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La Generalidad Valenciana, en su alocado afán
catalanista, sustenta publicaciones que destruyen poco a poco la
personalidad de nuestro pueblo. Así, en la revista "Camacuc"
(marzo, 1992) encontramos un cómic que describe el ambiente de
la "Nit de la Planta" en Valencia. Los protagonistas, en su
deambular urbano, observan la atareada labor de las comisiones;
pero, casualmente, todos los falleros adornan las calles y "casals"
de la capital con banderas de cuatro barras, como si fuera lo
más normal del mundo. Por tanto, no es extraño que, desde
Cataluña. consideren un hecho que los atletas valencianos
desfilen bajo las cuatro barras en la Olimpiada de Barcelona.
Los que observen este cómic en Alicante y
Castellón -donde la "inmersió" funciona a tope- pensarán que la
cuatribarrada es la bandera propia. "Camacuc", obviamente,
cuenta "amb el recolçament" económico de la "Conselleria de
Cultura". Quizá, si hubiera protestas recordando al mentiroso
dibujante que las calles de Valencia estaban cubiertas con
Reales Señeras, respondería que es un despiste como el sucedido
en la Feria de Berlín con el pabellón de Katalonia; es el
recurso habitual de estos individuos.
No obstante, algún colaboracionistas -ciego
de orgullo- pregona sus proezas. Es el caso del valenciano
Enric Valor, "Premi d'Honor de les Lletres Catalanes (1987)". En
declaraciones recientes. "recuerda con afecto aquellas campañas
de agitación catalanista en Alicante" (E. C. Febrer, 1992, p.
19) en los años treinta, y cómo "aplicaron una nueva forma de
escribir, de acuerdo con las Normas del Instituto de Estudios
Catalanes"; todo ello con engaño, pues aparentaban defender el
valencianismo.
Este catalanero se carcajea (según escribe
Toni Ferrando, periodista catalán) recordando la creación de
la "Agrupació Regionalista Alacantina (...) i que nosaltres vam
inventar alló de pancatalanisme", realizando acciones simbólicas
como "ir a poner la cuatribarrada al Ayuntamiento de Alicante,
cambiar nombres de calles y plazas: la Rambla de Méndez Núñez
la bautizamos con Rambla de Cataluña, y a la plaza de los
Luceros la transformamos en plaza de Cataluña" (E. C. Febrer,
1992, p. 20) Para que la destructiva labor fuera completa
faltaba un detalle: "feien antivalencianisme mirant cap al
Principal". Es decir, fomentaban el odio a Valencia para
favorecer el catalanismo; todo ello fingiendo ingenuidad.
La cantera es mimada con esmero por las
autoridades catalanas mediante becas y "ayudas a la cultura
nacional". Es el caso de los "XIV Premis Baldiri Reixac. 1992"
que, puntuales y generosos -con más de diez millones y medio de
pesetas-, llegan a la Comunidad Valenciana para "estimular la
escuela catalana" y recompensar trabajos "que suposin un
esforç en la realitat nacional catalana i en la nostra tradició".
Estas gratificaciones millonarias caerán en escuelas que
colaboren y destaquen por su "projecte educatiu en llengua i
cultura catalana"; en maestros que luchen por la pedagogía que
"estimuli 1'ensenyament en cátala" y, principalmente, en los
alumnos-víctimas de los maestros anteriores, siempre que
redacten en perfecto catalán y no otviden la "realitat nacional
catalana".
La posibilidad de que "caiga" alguna
recompensa del Principado, hace que estos peones se esfuercen en
su siniestra tarea. Así, en "Cultura i Aula", otra "joya"
catalanera que remiten a los estudiantes valencianos, insisten
maliciosamente en la catalanidad de los papas Borja (C. A.
17-3-92) manipulando la expresión "catalani", que los italianos
usaban como insulto para designar a los procedentes de la
península ibérica ¿por qué jamás recurren a algún intelectual
valenciano de la época, como Martí de Viciana, que testificó la
valencianía de los Borja y el uso de la lengua valenciana?
Hubo, como es natural, relaciones de los
Borja con Cataluña y ¿por qué ocultarlo? La más intensa fue la
protagonizada por Juan Borja, duque de Gandía, en su visita a
Barcelona en 1493; aunque no parece que le moviera la
catalanización, como al citado Enric Valor. Una carta de César
Borja, escrita en valenciano, conminaba a su hermano Juan para
que atemperara la conducta, pues: "han escrit a Sa Beatitud
(Alejandro VI) que anaveu de nit per Barcelona matant gossos e
gats, visitant lo bordell e jugant molts diners". Después de las
aventuras cinegéticas nocturnas -y sin realizar ningún "curset
normalitzador"-, Juan Borja continuó el viaje a Valencia.
En fin, ya vemos que los habituales
"despistes" de la Generalidad concuerdan con la táctica
empleada por Enric Valor para catalanizar Alicante.
Posiblemente, cuando el pueblo descubra el engaño, estos
personajes actúen como los protagonistas de un hecho acaecido
en el siglo XVI en Valencia: "en la calle San Vicente, un
prodigio harto notable: a las diez horas del día vieron salir
de una casa ratonazos muy grandes y otros muchos pequeños, que
iban de acá para allá temerosos y asustados; y los que estaban
fuera mirando los ratones cómo andaban turbados, vieron caer
toda la casa en peso" (Cortés, J: Tratado de los Animales,
Valencia 1672, p. 317) La metáfora es merdiana, y los ratonazos
¿quién no los conoce? |