En política no hay adhesiones personales que nos retrotraerían a una especie de contrato de vasallaje medieval, sino adhesiones y coincidencias programáticas, ideológicas y doctrinales. Las afinidades electivas personales valen para la soberbia novela de Goethe, no para la novela electoral del próximo mes de mayo.

Lo malo es que Maria de la Pau Janer, con su imprudente comportamiento y su torpeza discursiva, ha causado un grave daño al partido y sin que quepa argüir su condición de independiente que no es, ni debe ser, incompatible con la prudencia y la inteligencia políticas. Por esto, Janer debe reparar, por imperativo político y moral, el daño causado a quienes se han limitado a ser corteses y cordiales con su persona y cuyas reacciones airadas han sido provocadas única y exclusivamente por ella misma.

Sólo hay dos formas de reparación: renunciar si es incapaz de comprender o asumir elementales normas de conducta política que incluyen el compromiso, la lealtad y la disciplina; o escenificar gestos que maticen y desactiven los graves juicios de valor que ha emitido sobre el Partido Popular.

No se trata de cantar la Palinodía, sino de mostrar la suficiente habilidad dialéctica para neutralizar, mediante el matiz clarificador, el argumento contextualizador o el lamento por una imprudencia precipitada, unas palabras impresentables. En definitiva, los políticos tienen un plus de incoherencia que no tienen el resto de los mortales. De hecho, casi ninguno puede resistir una confrontación con las hemerotecas, como ha experimentado la propia Janer cuando, ayer, este periódico publicaba perversa y malévolamente una fotografía de la mallorquina junto al Rajoy y el Piqué que no quería a su vera en una foto. La foto ya existía y casi sólo faltaba darse el pico.

Cuando el PP perdió la mayoría absoluta a causa de las DOT me encontré a José María Lafuente senior en la calle de San Nicolás y le comenté esta especie de suicidio que habían practicado los 10 o 12 mil que ejercieron una abstención de castigo al propiciar el gobierno de la izquierda. «No es esta la cuestión», me dijo Lafuente. «El planteamiento de los que se han abstenido -continuó- es el siguiente: si alguien nos tiene que dar por el c... que, por lo menos, sean los otros y no los nuestros». Me impresionó, por su agudeza descarnada, el argumento de José María Lafuente que desbarataba por completo mi tesis del voto útil que es lo que se suele oponer desde la racionalidad política, dando por hecho que la teoría del «mal menor» se impone cuando un votante disgustado se enfrenta a las urnas.

No hay que infravalorar el descontento que ha provocado entre el fiel electorado del PP, no la incorporación de Maria de la Pau Janer a las listas electorales, sino sus desafortunadas declaraciones. Y hay que recordar que Tòfol Soler apenas duró un año en la presidencia del Govern por sus veleidades catalanistas: si no lo hubieran expulsado sus propios compañeros de dicha presidencia, hoy, el PP balear, probablemente no existiría. Por esto, el PP, junto al frente que le ha abierto la izquierda intentando desplazar el centro de gravedad del debate electoral de su sitio natural que es el examen de la gestión, ahora deberá atender el otro frente que absurdamente le ha abierto Maria de la Pau Janer y que es un frente de distinta naturaleza porque afecta a sus votantes casi cautivos. Por esto es tan importante el gesto que se espera de Janer -principal responsable de esta inesperada situación- y por esto, previsiblemente, el PP deberá desplegar un discurso tranquilizador que no deje la más mínima duda acerca de cuáles son sus principios inspiradores y acerca de cómo estos principios se materializarán en políticas concretas.

Estas dos líneas de actuación es lo que primero debe tener muy claro el PP desde el punto de vista estratégico y táctico. Si lo tiene claro, el resto es una simple cuestión técnica de comunicación.

Un gran partido -y el PP balear lo es- puede y debe aspirar a abarcar y omnicomprender todo el espectro ideológico más o menos afín de una sociedad. Con un sólo límite: los principios vertebradores que justifican y están en la partida de nacimiento de su existencia. Si en aras de un grosero pragmatismo ignora estas señas de identidad, saltará hecho añicos, ya que un partido político es bastante más que su organización, sus dirigentes y sus militantes. Es, ante todo y sobre todo, sus votantes. Estos que, ahora mismo, están inquietos y no lo ocultan. Hay que atenderles. Con urgencia.

 
 
 
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