Hace años localicé un documento dirigido a la Cancillería
Real, para que el vicecanciller lo hiciera llegar a su
verdadero destinatario, el rey Felipe III. En el mismo se
advertía al monarca de que la relación adjunta, "escrita en
lengua valenciana", podría traducirla el Marqués de Denia.
EI texto, relativo a festejos en honor del monarca en 1599,
presagiaba el valenciano moderno: joyes (no joies), llonja
(no llotja ni llotjeta); esta Ciutat (no aquesta);
triunphants (que daría triumfant, no el triomfat
barcelonés); acudixquen ab dos (no amb dues) y los enfronts
de ses cases (no i les façanes de las sevas casas). EI
documento también citaba la tradición del Reino de ofrecer
al rey "confitures, piules, cohets y tronadors".
EI testimonio fue despreciado por los inmersores con el
argumento de que el autor sería un escribano ignorante o
chauvinista. Ultimamente, revisando el manuscrito descubrí
con agradable asombro que el supuesto funcionario analfabeto
era, ni más ni menos, que Sebàstián de Covarrubias; el mayor
erudito en léxico en tiempos de Cervantes; experto en
desenredar orígenes enmarañados por cruces de árabe, latín o
francés; el mismo que en 1.997 es consultado
obligatoriamente para realizar cualquier tesis doctoral
sobre las lenguas hispánicas del Siglo de Oro.
EI licenciado Covarrubias, nacido en 1539, fue autor del
primer diccionario etimológico con rigor científico. De
sólida formación universitaria y conocedor del griego,
latín, francés, castellano e italiano, su Thesoro de la
lengua, publicado en 1611, fue calificado por Martí de
Riquer como "obra capital para el conocimiento del idioma en
los tiempos en que más brilló nuestra literatura". Así que
no fue un anodino escribiente quien escribiera aquellos
documentos sobre la lengua valenciana, y hay que puntualizar
que el lingüista no debía nada a los valencianos; pues,
debido a su carácter fuerte, tuvo roces con el retor Assoris
de Cocentaina, los jurados de Valencia, el Cabildo de Gandía
y el arcediano Andreu de Morvedre. Este distanciamiento
afectivo valora más la asepsia de sus apreciaciones
idiomáticas.
Tras estudiar en Salamanca, el licenciado se convirtió en un
comisionado real capaz de solucionar problemas con moriscos,
preparar bodas reales o recibir princesas. Su poliglotismo
le permitía tratar con italianos en Roma (1579), con
catalanes en Barcelona (1581 ) y con valencianos en el
Reino, donde residió desde 1595 hasta 1601. Covarrubias
también hace referencia en el Thesoro de la lengua a ,
nuestro idioma: "Alazor. Cartamus cuicis, açafrán romi; en
Valencia, safrá bort". En otros vocablos no es tan lacónico:
"Fusta, Los oficiales della se Ilaman en lengua valenciana
fusters".
La lista es extensa: "Albayalde, en valenciano blanquet;
Chulla es vocablo valenciano; Camaroja, especie de endivia o
achicoria, es vocablo valenciano; albacora, por ese nombre
Iláman en Valencia a la breva". Covarrubias anota más
palabras valencianas sin especificar, al ser compartidas por
otros idiomas peninsulares: cava o fosa, espital, foguera,
ferir, galochas, garbillar, gavia, gola, gorja o cueIlo,
almud, Almudi en Valencia, alcarchofa, chirivía, almorçar,
çaragüelles, çaida, etc.
La correspondencia que Covarrubias y los estamentos
valencianos dirigen a la Cancillería Real es abundante (ACA.
C. 1: 1350), y demuestra que la lengua valenciana estaba
reconocida al más alto nivel. EI cuento de hadas de que "la
Cancillería Real sólo reconocía la lengua catalana, no la
valenciana", propagado por el Institut d'Estudis Catalans,
choca con la realidad. Desde 1276 - cuando Jaime I ordena
arromançar fueros- hasta el decreto de 1707, se usaba el
latín y el romance o lengua valenciana, como testimonian
documentos similares a los remitidos por Covarrubias al
vicecanciller del Consejo de Aragón y al rey de Valencia.
Otra cosa es que algún despistado Ilame provenzal, aragonés,
castellano o catalán a nuestra lengua. Hay ejemplos:
"Guarden les forces", lema de Alfons el Magnanim, era "aragonese"
para un tal B. Degenhart (Pisanello. Torino 1945, p. 79).
Covarrubias dejó también un manuscrito (BNM, Ms. 6159) sobre
nombres propios u Onomastikon. Aunque sólo abarca hasta la
dicción Moisés, ofrece comentarios valiosos: "Alpuche. Que
en Lengua Valenciana antigua se Ilamó el Puig, que vale
tanto como monteciquo (sic) pequeño, de la palabra italiana
Poggio" (BNM, Ms. 6159). EI matiz sobre "lengua valenciana
antigua" remite al romance usado en tiempos de la Conquista,
ya que Covarrubias está refiriéndose a los avatares del Puig
coetáneo de Jaime I.
Por tanto, los valencianos tenemos el testimonio del serio
Covarrubias, que ridiculiza a los "seriosos" (?) del
Institut d'Estudis Catalans que afirman que la lengua
valenciana sólo existió en la mente de viscerales
chauvinistas. En 1599, por lo visto, eran legión: el rey de
Valencia, los Estamentos del Reino, las autoridades
eclesiásticas, el Consejo y Cancillería de la Corona de
Aragón, el licenciado Sebastíán de Covarrubias, el mismo
Cervantes, etc.