JOAQUÍN COLOMARDE

 
 
   

 
  Data de Publicacio
22 de Juny de 2007
   
  Referencia
0002JCX
   
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Joaquín Colomarde
   
  Anteriorment publicat en,
Las Provincias
23 de Giner 2006
   
  Est articul lo hem deixat en castellà, que es com lo escrigue el seu autor
   
  Anar Arrere
   
ARTICUL
 
VALENCIA Y CATALUÑA
 

Si partimos de la certeza histórica de que Valencia y Cataluña son dos partes integrantes de la nación española, tal vez las cosas comiencen a aclararse para todos, valencianos y catalanes (si existe voluntad de verdad y clarificación mutua se entiende, y no es este desgraciadamente el caso por parte del independentismo catalán y menos en estos días). Nunca Cataluña fue parte de la Corona o confederación, tanto da, catalana-aragonesa, nunca. Otra cosa es lo que precise la cultura nacionalista catalana para construirse una Edad Media a medida de sus perentorias necesidades presentes. Valencia, por su lado, fue reino. Lo que significa que debe existir, y primar, meridiana claridad respecto a la verdad histórica. Fuimos un reino potente del Mediterráneo que, como tal, familia Borgia incluida, influyó de modo decisivo en la construcción de la Europa de su tiempo. Valencia fue ciudad puntera desde el punto de vista comercial, económico, cultural y político de su tiempo. Su cultura, así como su lengua valenciana propias, que por serlo mantuvo lazos históricos evidentes con todas las descendientes del tronco común del latín medieval, fueron vehículos intensos, fecundos y conformadores de la cultura occidental y española. Por ello, las relaciones históricas de Valencia con Cataluña son claras, diáfanas, ricas y enriquecedoras para ambas partes.

Valencianos y catalanes poseemos historia suficiente que nos permite una comprensión profunda sustentada, hoy y aquí, en un respeto escrupuloso y exacto de la misma, los Estatutos autonómicos respectivos y la voluntad popular expresada libremente en procesos inequívocamente democráticos en nuestras dos comunidades autónomas. Valencia no puede ser una permanente menor de edad para ciertos sectores nacionalistas catalanes.

Cataluña no puede ser una sospechosa enemiga para algunos sectores valencianos (que no representan ni ahora, ni en un hipotético futuro la pluralidad de la Comunidad Valenciana, y los sentimientos comunes de los valencianos). Y, sobre todo, no es posible fingir desconocimiento de lo sucedido desde la Transición a la democracia y de las responsabilidades de todos en lo acontecido. Muchos valencianos muestran aversión por Cataluña. Bastantes catalanes, demasiados, a su vez un desconocimiento asilvestrado y petulante de la realidad valenciana, a la que miran como de segunda B.

La política nacionalista catalana en materia lingüística y cultural no ha ayudado, ni ayuda hoy, mucho a la normalidad de nuestras relaciones mutuas. Ello también es obvio. Lo que ocurre es que hay que decir con tranquilidad que ello no puede ser jamás pensado como animadversión contra Cataluña, comunidad autónoma española digna de lo mejor y con la que los valencianos debemos aspirar a mantener relaciones de amistad, entendimiento, comprensión y cooperación inteligente e históricamente veraz. Al igual que debe ocurrir con la Comunidad Valenciana para Cataluña. Y ello debería suponer por parte de Cataluña correcciones igualmente inteligentes. Ejemplo: respeto absoluto a la denominación estatutaria de nuestra Comunidad, a su lengua y cultura propias. Semejante paso, por parte de todas y cada una de las instancias de la sociedad catalana (que tantas y valiosas muestras ha dado de madurez democrática y de contribución a la convivencia en España, un recuerdo afectuoso desde aquí a Miquel Roca i Junyent) sería enormemente beneficioso para los intereses que deben sernos comunes: los de respeto, tolerancia y cooperación recíprocos.

El que los valencianos seamos capaces de vivir orgullosamente nuestra condición de tales es la otra condición precisa para establecer puentes de diálogo y fructífera colaboración (hoy complicadísimo por el absurdo gobierno social-independentista-izquierda unida-verde, que gobierna la Generalitat catalana). Sólo desde ese orgullo respetuoso, pero claro e históricamente cierto, es posible una corrección del rumbo en todo aquello que el pasado ha hecho más penoso e incierto: la vivencia desde la igualdad constitucional y estatutaria de nuestras respectivas entidades políticas, económicas y, sobre todo, lingüísticas y culturales. Valencia ha de vivir libre y cultamente su personalidad, sus derechos y su historia. Condiciones básicas para la recuperación, por medio de la acción democrática e integradora de nuestra Generalitat, de su real grandeza y significado profundo en una España plural y compartida como nación común de todos los españoles. Así no sólo podremos convivir, sino entendernos, respetarnos y estimarnos mutuamente. Pensemos seriamente en ello.

 
 
 
Usuaris en llinea Grup LLVS   -   Octubre 2006 Amunt