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Históricamente, la festividad del 9 de Octubre conmemora
la entrada oficial del rey don Jaime I en la ciudad de
Valencia y la celebración de la primera misa en la
consagrada Santa Iglesia Catedral en 1238. La ciudad de Valencia comenzó a celebrar la procesión
cívica en 1338, año en que su Consell General decidió
que se festejara esta efeméride de manera solemne con
una procesión al Monasterio de San Vicente Mártir y la
donación a los pobres y religiosos de las órdenes
mendicantes de las limosnas que se recolectaban.
Posteriormente, se instituyó el “Sermo de la Conquesta”.
A partir del siglo XV la fiesta tuvo un carácter más
alegre y lúdico y aparecen la pólvora y los dulces, dos
símbolos de nuestra idiosincrasia. Actualmente, esta
fecha, tiene una simbología de identificación,
reivindicación de nuestras señas de identidad y de
recuperación de nuestro autogobierno, habiéndose
consolidado el acto de exaltación del día de los
valencianos con diversos actos culturales y
protocolarios.
Tras la toma y entrada oficial en la ciudad de Valencia
don Jaime se plantea la labor de dotar a las tierras
valencianas conquistadas de una legislación propia que
le facultara engrosar su patrimonio. El Rey les otorgó
la categoría de Reino y les concedió, bajo su Corona, la
independencia de otros territorios, dándonos leyes
propias que reflejaban el espíritu del Soberano.
Consecuentemente debemos entender que el Reino de
Valencia es una fundación creada por voluntad propia de
dicho Monarca e instituido como plasmación de su
pensamiento político al configurarlo como una unidad
política y administrativa a la que otorgó una serie de
instituciones de derecho público que permitieron cierto
grado de autogobierno al Pueblo Valenciano.
El “Corpus” legislativo conformado fue trascendental
para la organización de esta entidad política. “Corpus”
que se fue configurando y modificándose según las
necesidades del momento. El mismo rey Jaime I reconoce
que los tiempos imponen variaciones en las leyes y
propone rectificaciones, enmiendas, aclaraciones o
ratificaciones en algunos “furs”, sin hacer grandes
modificaciones en el contenido primigenio. La
compilación de los “Furs” concedidos recogió el sentido
de la plenitud del poder real, el criterio patrimonial
del “Regnum” y la creación de las Cortes medievales. El
rey erigió la ciudad de Valencia, una vez capitulada, en
“Cap i Casal del Regne”. Las nuevas disposiciones
dictadas por los monarcas darán origen al Aureum opus.
El Soberano supo conjugar el pensar y el actuar. El
binomio “autoridad” y “libertad” se unió en las
instituciones políticas bajo la premisa de que el rey y
el pueblo han de someterse al imperio de la ley: “La
primera cosa que’s cove a tot Rey es de guardar tots los
manament de sa lig, e que mostre al poble que ell te
fermament sa lig, e que la volentat s’acord ab lo feyt”,
según se recoge en el Libre de Saviesa.
La figura del rey don Jaime I, artífice de la
incorporación de este territorio a la ámbito cristiano,
ha sido calificada por los historiadores de rey
conquistador, legislador, sabio, leal, valiente, humano,
etc.
El Reino de Valencia se fue constituyendo de manera
estable y definitiva a lo largo de los siglos forales
medievales, condicionado por los hechos de conquista y
repoblación y por las circunstancias sociopolíticas. El
carácter de la Monarquía pactista, la influencia del
romanismo legal, las limitaciones feudales, la
potenciación de una sociedad mesocrática, artesana y
mercantil y las características culturales determinaron
el funcionamiento y consolidación del “Regne” durante
los siglos XIII al XV. |