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Entre estupor y sonrisa causó ayer entre los expertos en
literatura árabe y medieval la afirmación de Rita Barberá.
«Divertido, pero patético» . Con esta frase reaccionó el
escritor Josep Piera frente a las aseveraciones de la alcaldesa.
El poeta y novelista es una voz autorizada, ya que adaptó al
valenciano los poemas de Al-Russafi (o Ar-Russafi, como
prefieren actualmente los especialistas, ya que el artículo en
árabe toma distintas formas según la consonante a la que
precede). Y Piera fue ayer concluyente al ser preguntado por
este diario: «Es aberrante lo que ha dicho; una descomunal
metida de pata». El poeta árabe del siglo XII, explicó, escribió toda su obra en
árabe clásico, la lengua del momento. Es más, ni siquiera vivió
siempre en Valencia: nació en Russafa, pero se fue a Málaga por
los conflictos y guerras en la zona valenciana y allí produjo la
mayor parte de su obra. «Parece constatado que en Málaga ni se
hablaba ni se escribía el valenciano», sentenció el escritor de
la Safor con ironía. La catedrática de Árabe de la Universitat
de València, Carme Barceló, se pronunció en la misma línea y
también con una sonrisa. Al-Russafi ni habló ni dejó escrito
alguno en valenciano, aseguró la experta, para quien «la
ignorancia es muy atrevida» . En su opinión, decir que existía
el valenciano en el siglo XII es «una pasada», pero «ya estoy
acostumbrada», dijo. Sostener la teoría del sustrato mozárabe en
los años 50 podía ser disculpable, argumentó, «pero hoy es hacer
el ridículo» . Los sectores contrarios a la unidad de la lengua (vinculados a
la Real Acadèmia de Cultura Valenciana, RACV) han defendido la
tesis de que antes de la llegada de Jaume I (1238) se hablaba en
Valencia una forma diferenciada del árabe, que justificaría que
valenciano y catalán sean idiomas distintos, para esta
corriente. Las universidades, la comunidad científica
internacional y la propia Acadèmia Valenciana de la Llengua
(AVL) rechazan de plano estas interpretaciones históricas. El catedrático de Literatura Medieval y miembro de la AVL Albert
Hauf insistió ayer en que «no existe ningún fundamento que
justifique esta historia» . Se trata, subrayó, de «una
falsificación» como las presuntas inscripciones en piedras que
algunos investigadores dijeron erróneamente que eran de antes
del siglo XIII.
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