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¿En que nos beneficia la Unión Europea (UE) a los
valencianos? A cambio de unas subvenciones que no dejan de
ser calderilla, nuestra agricultura ha sido espoleada en
beneficio de Francia y Austria, hemos construído un campo
sólo para burócratas con costes de sostenimiento imposibles,
nos han obligado a desmantelar industrias para que no le
hicieran la competencia a Alemania y nos hemos tenido que
resignar a ese tristísimo destino de ser los camareros y los
botones de los opulentos jubilados ingleses y germanos que
vienen tomar el sol. Como en ¡ Bienvenido Mr. Marshall !
somos los paletos que saludamos con alegría; un país de
chalet, discoteca y bar.
Por si fuera poco, como ya no podemos controlar las
fronteras están arribando a nuestras ciudades toda clase de
mafiosos lituanos, mendigos rumanos y otros indeseables que
vienen no a trabajar sino a parasitarnos. No sólo no los
podemos expulsar, sino que además tienen derecho a voto.
Esto –junto con los jubilados europeos que se instalan en
nuestras costas- está suponiendo un incremento en la demanda
de vivienda (y por lo tanto en el precio), y un colapso en
la Seguridad Social, la sanidad y la educación. Y la
Constitución Europea busca imponer una dictadura disfrazada
de democracia sustentada en una catedralicia burocracia...
Ojalá que no salga.
Y lo más grave de todo. La gran estafa del euro. Con la
moneda única lo que antes valía 100 pesetas pasó de un día
para otro a costar un euro; es decir, una inflación del 66%
en tan sólo 24 horas. Nos ha empobrecido; hoy contamos con
los mismos salarios de hace diez años pero los productos
tienen precios alemanes. El euro ha disparado la
especulación urbanística. Comprar una casa es misión
imposible, tener hijos una utopía, llegar a final de mes un
lujo apto sólo para ricos. Y todo eso que se supone que
vivimos en un estado del Primer Mundo que crece al doble que
la UE, bla, bla. Estamos innegablemente peor que con la
peseta. Pero mucho peor.
La verdadera riqueza para los valencianos pasa por compartir
mercado con Europa, lo cual no tiene por qué ser
necesariamente dentro de la UE. Abogo por un tratado de
libre comercio con la UE como el de Israel o Suíza, para
comerciar con el continente sin necesidad de aranceles. Pero
a la vez urge recuperar el control de la moneda, de los
tipos de interés y las fronteras si no queremos vernos con
el malestar creciente que recorre Europa. Y si para ello
tenemos que salir de la UE, que así sea. Es preferible vivir
bien en un país pequeño que formar parte de un imperio si
con ello vamos a padecer la angustia de levantarnos un poco
más pobres cada día. |