Hay defensores de causas por interés crematístico, y otros
-como don Vicente Giner Boira- que gastan vida y patrimonio
en defensa de un ideal. Los primeros, ante la posibilidad de
que don Vicente reciba justo reconocimiento público, han
afilado puñales. No lo pueden tolerar, iría contra la ley
inmersora que sólo otorga homenajes y premios a los que
apoyan la catalanización de Valencia; sea aullando a la
guitarra en normalitzat, o plagiando gramáticas del Institut
d'Estudis Catalans para hacerlas pasar como valencianas.
Los archimandritas de Barcelona y sus tentáculos en Valencia
no permiten que don Vicente sea homenajeado por la ciudad
del Turia. Camuflados de tolerantes progresistas, los medios
inmersores han propagado descalificaciones que, por respeto
a don Vicente, omitiré. EI feroz ataque de estos currutacos
choca con la indulgencia que muestran hacia otros
homenajeados.
Así sucede en este mes de mayo con el catalán José Andreu
(Charlie Rivel) y la serie de actos que -con motivo del
centenario de su nacimiento- están celebrando en toda
Cataluña, auspiciados por ayuntamientos y Generalidad. En
una revista, doctorada en zaherir a valencianos como Giner
Boira, glosan la figura del cómico catalán, destacando
éxitos y premios recibidos: Cruz de San Jorge de la
Generalidad, edición del "centenari Charlie Rivel", también
por la Generalidad; homenaje de Cornellà de Llobregat,
etcétera. Pero olvidan detalles.
Aparte de adornar con matices sociales y nacionalistas a
quien sólo se preocupó de su profesión, hay lagunas. Al
tratar sobre la segunda guerra mundial, se tornan ingenuos,
recurren a puntos suspensivos y frases ambiguas sobre un
Rivel defensor de la democracia: "Pero Ilegó la segunda
guerra mundial cuando estaba en Alemania. Charlie Rivel
resultó muy afectado por la guerra y decidió no actuar más."
Tanto insisten en los sufrimientos del payaso en la Alemania
de Hitler que -para disipar dudas- contaré la actividad
diaria en Berlín del condecorado con la Creu de Sant Jordi.
La fuente la debemos a Jacinto Miquelarena, un entusiasta
del III Reich que vivía en Berlín y narraba los cotilleos
del nazismo. Así, en "el español que hace reír a los
alemanes, en la guerra", dice:
"...EI invierno es triste en Berlín y, además, hay guerra,
pero en el teatro Scala está Charlie Rivels. Tres veces al
día se Ilena la sala del Scala, capaz para tres mil
quinientos espectadores, y tres veces al día la sala entera
se estremece de júbilo cuando aparece este clown, que nubla
ya en Escandinavia, en Italia y en Alemania, la fama de
Grock" (Miquelarena, J.: "Un corresponsal en la guerra",
1942, p. 17).
La soledad, compañera de la tristeza, no afectaba a Rivel;
diez mil alemanes aplaudían diariamente su famoso "ladrido"
(sic). Pero, quizá, el corazón de Rivel pudo captar la
miseria de los judíos y las angustias del pueblo alemán, con
progresivo racionamiento de alimentos. Ante tales
desgracias. ¿Decidió actuar gratis el homenajeado? Es
improbable, dado su origen. ¿Se apuntó a alguna secta
apocalíptica? Según el testigo presencial:
"Divertir a los berlineses como les divierte Charlie Rivels
no es barato. He aquí un señor que vive en el hotel Edén,
con su mujer y sus hijos, y con los profesores de baile y
música para sus hijos, y con los preceptores de sus hijos...
He aquí un señor que circula por Berlín con el automóvil más
charolado y niquelado que se conoce en el barrio del Jardín
Zoológico" (p. 18).
¡Qué raro, ¿no?! La inmensa tristeza y "lo muy afectado que
estaba por la guerra" --según dice la revista del más
allá”-- no concuerda con lo observado por Miquelarena. Si
aportaran detalles... ¿Se tornó abúlico nuestro héroe?
¿Perdió Rivel el apetito? No sería raro, gatos y perros
comenzaban a escasear en la geografía del Tercer Reich; pero
al catalán no podían darle gato por liebre, ya que su dieta
era limitada. Puede que esto fuera causa de su melancolía,
¿zampaba sólo lechugas y huevos fritos?:
"He aquí un caballero (Charlie Rivel) que se sienta a la
mesa rodeado de las doce o trece personas de su séquito y
pide langosta para todos. Sus ingresos desbordan la suma de
dos mil quinientos marcos al día."
Creo que es suficiente para comparar las distintas varas de
medir que utiliza la prensa catalana (camuflada) en
Valencia: a los valencianistas como don Vicente Giner Boira
le insultan y calumnian; al catalán Rivel --medalla de Sant
Jordi de la Generalidad y bufón del Tercer Reich-- ocultan
datos comprometedores, manipulan la realidad y poetizan sus
opíparas vivencias berlinesas. Y conste que no hay nada
censurable en la vida de Charlie Rivel, lo vergonzoso es la
manipulación actual.
A estos berenjenales programados por el cenagal (que
pretende ensalzar desde mediocres gramáticos catalaneros
hasta cantantes (?) que asustan a las hienas), la revista
los considera "homenatges seriosos". Si éstos son serios,
¿cómo serán los cómicos?. Por cierto, Rivel abandonó
Alemania cuando vio las cosas feas: las langostas
escaseaban, E.E.U.U. entraba en guerra, y la fácil victoria
del Tercer Reich se congelaba por Smolensko y ardía en
Libia.