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Si el PP fuera valencianista convencido, no permitiría cosas
como las que hace la Academia Valenciana de la Lengua, que creó
por imposición de Aznar y Jordi Pujol, pasando completamente de
la Real Academia de Cultura Valenciana. Como siente una necesidad irrefrenable de aparentar lo que ni es
ni siente ni tiene, el otro día apoyó, con toda su fontanería
oficial, el memorial de Vicente González Lizondo, a pesar de lo
cual no lograron ni un cuarto de entrada. Si la mayoría de asistentes eran del PP, es fácil concluir que
de Unión Valenciana había bien pocos, lo que debe haberle hecho
abrir los ojos al PP de que por ahí hay poco que rascar, que la
intención de voto valencianista está en otro partido. La gente
valencianista no acudió a dicho acto, porque aquello olía a
engañifa del PP. La cúpula popular necesita desesperadamente hacer creer en los
días previos a las elecciones que es valencianista, para
aprovecharse del importante bocado de votos que hay en el
valencianismo, que le va a hacer falta, como siempre, en
elecciones, los que ha comprado, alquilado o desarticulado como
norma. Ahora lo único que le queda para negociar son los que puedan
arrastrar el apellido, sólo el apellido, Lizondo, porque al ex
PP Miralles, converso reciente a UV sin ningún currículo de
valencianista, como no sea en el PSOE, ni está, porque no existe
políticamente, ni se le espera ni sabe, ni contesta. Diga
alguien si Miralles y UV han hecho en los últimos años actos de
masas, concentraciones, manifestaciones, congresos y actividades
de notable concurrencia. Los valencianistas con dignidad, escaldados por tanta traición
de sinvergüenzas que a la primera de cambio les dejaron tirados
y ficharon por equipo distinto -como es el caso sangrante e
inmoral del cara de Chiquillo- se han organizado, pertrechado y
fortificado en un partido muy distinto a los de los
librecambistas del mercadeo electoral, del cambio de cromos, de
votos, sueldos, cargos y coches oficiales del PP, y están a la
espera de que llegue la hora de hablar en las urnas. El PP insiste en hacernos creer que es valencianista, a pesar de
los homenajes que hace a Joan Fuster y a Sanchis Guarner, con
las catalanadas diarias de su Academia Valenciana de la Lengua,
además de la agitación y propaganda catalanista que su
Conselleria de Cultura consiente, promueve y patrocina, en
colegios, institutos y universidades y en los medios de
comunicación de titularidad autonómica. |