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Valencia –y España en general- siempre ha sentido un
profundo anhelo europeísta. Y quizás sea por los siglos de
decadencia que hemos afrontado, nuestras guerras civiles y
discordias internas, por haber perdido todos los trenes de
progreso que nos han conducido a una situación de varias
décadas de retraso con respecto a otros países. Para
nosotros, entrar en la Comunidad Económica Europea (C.E.E.)
en 1986 supuso un hito histórico; por fin superábamos el
histórico aislamiento, África ya no comenzaba en los
Pirineos, al fin éramos dignos de ser llamados europeos. El
reencuentro de España con Europa cerró una herida
psicológica que duró doscientos años.
Ahora ese complejo de inferioridad que existía con respecto
a Europa –el complejo del españolito- ha pasado a mejor
historia. Aún persiste por desgracia un sentimiento de
inferioridad de los valencianos con respecto a los catalanes
–el complejo del valencianito, podríamos llamarlo-, que
esperemos desaparezca en un futuro. En cualquier caso, hemos
demostrado que cuando tenemos fe en nosotros mismos podemos
alcanzar las mismas metas que alemanes, austríacos,
holandeses o británicos. Así pues, sacudidos los complejos y
convencidos de que podemos ser tan europeos como el que
más... ¿tiene sentido permanecer dentro de la Unión Europea
(UE)?
La UE sólamente es útil para dos tipos de países. Primero,
para aquellos que ven en la UE un sucedáneo de sus antiguos
imperios (Alemania y Francia). Estas dos potencias (la
tercera y cuarta del orbe, respectivamente) junto con la
oleada de pequeños estados satélite centroeuropeos que les
rodean, dominan aplastantemente sobre los pueblos del Sur
(es decir sobre nosotros). El problema se puede agravar aún
más si Rusia ingresa en la unión algún día ya que con sus
150 millones de habitantes, Rusia nos gobernará sin ninguna
resistencia. Moscú puede reeditar la Unión Soviética –sólo
que en esta ocasión sería capitalista- si finalmente entra
en la UE.
Segundo, los estados limosneros que viven de las
subvenciones. España, Portugal o Grecia se encontraban en
ese segundo grupo, pero con la entrada de los estados de
Europa del Este, los nuevos beneficiarios del maná europeo
van a ser Polonia, Chequia, Letonia, etc. Ciertamente, los
valencianos hemos crecido mucho gracias a la UE; Bruselas
nos dio numerosas autopistas, carreteras e infraestructuras.
Pero ahora vamos a ser nosotros quienes tengamos que
rascarnos el bolsillo en lugar de pasar la bandeja... ¿la
unión pues nos seguirá siendo útil? ¿Es justo costear las
carencias de otras naciones cuando aún tenemos múltiples
déficits en nuestro propio país? |