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Si la incultura fuera un mérito, estoy convencido de que los catalanistas
serían premios Nobel. Una clara demostración que corrobora mi teoría se hizo
patente por parte del concejal socialista en el Ajuntament de Valencia Juan
Soto, en la inauguración de la nueva biblioteca municipal Al-Russafi. Este
edil se mofaba de las palabras que Rita Barberá pronunció, en las que
destacó que en la dominación islámica del Regne de Valencia se hablaba el
romanç, precursor de la actual lengua valenciana como todos saben, a
excepción, por lo visto, del concejal y sus laureados amigos catalanistas. Siendo cierto que ni la alcaldesa ni su partido, el PP, se han caracterizado
por la defensa del valenciano –no hay nada más que ver que han delegado la
autoridad lingüística en la AVL, entidad al servicio del catalán–, no es
menos cierto que Rita Barberá dijo lo que todos los expertos sostienen sobre
la existencia de la lengua romance mozárabe anterior a la reconquista de
Jaume I. La teoría que mantienen los amantes de los tebeos-catalanistas es que, a la
entrada del Conquistador, el Regne de Valencia era poco menos que un solar
deshabitado, ya que sus pobladores, según ellos, o habían huido o habían
sido ejecutados por las tropas cristianas. Esta rocambolesca historieta-comic
–cien por cien científica, como todos podrán apreciar– es en la que se
sustenta la argumentación para acreditar que los cuatro mesnados y dos
cabreros catalanes que acompañaban a Jaume I, reconvertidos ahora
milagrosamente en filólogos y hombres de ciencia, se encontrasen el campo
abonado para implantar su “lengua”. Sobre este tema, y para no extenderme,
remito a Soto y sus colegas al artículo ‘‘ El Romanç’’ (LP, 6/2/2006). Para no incidir en las inapelables investigaciones realizadas por Peñarroja,
A. Cabanes o Gómez Bayarri, ente otros, a los que el concejal socialista no
habrá tenido a bien estudiar –no es lo suyo, ¿no?–, pero dejándose llevar,
seguro, por el coro de iletrados, los tendrá por secesionistas-blaveros;
veamos entonces lo que dicen otros autores sobre la coexistencia del
bilingüismo en nuestras tierras en la época prejaimina. Así lo certifica J. M.ª Lacarra en Historia de la Edad Media . Barcelona,
1971, p. 482: “Es de notar que muchas estrofas finales de las muasajas están
en romance, lo que nos revela la existencia de una tradición literaria en
romance mucho más antigua. La gran popularidad que alcanzaron estas
composiciones bilingües nos aclaran bien el carácter mixto de la sociedad
hispanoárabe bajo el califato”. Nadie –salvo, lógicamente, los indocumentados– pone en duda el bilingüismo
existente en el Regne de Valencia, como comenta Menéndez Pidal: Manual de
Gramática Histórica Española , Madrid, 1977, p. 102: “Había muchedumbre de
moros latinizados o ladinos que sabían romance, y cristianos algarabiados
que sabían árabe”. Porque como dice Levi-Provençal, en La civilización árabe en España ,
Madrid, 1969, p. 102, que doy por seguro que Soto, faltaría más, no lo
conocerá, pero su prestigio internacional no lo hace sospechoso de ser socio
del GAV o de Lo Rat Penat, afirma: ‘‘Los musulmanes de España contaban entre
ellos, durante todos los períodos, un porcentaje relativamente elevado de
bilingües que empleaban indiferentemente el árabe y el romance tanto en el
interior de sus casas como en la misma calle’’. Y es que la incultura es muy atrevida, como lo es que este socialista amante
de la manipulación que hoy se vende perfectamente encuadernada como
auténtica no recoja las manifestaciones de Julià Ribera Tarragó, eminente
arabista que en 1925 manifestaba en su libro De Historia Arábigo-Valenciana
: “Se habló durante los varios siglos de su dominación por los propios
muslimes un dialecto romance. Se sabe de modo indudable que en la región de
Valencia se habló ese romance, del que quedan huellas no sólo en libros
arábigos, sino también en la nomenclatura geográfica de la región. Para
explicarse bien esa nomenclatura hace falta conocer el latín vulgar
valenciano que usaron los moros. [...] cuando las huestes del rey don Jaime llegan a Valencia [...] una gran
parte de los nombres geográficos de los poblados de la huerta de Valencia
son latinos, mejor dicho, romances [...]. También los musulmanes valencianos
emplearon en su vida familiar la lengua romance, hasta tiempos anteriores a
la conquista del rey D. Jaime’’. Y es que hasta incluso se distinguían los distintos romances hablados en la
península: “De que en España se conservó entre los musulmanes el uso del
romance hay infinidad de testimonios. El señor Simonet, que ha estudiado
esta materia con ímproba labor, nos da a cada paso pruebas inequívocas:
Abenbuclaris, en Zaragoza; Abenjoljól, en Córdoba; Abenañbeiter, en Málaga,
repetidamente aluden al latín vulgar que se habla en nuestra tierra, dando a
entender que es la lengua romance que hablan los musulmanes y judíos. Hasta
insisten en distinguir dialectos especiales de una ciudad, de una provincia
o de una región, apellidándolos romance de Valencia, de Aragón, de Zaragoza”
(Ribera i Tarragó; J: Diserciones y Opúsculos: El cancionero de Abencuzman .
Madrid, 1928). Sinceramente, Juan Soto, dedíquese a su tarea de concejal en la oposición,
mientras que los únicos requisitos para ser edil sean figurar en una lista y
pertenecer al partido, porque mal lo tendrá usted, y muchos de sus colegas,
el día que pidan que, para aspirar a representar a los valencianos en
cualquier institución pública, se requieran otros tipos de méritos
formativos, además de sentir y respetar a la Comunitat a la que pertenece y
a la que pretende defender. Pero, mientras tanto, no se preocupe, además de
ser concejal puede aspirar a ser premio Nobel, lógicamente, el día que
premien la incultura o el autoodio cultural. |