JOAN IGNACI CULLA

 
 
   

 
  Data de Publicacio
15 de Març de 2007
   
  Referencia
0049JIC
   
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Joan Ignaci Culla
   
  Est articul lo hem deixat en castella, que es com lo escrigue el seu autor
   
  Anar Arrere
   
   
ARTICUL
 
SANC D’ORCHATA VS. OUS
 

Me han criticado muchas veces cuando comento/afirmo que el pueblo valenciano tiene la sangre de horchata. Un pueblo que permite, prácticamente hasta la indiferencia, todos los atropellos, humillaciones y vejaciones a las que nos están sometiendo: los catalanistas de allí, los catalanistas subvencionados de aquí, el gobierno central, y el autonómico por su desaforado complejo pseudoprogresita; o es masoca, o le corre la extraordinaria bebida de Alborada por las venas, o lo que es peor, no tiene los suficientes arrestos para defender lo suyo.

Como toda regla tiene una excepción y nunca se es justo cuando se generaliza, valga como excepción aquellos patriotas valencianistas que, se dejaron la piel, la familia y el trabajo, en la lucha por la defensa de la personalidad valenciana, y, en especial, a los que lo sufrieron en los años 70 y 80.

Como claro ejemplo de lo anterior, y ahora se cumple el 25 aniversario, un grupo de valencianistas, con nombres y apellidos, heridos en lo más profundo de su corazón, “razonaron” que, el pencholl que los impresentables de turno, se habían atrevido a colocarnos en el Ayuntamiento del Cap i Casal del Regne, como símbolo representativo de los valencianos, nos insultaba y nos postraba.

Se acercaba el 9 d’Octubre, y aquella bandera oficial para otro pueblo, no dejaba de ser una “márfega” para el nuestro, que lo sentía como alfileres incrustados en los ojos, cada vez que la vista se dirigía al balcón del Ayuntamiento, provocando además cólera y vómitos de indignación.

La Senyera, que no se inclina ante nadie, menos lo podía hacer ante el emblema de la claudicación. Muchas pruebas hasta encontrar el “método” adecuado para hacer desaparecer aquel “trapo” que pudiese, simplemente rozarla, hicieron falta. ¡Pero se consiguió! Y así se demostró que, este pueblo cuando cambia la horchata por la testosterona, ni se le humilla, ni se le chantajea.

¡Qué pena que hoy prime más la horchata, el cargo o la nómina!

 
 
 
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