RICARDO GARCÍA MOYA

 
 
   

 
  Data de Publicacio
22 de Març de 2007
   
  Referencia
0047RGM
   
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Ricardo García Moya
   
  Anteriorment publicat en,
Las Provincias
20 d'Abril 1992
   
  Est articul lo hem deixat en castella, que es com lo escrigue el seu autor
   
  Anar Arrere
   
   
ARTICUL
 
FALLAS DE VALENCIA CON CUATRO BARRAS Y OTROS "DESPISTES"
 

La Generalidad Valenciana, en su alocado afán catalanista, sustenta publicaciones que destruyen poco a poco la persona­lidad de nuestro pueblo. Así, en la revista "Camacuc" (marzo, 1992) encontramos un cómic que descri­be el ambiente de la "Nit de la Planta" en Valencia. Los protago­nistas, en su deambular urbano, observan la atareada labor de las comisiones; pero, casualmente, to­dos los falleros adornan las calles y "casals" de la capital con banderas de cuatro barras, como si fuera lo más normal del mundo. Por tanto, no es extraño que, desde Cataluña. consideren un hecho que los atle­tas valencianos desfilen bajo las cuatro barras en la Olimpiada de Barcelona.

Los que observen este cómic en Alicante y Castellón -donde la "inmersió" funciona a tope- pen­sarán que la cuatribarrada es la bandera propia. "Camacuc", obvia­mente, cuenta "amb el recolçament" económico de la "Conselleria de Cultura". Quizá, si hubiera protestas recordando al mentiroso dibujante que las calles de Valencia estaban cubiertas con Reales Señe­ras, respondería que es un despiste como el sucedido en la Feria de Berlín con el pabellón de Katalonia; es el recurso habitual de estos indi­viduos.

No obstante, algún colaboracio­nistas -ciego de orgullo- prego­na sus proezas. Es el caso del va­lenciano Enric Valor, "Premi d'Honor de les Lletres Catalanes (1987)". En declaraciones recien­tes. "recuerda con afecto aquellas campañas de agitación catalanista en Alicante" (E. C. Febrer, 1992, p. 19) en los años treinta, y cómo "aplicaron una nueva forma de es­cribir, de acuerdo con las Normas del Instituto de Estudios Catala­nes"; todo ello con engaño, pues aparentaban defender el valencianismo.

Este catalanero se carcajea (se­gún escribe Toni Ferrando, perio­dista catalán) recordando la crea­ción de la "Agrupació Regionalista Alacantina (...) i que nosaltres vam inventar alló de pancatalanisme", realizando acciones simbólicas como "ir a poner la cuatribarrada al Ayuntamiento de Alicante, cam­biar nombres de calles y plazas: la Rambla de Méndez Núñez la bauti­zamos con Rambla de Cataluña, y a la plaza de los Luceros la trans­formamos en plaza de Cataluña" (E. C. Febrer, 1992, p. 20) Para que la destructiva labor fuera com­pleta faltaba un detalle: "feien antivalencianisme mirant cap al Principal". Es decir, fomentaban el odio a Valencia para favorecer el catalanismo; todo ello fingiendo ingenuidad.

La cantera es mimada con esme­ro por las autoridades catalanas mediante becas y "ayudas a la cul­tura nacional". Es el caso de los "XIV Premis Baldiri Reixac. 1992" que, puntuales y generosos -con más de diez millones y medio de pesetas-, llegan a la Comunidad Valenciana para "estimular la es­cuela catalana" y recompensar tra­bajos "que suposin un esforç en la realitat nacional catalana i en la nostra tradició". Estas gratificacio­nes millonarias caerán en escuelas que colaboren y destaquen por su "projecte educatiu en llengua i cul­tura catalana"; en maestros que lu­chen por la pedagogía que "estimuli 1'ensenyament en cátala" y, principalmente, en los alumnos-víctimas de los maestros anteriores, siempre que redacten en perfecto catalán y no otviden la "realitat na­cional catalana".

La posibilidad de que "caiga" al­guna recompensa del Principado, hace que estos peones se esfuercen en su siniestra tarea. Así, en "Cul­tura i Aula", otra "joya" catalanera que remiten a los estudiantes va­lencianos, insisten maliciosamente en la catalanidad de los papas Borja (C. A. 17-3-92) manipulando la expresión "catalani", que los italia­nos usaban como insulto para de­signar a los procedentes de la pe­nínsula ibérica ¿por qué jamás re­curren a algún intelectual valencia­no de la época, como Martí de Viciana, que testificó la valencianía de los Borja y el uso de la lengua valenciana?

Hubo, como es natural, relacio­nes de los Borja con Cataluña y ¿por qué ocultarlo? La más intensa fue la protagonizada por Juan Borja, duque de Gandía, en su visita a Barcelona en 1493; aunque no pa­rece que le moviera la catalanización, como al citado Enric Valor. Una carta de César Borja, escrita en valenciano, conminaba a su herma­no Juan para que atemperara la conducta, pues: "han escrit a Sa Beatitud (Alejandro VI) que anaveu de nit per Barcelona matant gossos e gats, visitant lo bordell e jugant molts diners". Después de las aventuras cinegéticas nocturnas -y sin realizar ningún "curset normalitzador"-, Juan Borja continuó el viaje a Valencia.

En fin, ya vemos que los habitua­les "despistes" de la Generalidad concuerdan con la táctica emplea­da por Enric Valor para catalanizar Alicante. Posiblemente, cuando el pueblo descubra el engaño, estos personajes actúen como los prota­gonistas de un hecho acaecido en el siglo XVI en Valencia: "en la ca­lle San Vicente, un prodigio harto notable: a las diez horas del día vie­ron salir de una casa ratonazos muy grandes y otros muchos pe­queños, que iban de acá para allá temerosos y asustados; y los que estaban fuera mirando los ratones cómo andaban turbados, vieron caer toda la casa en peso" (Cortés, J: Tratado de los Animales, Valen­cia 1672, p. 317) La metáfora es merdiana, y los ratonazos ¿quién no los conoce?

 
 
 
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