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El arzobispo de Valencia, don Agustín García-Gasco,
bendijo ayer los frescos renacentistas restaurados,
pintados en la bóveda de la capilla mayor de la Catedral
de Valencia por Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio
en el último tercio del siglo XV. Cabe recordar que
estos Ángeles músicos (1474) representados
majestuosamente, de gran belleza y riqueza de colorido,
fueron realizados gracias al patrocinio del cardenal
valenciano Rodrigo de Borja, que accedió al solio
pontificio con el nombre de Alejandro VI (1492-1503).
Una réplica de los mismos instrumentos musicales
medievales reflejados en los frescos serán los que
sonarán en la mañana de la inauguración. Para acercarnos al conocimiento del contexto histórico
en que fueron realizadas las pinturas debemos
preguntarnos: ¿cómo era Valencia en el siglo XV? La
respuesta se deduce de las fuentes documentales. La
mayoría de la historiografía valenciana coincide en
presentar el Cuatrocientos como un siglo de prosperidad
y esplendor del Reino de Valencia en el seno de la
Corona de Aragón. Valencia asume la hegemonía en los
aspectos demográficos, socioeconómicos, culturales, etc.
Se consolidan las instituciones políticas y se produce
un afianzamiento de su personalidad jurídica y
lingüística, y una gran actividad artístico-cultural.
El caballero y escritor Joanot Martorell en el capítulo
CCCXXX de su novela Tirant lo Blanch , escrita a
mediados del siglo XV, relata que la ciudad de Valencia
“fon edificada en prospera fortuna de esser molt pomposa
e de molt valentissims cavallers poblada e de tots bens
fructifera; exceptat species, de totes les altres coses
molt abundosa, de hon se trahen mes mercaderies que de
ciutat que en tot lo mon sia. La gent qui es de alli
natural, molt bona e pacifica e de bona conservacio”.
La rica agricultura y la variedad de cultivos
sorprendieron extraordinariamente al viajero Antoine de
Lalaing induciéndole a escribir: “Al otro lado de
Valencia, hasta cerca de cinco o seis leguas de
distancia, están los pueblos y los jardines más hermosos
que se puedan ver, adornados con higueras, naranjos,
granados, almendros y otros frutos no vistos en nuestro
país. Crece también allí el arroz, el azafrán, el
algodón, y en grandes cañas crece allí el azúcar, el
cual refinan en la ciudad de Gandía [...]. Todo el
azúcar que llamamos, en nuestro país, de Valencia, viene
de allí”.
El cronista Gaspare da Verona, en su obra De gestis
Pauli II (1468), en una referencia que alude al papa
valenciano Calixto III –Alfonso de Borja– afirmó:
“Valencia es hoy en día una ciudad famosa por su
esplendor, que Calixto III solía comparar con la urbe de
Roma. Se refería al nombre, pues, como él mismo repetía
a menudo, Roma significa en idioma argólico fuerza y
valor , es decir Valencia ”.
El viajero alemán Jerónimo Münzer, que visitó la ciudad
y Reino de Valencia, en 1494, después de recorrer
Cataluña, plasmó la sorprendente impresión que le causó
y escribió: ‘‘Hállase situada en un inmenso llano [...].
En esta llanura, a poca distancia del mar, álzase
Valencia, ciudad mucho mayor que Barcelona, muy poblada
y en donde viven condes, barones, algunos duques, más de
quinientos caballeros ricos y otras personas de
condición’’.
Describe la belleza de los jardines de Valencia, los
frutos que proporciona la fértil huerta de Valencia, la
actividad mercantil, belleza de la Lonja, la riqueza de
la Catedral, los famosos monasterios que posee la
ciudad, las vicisitudes de los judíos, la venta de
esclavos de Canarias, etc.
Le llamó la atención la abundancia y riqueza de las
iglesias: ‘‘Nunca habíamos visto otra ciudad cuyas
iglesias estén tan ricamente adornadas con tantos
ornamentos de altar y dorados retablos’’.
Sin embargo, es al describir la “Cortesanía de Valencia”
cuando mejor refleja la Valencia de finales del XV: ‘‘El
pueblo de Valencia es extraordinariamente afable y
cortesano. Viven en la ciudad dos duques, uno de ellos
hijo del papa Alejandro VI; muchos condes, como los de
Oliva y de Aversa, y más de quinientos caballeros.
Mercaderes, artesanos y clérigos pasan de dos mil.
Visten los hombres ropa larga y las mujeres con singular
pero excesiva bizarría’’.
El crecimiento demográfico de la ciudad al socaire de la
prosperidad económica hizo escribir al humanista
italiano Lucio Marineo Sículo que Valencia a finales del
siglo XV era “la primera entre todas las ciudades de
España”. |