ANTONIO ALEMANY DEZCÁLLAR

 
 
   

 
  Data de Publicació
28 de Giner de 2008
   
  Referència
0001AAD
   
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Antonio Alemany Dezcállar
   
  Est artícul lo hem deixat en castellà, que és com lo escrigué el seu autor
   
  Publicat anteriorment en
El Mundo-el dia
19 de Setembre de 2005
   
  Anar Arrere
   
 

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ARTÍCUL
 
EL INEXISTENTE CATALANISMO VISCERAL
 
Una vieja historia. Durante el tardofranquismo y principios de la Transición, el Partido Comunista de España (PCE) manejó, con admirable inteligencia, su inmunidad ideológica apoyándose en dos muletas dialécticas: el anticomunismo visceral y el no hay que hacer el juego al sistema. El éxito de su táctica fue total: todas las fuerzas democráticas pasaron por el tubo e incluso soportaron algunas mangurrinadas comunistas como era su sobrerrepresentación en cualquier instancia de oposición a través de distintos colectivos que eran uno sólo, el PC ejerciente de hidra de siete cabezas. Por lo menos. Se cargaron de esta manera la Asamblea de Cataluña y, en Baleares, nos tomaron por tontos a todos los que integramos el colectivo Tramontana, en el que el PC estaba presente, por lo menos, si la memoria no me falla, con tres asociaciones de aparente distinto pelaje.

Se acabaron la mítica comunista y su inmunidad ideológica el día que, en libertad, las urnas hablaron: ante su veredicto ya no valía lo del anticomunismo visceral como sinónimo de extrema derecha ni cabía apelar a lo de hacerle el juego al sistema, porque el sistema era una democracia. Una de las consecuencias personales de esta constatación del carácter cuasi grupuscular, en términos nacionales, de los comunistas fue que mi voluminosa biblioteca de pensamiento y doctrina marxistas pasaron a las estanterías altas de mi librería, es decir, donde se coloca la obsolescencia ideológica que ya no sirve ni siquiera para ser leída.

La historia se repite. Los que peinamos canas no podemos menos que sonreírnos al ver que la historia la está repitiendo, punto por punto, el catalanismo que ha venido a ocupar el lugar del comunismo y sus técnicas del anticatalanismo visceral como expresión de la intolerancia y del pensamiento ultra. El último, ayer mismo, Pere Fullana que insistía en la criminalización sistemática y patológica de lo catalán y de lo vasco por la mentalidad mesetaria y cerril del resto de España. Como ocurre sistemáticamente con los nacionalismos irredentos -la única caverna antidemocrática que, de hecho, tenemos en España- la habilidosa táctica consiste en la transposición metonímica o metafórica de lo catalán por lo catalanista nacionalista de acuerdo con esta simplificación a la que tan aficionados son los políticos catalanes que confunden Cataluña con sus personas o con sus ideas. La última de Maragall: «Quien no apoye el Estatut se las verá con el pueblo de Cataluña». Ridículo.

Un bluf. Lo anticatalán no existe en Baleares, siquiera sea porque apenas existe el catalanismo, un movimiento grupuscular, estratégicamente muy bien situado y que se ha mantenido y mantiene artificialmente con el dinero público, el de unas instituciones regionales incomprensiblemente genuflexas ante cuatro gatos. Ha bastado que el Govern le corte el grifo subvencionador a la Obra Cultural Balear para que esta entidad omnipresente en todas las salsas entre en fase terminal. El día que Munar deje de manejar presupuestos públicos, obrasculturales, diariosbaleares y demás se desharán como un azucarillo en un vaso de agua. Y el día que el Govern se tome en serio, y, nunca mejor dicho, sin complejos, el tema educativo, el catalanismo independentista quedará reducido a cuatro periodistas y cuatro lletraferits y poco más.

Pero hay más: estas gentes -como diría María del Mar Bonet- llaman anticatalanismo visceral a lo que no es sino un legítimo y lógico mecanismo de defensa ante una agresión a nuestra pacífica mallorquinidad secular o, en el mejor de los casos, a una discrepancia respecto a lo que entendemos es España, su Constitución y su vertebración interna, asuntos que, por la cuenta que nos traen, son, también, nuestros. La táctica, en definitiva, consiste en victimizar a los verdugos -basta ver cómo trata el diario Balears a los terroristas de ETA- y satanizar a las víctimas o a los agredidos.

El Govern. Yo creo que el Govern debería revisar en profundidad sus posicionamientos vis a vis el catalanismo independentista y sus expresiones más o menos vergonzantes. Por ejemplo, la Eurorregión, como nos temíamos y según ha confesado paladinamente Maragall, es un planteamiento sustitutorio de los Países Catalanes que venden mal. Ahora mismo, el dominio .cat es más de lo mismo: un acto imperial del catalanismo independentista que pretende englobarnos a nosotros y a los valencianos por la vía típica y tópica de que si nuestra lengua es la catalana formamos parte del espacio cultural catalán y, en consecuencia, estamos englobados, querámoslo o no, nos guste o nos disguste, en el .cat. Como los comunistas de los años 70, los catalanistas piensan que somos imbéciles.

Y tal vez lo seamos, cosa que no son los valencianos cuyo sentido de la dignidad y de la independencia es muy superior al nuestro, lo cual no deja de resultar triste. No basta que Flaquer diga «no utilizaremos el dominio .cat» y que demuestra que no se entera o no se quiere enterar de por dónde van a ir las cosas. No es que no lo utilizaremos: es que «nos lo utilizarán», queramos o no queramos, y «nos lo utilizarán» en nuestro nombre en esta anchluss que tanto irrita a los catalanistas y que se manifiesta de forma insidiosa, implacable, inasequible al desaliento.

Personalmente, creo que el Govern -sea cual sea- debe pensar en términos estratégicos que son los mismos a lo largo de la Historia: siempre debemos aliarnos con los vecinos de nuestro vecino, sobre todo si nuestro vecino tiene veleidades expansionistas -y las tiene- bastante desagradables e insistentes. España siempre se llevará bien con Alemania porque ambos tienen a Francia de vecina. Y Marruecos y Francia siempre estarán a partir un piñón -y nos putearán- porque tienen a España de vecina. Nuestro eje es el de Madrid-Valencia-Baleares y no el de Baleares-Cataluña. Encima, son más generosos que Cataluña que siempre nos boicoteará a nosotros y a los valencianos, en las Olimpiadas, con el AVE u oponiéndose a nuestra Universidad. Debemos revisar nuestra política exterior.

 
 
 
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