ANTONIO ALEMANY DEZCÁLLAR

 
 
   

 
  Data de Publicació
28 de Giner de 2008
   
  Referència
0006AAD
   
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Antonio Alemany Dezcállar
   
  Est artícul lo hem deixat en castellà, que és com lo escrigué el seu autor
   
  Publicat anteriorment en
El Mundo-el dia
25 d'Agost de 2007
   
  Anar Arrere
   
 

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ARTÍCUL
 
LA ENCRUCIJADA DEL PP BALEAR: SIAU QUI SOU ( y II )
 
El centro derecha español ha sido democráticamente ejemplar desde la Transición hasta el día de hoy. Y lo ha sido en cada una de sus formulaciones coyunturales: reformistas del Régimen anterior, Alianza Popular, Unión de Centro Democrático y Partido Popular. Se hicieron el haraquiri para propiciar el paso no traumático de una legalidad a otra, pilotaron el proceso constituyente, tendieron la mano leal y sinceramente a la izquierda, legalizaron el Partido Comunista, pactaron la Constitución, no participaron en las inquietantes y nunca explicadas reuniones catalanas previas al 23-F, perdieron elegantemente elecciones, propiciando la alternancia en el poder, no asesinaron, no practicaron terrorismo de Estado, no crearon policías paralelas, no asaltaron ni apedrearon las sedes de los adversarios políticos, no metieron el cazo en las arcas del Estado, persiguieron y acorralaron a ETA con las exclusivas armas de la legalidad, defendieron y desarrollaron los derechos y libertades y fueron argamasa decisiva en la configuración de España como una nación moderna, democrática y prestigiada en la comunidad internacional.

Conviene refrescar la memoria histórica -ahora, sí- en estos momentos de penitencia que vive el PP balear y, muy especialmente, cuando son satanizados por parte de quienes menos títulos tienen para dar lecciones de democratismo y otorgar bulas de decencia moral. Lo más sorprendente de este morboso proceso depresivo que vive el PP es que, con semejante biografía y trayectoria, se creen la imagen que de ellos fabrican los que deberían permanecer callados y guardar perpetuo silencio habida cuenta sus trayectorias, sus biografías y su legado político.

Todos sabemos por qué han perdido el poder los del PP, pérdida que, como advertía en artículo anterior, nada ha tenido que ver con las razones exhibidas por las plumas orgánicas de la izquierda. Lo han perdido precisamente porque no han sido fieles a los principios que han alentado, tanto al PP como -y esto es más importante- a sus votantes. No ha sido el PP fiel al costalloberino siau qui sou, al menos en algunos puntos esenciales para un puñado de votantes que eran esenciales para redondear una victoria hegemónica en Baleares. Retornar, orgullosos, a este 'siau qui sou' constituirá la primera y más inteligente acción para recuperar, tanto la propia estima como las expectativas de futuro. Sin mirar de reojo a la izquierda, sino de frente a los que son sus supporters casi incondicionales.

El PP balear, como el PP nacional, es el partido de las libertades y de los derechos inalienables de los ciudadanos tal y como ha acreditado con creces en lo que llevamos de democracia. La cuestión de la lengua ejemplifica perfectamente el porqué de la cobardía, las medias tintas y un cierto cinismo que se quiere pragmático está en la raíz de la debacle electoral. No hay «cuestión lingüística» strictu sensu ni en el PP balear ni en la sociedad balear. Hay, sencillamente, una cuestión de libertades -libertades individuales, libertad de enseñanza, libertad de los padres a elegir la educación de sus hijos, libertad de los comerciantes a rotular como les venga en gana sus comercios- que están siendo violentadas por este fascismo lingüístico de la peor especie que ni siquiera defiende una lengua, sino, a su través, la enfebrecida, ahistórica e imposible hipótesis de los países catalanes. La condición fascista del catalanismo radical se patentiza cuando se someten los derechos y libertades individuales a entes de razón y a abstracciones conceptuales que convierten en titulares de derechos y libertades, llámense el «pueblo», la «nación», la «lengua» o la «cultura». Los protonazis del romanticismo alemán cultivaron y pusieron en circulación estas abstracciones y el resultado fue Hitler, el holocausto judío, la anchluss, el espacio vital y la sangre, sudor y lágrimas de la guerra. Estos románticos alemanes fueron los inspiradores y el alimento conceptual de los padres del catalanismo político que no ocultan su admiración y su deuda con el protonazismo alemán. Mussolini elevó al paroxismo la nación italiana que fue el eje nuclear del régimen fascista. Y los fascistas europeos ingleses, franceses, belgas, etcétera - todos procedentes, por cierto, al igual que Hitler y Mussolini, de partidos socialistas- circularon por idénticos senderos ideológicos. Los peores momentos iniciales del franquismo incurrieron en el mismo error. Y los trágicos ejemplos recientes de los Balcanes nos deberían poner en guardia -como magistralmente han analizado y subrayado los profesores Sosa Wagner e hijo (socialistas, por cierto)- de que no hay que jugar con ciertas cosas.

¿Cuál ha sido el comportamiento del PP balear que ha provocado la irritación de buena parte de los que le han votado y de los que no lo han hecho en acto de protesta ideológica? Promulgan el impresentable decreto de Mínimos, que está en la raíz de todo el desastre lingüístico de la Educación. No se plantan ni se atreven a mantener en el nuevo Estatuto algo tan plausible y apoyado por los isleños como son las designaciones seculares de la lengua. Permiten que políticos y cargos importantes del partido asuman el .cat con todo lo que ello supone. Fichan, a un mes de las elecciones, a una catalanista pública y notoria que insulta al partido que la acoge y a sus líderes nacionales. Y por si no querías taza, toma taza y media, tras perder unas elecciones por estas razones, alcaldes importantes del PP se apuntan al .cat. Lo más irritante no es sólo, aunque también, esta irresponsabilidad, esta torpeza y esta traición a uno de los principios fundamentales para militantes y votantes, sino el grosero pragmatismo de pensar que, con no aplicar sus propias leyes, se diluye el descontento. Vienen entonces los catalanistas de la izquierda y sin cambiar una coma de la legislación del Partido Popular, la aplican.

El PP no está ni debe estar «en contra» del catalán, sino a favor de las libertades, entre las que figura la libertad en materia lingüística, porque su «identidad» y la de sus votantes es la defensa de las libertades. Este es el siau qui sou del PP. Si es incapaz de asumirlo, de transmitirlo y de defenderlo erga omnes, apaga y vámonos: el PP dejará de ser útil a la sociedad que lo apoya y, más tarde o más temprano, lo dejará caer como a una colilla.

 
 
 
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