ANTONIO ALEMANY DEZCÁLLAR

 
 
   

 
  Data de Publicació
31 de Març de 2008
   
  Referència
0009AAD
   
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Antonio Alemany Dezcállar
   
  Est artícul lo hem deixat en castellà, que és com lo escrigué el seu autor
   
  Publicat anteriorment en
Baleares Liberal
02 de Novembre de 2005
   
  Anar Arrere
   
 

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ARTÍCUL
 
EL AGORA, LA ROMA DE JORGE DESCÁLLAR
 
Roma no es sólo caput mundi sino uno de estos extraños y raros lugares en los que, vengamos de donde vengamos, nos sentimos como en casa. Lo peor que le puede ocurrir al que viaja a Roma es pretender abarcarla en sus totalidad histórica y monumental: acabará padeciendo el síndrome de Sthendal y confundiendo el Foro Romano con las Catacumbas, a Miguel Angel con Rafael y a Berlusconi con Calígula. Roma hay que digerirla a pequeñas diócesis, además de a pequeñas dosis, fragmentar lo monumental y travestirse de romano, es decir de sujeto caótico de una ciudad caótica, capital de un país caótico que sobrevive porque su sociedad civil es más fuerte que el Estado.

La España diplomática acreditada en Roma es, hoy, mallorquina: Pipo (perdón por la familiaridad, pero no se su nombre de pila) Dicenta, embajador ante el Quirinal, Jorge Dezcallar, embajador en el Vaticano, su hermano Alonso, diplomático adscrito a la embajada de Dicenta. Hubo boda el sábado pasado de la hija del embajador, Cristina Dezcallar López-Chicheri. Una gran experiencia, para los invitados me refiero. Empezando por la liturgia de los oficiantes, un cardenal español que concelebró, no con cuatro sacerdotes rasos, sino con cuatro obispos en Santa María del Popolo donde se encuentran los dos mejores Caravaggios del mundo.

Me reconcilié, además de con la liturgia eclesial, con Schubert cuya manoseada Ave María, interpretada por unos soberbios coros vaticanos, nos sobrecogió a los asistentes. Ni un exceso, ni una nota de mal gusto, ni un grano de arroz, ni una sola de las ordinarieces al uso en las ceremonias matrimoniales. Todavía hay españoles que saben hacer las cosas bien, es decir, con austeridad y buen tono aunque el marco sea soberbio, como lo era el Palazzo de Spagna donde se celebró la cena.

Jorge Dezcallar es, a mi juicio, uno de los tres o cuatro diplomáticos españoles más brillantes que tenemos. ¿Qué está haciendo en el Vaticano, una embajada de segundo orden que sólo los resentidos pueden considerar como un premio por el hecho de que su edificio esté calificado como la mejor sede diplomática del mundo? Su sitio no era el Vaticano, sino Naciones Unidas o Washingon, habida cuenta la experiencia acumulada en puestos clave como la dirección general de Política Exterior y en la embajada de Rabat.

¿Por qué aceptaste el puesto en el CNI?, le pregunté en una ocasión. Mira -me contestó- cuando el Jefe del Estado y el Presidente del Gobierno de tu país te lo piden, no hay español que sea capaz de resistirse. Es la típica respuesta de los que se llaman servidores del Estado. Cuando se despidió del CNI -el primer civil al frente de una institución militarizada- la atronadora ovación que continuaba cuando ya estaba abandonando el edificio no hacía sino ratificar el aprecio y el concepto que tenían sus subordinados de su gestión.

¿Por qué Aznar pensó en Jorge Dezcallar para el CNI? Los que han asistido en Palma a las múltiples conferencias que ha pronunciado lo comprenderán perfectamente: por su extraordinaria brillantez a la hora de describir escenarios con sus hipótesis y variables. Es decir, lo que corresponde a unos servicios de inteligencia del Estado. Si a ello le añadimos una trayectoria profesional impecable y una rectitud más impecable aún, se comprenderá que me pregunte qué demonios hace en el Vaticano.

Jorge Dezcallar es un señor de pies a cabeza y no lo digo por sus apellidos, sino porque los señores se notan en la adversidad: ni un mal gesto, ni una descomposición de la figura que altere la imperturbabilidad de la actitud, incluso cuando la adversidad se ceba en su entorno familiar. Se ha sido muy injusto con Jorge Dezcallar -con una responsabilidad muy directa y, a mi juicio, tan gratuita como intolerable, de Jiménez Losantos- pero no es esto lo peor. Lo peor es que uno de nuestros mejores diplomáticos es desaprovechado en una embajada dorada, pero de escaso peso político, encima presentando este destino como un premio.

Esta vez, la Roma que me impresionó no fue la tradicional Roma monumental, sino la Roma de un mallorquín que merece estar en otros sitios. Y, que conste, la condición familiar no anula la capacidad de discernimiento.

 
 
 
Usuaris en llínea Grup LLVS   -   Octubre 2006 Amunt