ANTONIO ALEMANY DEZCÁLLAR

 
 
   

 
  Data de Publicació
28 de Giner de 2008
   
  Referència
0002AAD
   
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Antonio Alemany Dezcállar
   
  Est artícul lo hem deixat en castellà, que és com lo escrigué el seu autor
   
  Publicat anteriorment en
El Mundo-el dia
08 de Giner de 2008
   
  Anar Arrere
   
 

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ARTÍCUL
 
LAS FALSEDADES DEL SERMÓN DE GABRIEL SEGUÍ
 
Ahora que están tan de moda en la microsociología los marcos referenciales puestos en circulación por Goffman y elevados a categoría de hermenéutica política por este sociólogo tan admirado por la izquierda que se llama Lakoff, hay que reconocer que el catalanismo militante ha conseguido, inteligente y admirablemente, situar el debate del catalanismo político y lingüístico en nuestras Islas en sus propios marcos de referencia: ha dado por supuesto y, en consecuencia, ha impuesto, el lenguaje: el catalán sustituye al mallorquín en su denominación y modalidades, la pseudociencia como argumento de autoridad, la repetición de una serie de estereotipos -conquista catalana, corona catalanoaragonesa, confederación catalanoaragonesa, lazos comunes e indisolubles, 1229 como fecha fundante, hic et nunc y por los siglos de los siglos de la Mallorca catalana- y así sucesivamente. El resto, puro Goebbels: repetición y reiteración de las falsedades que se convierten en la verdad. Han coadyuvado a esta impostura los medios de comunicación, el acriticicismo ante el dogma que sustituye la duda metódica, la educación entregada de hoz y coz a los catalanistas y el manfotismo generalizado de la sociedad.

El sermón de Fra Gabriel Seguí en la Catedral quintaesencia paradigmáticamente la superchería. Gira en torno a tres ejes: a) 1229 como advenimiento del Mesías que aporta la buena nueva catalana y surge como un Pentecostés con el Espíritu Santo descendiendo en forma de lenguas -no de fuego, sino, en todo caso, de fuego catalán- sobre las cabecitas de los nuevos mallorquines que ocupan una res nullius porque han desaparecido por completo los antiguos moradores; b) la moralina -a la que sorprendentemente se apunta mi querido Román Piña senior- de la Conquista a costa de la violencia y el asesinato de los musulmanes; y, d) el carácter sacramental -de los sacramentos fuertes, los que imprimen carácter indeleble- de la Conquista que consagra los países catalanes que tienen el mal gusto y la falta de inteligencia de no llamarse así hasta que, en el siglo XIX, el fanatismo imperialista de los catalanistas reescriben la Historia y deciden que baleares y valencianos somos, nos guste o nos disguste, catalanes. Vayamos por partes.

Dice Seguí que el «31 de diciembre de 1229, nuestro pueblo nació cristiano y catalán» ¡Ostras! ¿Y qué eran los mallorquines romanizados durante mil años? ¿Adoradores de Júpiter? ¿Seguidores de la diosa ibicenca Tanit? No nació cristiano -en todo caso, renació- ni, desde luego, tampoco catalán. Sólo un mesianismo de la peor especie -y la peor especie es el mesianismo nazi-étnico mitificador de una nación, inexistente, encima- puede interpretar la Conquista en estos términos. Mallorca venía ya de lejos en 1229, Cataluña, como tal, como proyecto nacional o, siquiera, regional, no existía, la Conquista obedeció a razones tan pedestres como la piratería mediterránea o -puestos a chinchar a los catalanistas- como impulso de la Cristiandad o, desde luego, como recuperación del mito de la Hispania romana y visigótica.

Mallorca no era, a pesar de las masacres, tierra sin pobladores y, para colmo, los que vinieron a conquistarla no eran, en su mayoría, catalanes. Está bastante documentada la integración de la población mallorquina tras la Conquista, entre otros por el capbreu (catastro, para entendernos) de Don Estanislao de Koska Aguiló y referido a la parroquia de Santa Eulalia: los catalanes eran la minoría más numerosa, pero el conjunto de las otras minorías -aragoneses, navarros, franceses, castellanos, etc.- superaban a la minoría catalana. O sea que esto de que, en 1229, Mallorca «nació cristiana y catalana» es un wishful thinking, que diría un anglosajón, de Seguí y los catalanistas.

La moralina de la Conquista sangrienta. No hay mayor pecado de lesa Historia que aplicar categorías hermenéuticas actuales -sean políticas, económicas, culturales o morales- a periodos del pasado. No hace falta apelar al derecho de conquista que está en la base de todas las naciones del mundo sin excepción. Basta referirnos a la realidad de la época donde los musulmanes pasaron a cuchillo a los cristianos y los cristianos pasaron a cuchillo a los musulmanes. En el mejor de los casos, deberían pedirse perdón mutuamente ambos colectivos.

Lo de confederación catalano-aragonesa, lazos comunes, pertenencia al mismo cuerpo político- territorial es una falsedad intolerable en quien se postula como historiador. Álvaro Santamaría -que sabía bastante más que Seguí- se cansó de explicar e investigar el carácter de unión personal de los territorios de la Corona de Aragón. Nunca fueron una confederación -licencia que sólo se explica por la indigencia jurídica de Seguí al manejar categorías y conceptos políticos que se le escapan a su comprensión. Una confederación implica instituciones comunes y estas no existían más allá de la voluntad personal del Rey. Puestos a no tener ni siquiera existía la institución que arbitrara los conflictos sucesorios como demostró el Compromiso de Caspe. No hubo relación -más allá de la vecindad o comercio con el entorno mediterráneo- entre los territorios de la Corona. El Reino de Mallorca nunca, jamás, dependió de Cataluña ni existió intermediación de ninguna clase entre Mallorca y el Rey. Además, es perverso llamar confederación (falso) catalano-aragonesa al reino de Aragón. ¿Y Valencia? ¿Y el Reino de Mallorca? ¿Dónde estamos subsumidos: en Aragón o en Cataluña? Amos anda, Seguí.

Por último ¿qué es esto de que, aquí, se ha intentado que «olvidáramos el nombre legítimo de nuestra lengua»? Lea a su superior jerárquico -Fra Amengual, otro fanático catalanista- cuando historia el Catecismo en Mallorca a lo largo de los siglos: ni uno habla de catecismo en lengua catalana. Ni uno. Todos o lengua mallorquina, o lengua vulgar o lengua romance o, vade retro, lengua castellana. Ustedes han conseguido que se olvidara que el mallorquín se llama mallorquín y no catalán. ¿Y el expolio? Se debe referir a Pedro IV, un cabrito para Mallorca.

 
 
 
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