Según Eco, "Ramón Llull era un catalán nacido en Mallorca,
autor de obras escritas la mayor parte en árabe y catalán"
(La búsqueda de la lengua perfecta. Barcelona 1996). EI
semiólogo italiano, amable con la editorial barcelonesa,
considera catalán a Llull, a pesar de que no existió ningún
estado que se titulara Cataluña en vida del filósofo, muerto
en 1316. En sus longevos 84 años, Lulio escribió obras en
Montpellier, Mallorca, Roma y en el convento de Vauvert,
junto al Sena, pero ni una en Cataluña. Sus años fecundos
los vivió en París, aunque residió en Nápoles, Génova,
Túnez, Chipre, etc. Súbdito del rey de Mallorca -no del
conde de Barcelona- visitó el condado esporádicamente y
utilizó en sus tratados el provenzal, latín y árabe.
Cuesta reprimir la carcajada al leer en la Gran Enciclopedìa
Catalana que "el Rey de Cataluña Jaime II quiso traducir del
catalán al latín un tratado de Lulio". Lo que no dice la GEC
es dónde consta que el citado monarca -nacido en Valencia-
se titulara "rey de Cataluña" (¡je!), y tampoco aclara qué
archivo posee el escrito donde Jaìme II expresa el deseo de
traducir la obra "al català" (¡je,je!). Con igual rigor
melonero, la GEC quiere hacer creer que Lulio redactó en
catalán "L'Art compendiosa", y que escribió la "Retórica
nueva" en la misma lengua durante su estancia en Chipre en
1301. Como en el tocomocho, siempre hay crédulos para un
timo.
Pasemos a la realidad. EI Blanquerna, por ejemplo, fue
escrito en Montpellier, metrópoli universitaria del
provenzal usado por Lulio, y capital cultural perteneciente
al rey de Mallorca. Pasado el tiempo y con la Ilegada de la
imprenta a Valencia, se editaron en ella más incunables
lulianos que en cualquier otra urbe europea; entre ellos
figuraba el Blanquerna, "traduit dels primers originals, y
estampat en Ilengua valenciana". Estas ediciones se leían en
círculos humanísticos de Mallorca y Cataluña, dado que la
lengua valenciana extendía su benéfica influencia desde la
cuña leridana, a cuya universidad acudían los futuros
intelectuales de la Corona de Aragón.
Las ediciones valencianas, más comprensibles que los
manuscritos provenzales, sirvieron de modelo para la
traducción a otras lenguas. Así, en la Universidad de
Barcelona se conserva un ejemplar en casteIlano del
Blanquerna impreso en Mallorca en 1749. La portada, aparte
del kilométrico título de "Blanquerna: maestro de perfección
christiana en los estados del matrimonio...", testifica que
fue "traducida fielmente del valenciano y de un antiguo
manuscrito lemosino, en lengua castellana". Por presbicia o
lentes empañadas, los filólogos del Institut d'Estudis
Catalans siempre leen "catalán" donde el original dice
"valenciano".
Veamos otro ejemplo ocultado por la progresía catalanera. En
octubre de 1298, Lulio termina la "Filosofía del amor" en su
celda del convento parisino de Vauvert. Como era habìtual se
tradujo en 1516 a la lengua culta de la corona aragonesa: "Vernacula
valentiae lingua Philosophiam hanc amoris, sive primitus
scriptam ab autore...". Este testimonio no lo encontrarán
ustedes en las Enciclopedias Valenciana y Catalana, sino en
los neutrales historiadores mallorquines del barroco
(Disertaciones históricas del Beato Raymundo Lulio. Mallorca
1700, p. 609).
Antes de la Ilegada de la imprenta, el saber de Lulio se
extendió por la Corona de Aragón gracias al círculo luliano
de Valencia, amparado por privilegios que el rey otorgaba a
religiosos como Pere Rosell o comerciantes como Berenguer de
Fluxia para "que pudieran divulgar por los reinos de la
Corona el Ars Magna". Los manuscritos traducidos al romance
valenciano se iniciaron en 1218 con el "Art de confessió",
al que seguirían otros como "Els cent noms de Deu", "Blanquerna",
"Filosofía del amor", etc.
EI catalanismo -una vez controlado el territorio de Lulio y
el valenciano- abre fauces en dirección a Montpellier y toda
la Occitania. Están aplicando la estrategia usada con
Valencia, es decir: la unidad de la lengua. Así, en la
revista del Régimen podemos leer que "el alto nivel de
similitud entre catalán y occitano genera un área de
comprensión mutua de unos 25 millones de personas" (EI Temps,
15 de marzo, 1999, p. 32) . Si se aplicarán ellos mismos la
teoría inmersionista, el catalán sería el andaluz del
provenzal, y tendrían que adoptar las normas del idioma del
norte, es decir: el lemosín de Montpellier usado por Lulio y
Jaume I, pues el conquistador nació en Montpellier y no en
Barcelona, como divulga la inmersión.
Con la teoría de "la comprensión idiomática" la Generalidad
de Cataluña sueña con mapas que abarcarían el seco Segura y
el caudaloso Ródano, desde Valencia a Valence del Delfinado.
Aunque tienen miedo de una "valencianització" (p. 26)
occitana que rechazara la inmersión. Pero el mayor problema
de Occita nia, dicen, lo coiistituye ese "17"% de musulmans,
immigrats del Magrib" (EI Temps, p. 26). ¡Qué contraste!
Raimundo Lulio amaba a los musulmanes y quería fundar en
MaIlorca y Montpellìer colegios donde se estudiara el árabe.
Los catalaneros, liberales de boquilla, desprecian a los
musulmanes y no saben cómo deshacerse de ellos.