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Supongo que Mario Puzo no incluyó en su 'gran familia del
crimen' ('Borgia'), al santo San Francisco de Borja y Aragón
(1510-1572), bisnieto de Fernando el Católico (y si fuera cierta
la filiación extramatrimonial del segundo duque de Gandia,
también bisnieto de Alejandro VI, y la 'dudosa' Vanozza, lo que
aún no está probado documentalmente), que nació en Gandia, y
antes de ser Santo fue cuarto duque de Gandia, primer marqués de
Llombay, Virrey de Cataluña, y General de la Compañía de Jesús. No diré que tuviera una vida azarosa, pero sí completa: servidor
en los ejércitos imperiales, en 1536 asaltando Frejus presencia
la muerte de Garcilaso de la Vega, y según se dice, decide
abrazar la vida religiosa cuando acompaña, en 1539 a Granada,
los restos mortales de la emperatriz Isabel de Portugal, quien
tenía a su servicio a la dama Leonor de Castro (entonces su
esposa). Al morir su padre el tercer duque de Gandia (1542), se
retira a sus posesiones valencianas y funda el primer colegio de
Jesuitas del mundo. Fallece su esposa en 1546, abdica de sus títulos y profesa en la
Compañía de Jesús, doctorándose en Teología y creando muchos
Colegios en Europa y Misiones en Florida, Perú, Nueva España,
México, California, Filipinas y algunas islas del Pacífico. Fue
canonizado por Inocencio X, en 1671. Hoy es tema humanístico de esta columna, porque compuso una misa
a cuatro voces, publicó diversos tratados espirituales y, sobre
todo, porque fue un humanista que trató de acercar el hombre al
hombre, no sólo en su patria, sino fuera de ella: un caso más de
exportación valenciana de humanismo. Fiel a su tierra, promovió
industrias, acrecenta las del azúcar y la seda, organizó
hilanderías y dio trabajo a sus vasallos. Humilde, quiso siempre
ser llamado 'el padre Francisco' (renunciando al Don y al
'Borja', que evocaba nobleza). Debe anotarse que fundó el
Colegio Romano, lo que hoy conocemos como Universidad Gregoriana
(que alguien quiso llamar 'Universidad Borgiana', no
consintiéndolo la humildad de Santo. Su gran obra cultural, la fundación de la Universidad de Gandia,
tuvo el reconocimiento pontificio de Pablo III, mediante Bula de
1547. Si en principio tenía cinco cátedras, éstas llegaron a ser
22, alcanzando en 1720 los mismos privilegios que las
universidades de París, Salamanca y Huesca. Puede quedarse en
anecdótico, que se prohibiera a los catalanes estudiar en ella,
para que no disminuyese el número de alumnos de la de Cervera,
pero justo es subrayar que a partir de 1700 mantuvo una gran
actividad universitaria, al menos hasta el decreto de expulsión
de los Jesuitas en 1767, y aunque extinguida en 1772, no se
cerró hasta ser suprimida por el marqués de Caballero en 1807,
porque la enseñanza se mantuvo bajo la dirección del cabildo y
su deán mitrado. Deberá profundizarse el conocimiento de profesores y alumnos,
destacados, en ese lapso temporal de dos siglos y medio. El Santo no temía la escasez de alumnos, porque conocido es su
lema: 'Podrán faltar alumnos, pero a nadie faltará habitación y
mesa'. Fue un hombre convencido de la trascendencia de la
educación de la juventud y de sus efectos sociales; y en otro
polo, abierto a la Humanidad, que no acaba con los cristianos,
sino que para él seguía con los judíos, los 'moros' y los
'indios'. En pie de igualdad, todos los seres humanos.
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