ANTONIO ALEMANY DEZCÁLLAR

 
 
   

 
  Data de Publicació
28 de Giner de 2008
   
  Referència
0005AAD
   
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Antonio Alemany Dezcállar
   
  Est artícul lo hem deixat en castellà, que és com lo escrigué el seu autor
   
  Publicat anteriorment en
El Mundo-el dia
25 d'Agost de 2007
   
  Anar Arrere
   
 

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ARTÍCUL
 
LA ENCRUCIJADA DEL PP BALEAR ( I )
 
Las penas hay que llorarlas, aunque estamos en una sociedad que, ante la menor desgracia, personal o familiar, te lanza a los psicólogos para intentar neutralizar el llanto y la pena. Inútil pretensión y craso error: las penas hay que llorarlas, incluidas las penas políticas como las que, en estos momentos, atenazan al PP balear que se dispone a celebrar una Convención que no se si tendrá una finalidad catártica o si será trasunto psicoterapéutico de este psicologismo que nos invade. Tanto si es lo uno o lo otro, creo que sería una equivocación. Intentaré explicarme.

El PP vive un momento peligroso que consiste en hurgar en un viejo e inveterado defecto que no ha conseguido quitarse de encima: creerse la imagen que del partido proyectan sus adversarios de la izquierda. Esta incomprensible táctica -incomprensible por lo que revela del PP- está en pleno apogeo y se traduce en las siguientes afirmaciones: a) El PP ha sido expulsado del poder porque ha perdido el favor del electorado; b) El PP es una especie de lobo estepario que no puede pactar con nadie; c) El PP ha sido derrotado por su política depredadora del territorio; d) el PP ha sido expulsado por su política lingüística, etc. etc...

Estos groseros análisis, tanto del PP como de la realidad electoral, no valdrían el más leve comentario si no fuera porque buena parte de la tecnoestructura dirigente del partido se los cree. Los hechos son más bien otros y la pérdida del poder debe contextualizarse en los siguientes presupuestos: a) El PP ha obtenido el mejor resultado electoral de su historia, rozando una mayoría hegemónica en todas las instituciones, en todas las Islas y en casi todos los municipios; b) La primera y principal causa de su «no victoria» aplastante ha sido una Ley d' Hondt, cuyo sistema de restos provoca hecatombes que nada tienen que ver con la real estructura del electorado: basta que un partido de izquierdas robe un puñado de votos a otro partido de izquierdas para esta leve alteración de un sector político que nada tiene que ver con el PP repercuta, en más o en menos, sobre su número de diputados; y c) El .cat y María de la Pau Janer afectaron a un reducido número de votantes del PP que fueron decisivos para convertir una victoria hegemónica en una derrota histórica. Ésta es la realidad: ni soledad en los pactos, ni políticas urbanísticas, ni discrepancias lingüísticas como gustan reiterar los enfebrecidos y sectarios columnistas de la izquierda.

De todo ello se desprende una soberbia lección que no siempre tienen en cuenta los partidos políticos, todos en general: a los primeros que deben convencer y motivar los partidos es a su tribu -no hay trasvase de votos de izquierda a derecha y viceversa- para que acudan a las urnas y precisamente porque el PP no convenció a una pequeñísima parte de su tribu, perdió cuando tenía la victoria a su alcance a pesar de las malas pasadas de la Ley d'Hondt.

¿Qué debe hacer el PP ante esta situación depresiva en la que vive? Doctores tiene la Iglesia, pero, en los momentos de confusión y pesadumbre, es buena cosa volver a los principios y a algunas verdades elementales que con frecuencia se olvidan en el tráfago de la lucha política. Por esto pienso que es una equivocación que la futura Convención se centre en la hoja de ruta, que está muy bien si la ruta y su rumbo vienen marcados por los principios y no sólo por una estricta función instrumental.

¿Qué es un partido político? ¿Una forma de socialización como quiere Max Weber? ¿Una organización para conquistar, ejercer y conservar el poder como afirma Aron? ¿Un grupo que presenta candidatos a las elecciones como sostienen Laswell y Kaplan? Por supuesto un partido es todas estas cosas, pero es algo más. Obsérvese que casi todos los clásicos politólogos que se han ocupado con ciencia y eficiencia de los partidos políticos subrayan de forma abrumadora su función instrumental pero apenas se ocupan de la razón esencial que está en el nacimiento de los partidos.

Lo instrumental -la consecución y conservación del poder- complace muy especialmente a las estructuras oligárquicas de los partidos que tan bien definió Michels. Por esto, los que mandan en el PP -y ello es válido para el resto de los partidos- piensan su crisis en términos de hoja de ruta que, como su nombre indica, es un itinerario que conduce a recuperar el poder, pero que obvia la cuestión de fondo que es ideológica, doctrinal y de principios. Tan es así que, el PP balear, consiguió una no victoria en las pasadas elecciones, no porque la ruta estuviera equivocada, sino porque se olvidaron imprudentemente algunos principios fundadores del PP. Los que tacharon el nombre de Janer en las papeletas de voto no se movían por rutas ni por pragmatismos políticos -ganar las elecciones- sino por principios que estimaron que el PP violentaba. Y los que se quedaron en su casa por lo del .cat y demás retórica catalanista también se movían por principios ideológicos, sin que sea el momento de ponderar si, en ambos casos, debía primar la ética de los principios o la ética de la responsabilidad. El hecho - y el aviso a navegantes del PP ante su Convención- es qué votos decisivos de su tribu protestaron por razones ideológicas, provocando la no victoria.

El Partido Popular de Baleares no es sólo, ni principalmente, una organización política que selecciona a gobernantes y busca la obtención del poder. Es algo más: es, sobre todo, este, probablemente, más del 50% del electorado balear que quiere que su partido sea trasunto de una cosmovisión que comprende derechos, libertades y algunos principios que para ellos resultan fundamentales. Conviene que lo recuerden los de la futura Convención para que no equivoquen ni el diagnóstico, ni el pronóstico ni la terapia y de ello se hablará en la segunda parte de este artículo. Yo creo que, en el PP, aquí y ahora, no es el momento de los estrategas y de los tácticos, sino de la inteligencia ideológica y de la lucidez intelectual. Las tácticas, las estrategias, las hojas de ruta, son posteriores a que se sepa adónde se quiere ir y adónde no se debe ir.

 
 
 
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