«Hay tantos intereses creados que ya resulta imposible
introducir en la reforma del Estatuto que la lengua oficial
de Baleares es el balear y no el catalán». Con estas o
parecidas palabras el 'comité de sabios', que se reunió en
Menorca, ha querido justificar lo injustificable.
Por intereses creados se puede pisotear la Historia. Por
intereses creados se puede tergiversar la Cultura. Por
intereses creados se puede eliminar la lengua multimilenaria
de un pueblo. Lengua que ya hablaba Ramón Llull s.XIII
(...»para el pueblo escribo en vulgar -romance mallorquín
por tanto- y en latín para la gente culta.» hacen constar
sus biógrafos). El balear es una lengua especial y
diferenciada que de diempre llamó la atención a los
visitantes de las islas. Lean a George Sand. Estudien a
Menéndez Pidal. El famoso Robert Graves dijo: «el mallorquín
es una lengua tan antigua como el inglés y más pues que el
catalán y el provenzal, sus parientes más cercanos».
Autoridades intelectuales de la categoría de Torcuato Luca
de Tena o de Miguel de Unamuno, han proclamado la
autenticidad de la lengua balear. «En Portugal no leo si no
en portugués, ahora en Mallorca leo en mallorquín la
graciosa obra de D. Gabriel Maura «Aigo forts». Yo aquí leo
en mallorquín, pero cuidando que lo sea y no catalán, pues
los intelectuales de aquí prefieren escribir en catalán
antes que en su lengua materna». (Por tierras de Portugal y
España -1916).
Nuestros ¿sabios? no saben nada de esto. Sólo saben de
intereses creados. Obvio que no hayan leído el opusculito
del maestro barcelonés D. José Osés Larrumbe, escrito en
1932 para evitar que alumnos y padres catalanes fueran
embaucados «con falsas leyendas prodigadas entre el sencillo
pueblo catalán para deslumbrarlo y llevarle a tristes
aventuras políticas». Pero, sí deberían saber que Menéndez
Pidal, Vicens Vives, Ubieto Arteta y Álvaro Santamaría han
desenmascarado, tal que ese maestro de 1932, las proezas
legendarias contadas por pseudohistoriadores nacionalistas
catalanes.
De siempre el hombre ha claudicado ante el poder y el
dinero. «El hombre se mueve por la peseta o por la bragueta»
me decía hace tiempo un compañero manchego. Son tan
poderosos estos intereses, que nuestros ¿sabios? los
anteponen a su propia lengua ancestral, a su propia cultura
milenaria y a su propia responsabilidad social. Por
intereses creados los políticos quieren más poder. ¿Por
cuánto nuestro políticos y sabios habrán vendido nuestra
histórica lengua y cultura? El queso mahonés es «cultura
catalana»; la sobrasada es «cultura catalana»; «sas
formetjadas» también son «cultura catalana».
Comprendo -y lo alabo y apoyo- que los Pujol, Mas, Maragall,
Carod y Piqué, defiendan a capa y espada los intereses
creados de Cataluña. Lo verdaderamente intolerable es, que
por ambición insaciable los políticos catalanes quieran
apropiarse de la cultura y de la lengua balear, por que es
muy parecida a la suya. La vergüenza de las vergüenzas es,
sin embargo, que directa o indirectamente, inviertan
cantidades astronómicas para comprar voluntades y así poder
porclamar: «¡Som una nació. Som 12 milions de
català-parlants!»
Una vez más emplazo públicamente a todos los rectores de las
Universidades de Cataluña, Baleares y Valencia, y a los
respectivos presidentes autonómicos, a que digan al pueblo
español lo que era Cataluña en 1229 y 1238... Y si entonces
Cataluña no existía políticamente, ¿cómo pudo dar su lengua
y su cultura a Baleares y Valencia?. ¡La farsa es total!
Desde la falaz tergiversación manda la ignorancia, la
desidia, la cobardía organizada y la astucia que conduce al
error.