Los valencianos no debemos renunciar nunca a lo que somos.
Nos va en ello nuestro modo de sentirnos instalados en la
historia.
Los valencianos tenemos derecho a sentirnos orgullosos de
nuestra historia propia. Sin exclusiones ni sectarismos de
ningún tipo. Encuadrándola donde corresponde y sabiéndonos
tan valencianos como españoles. Mejor aún: nuestra forma de
ser españoles es ser valencianos. No hay otra, ni la ha
habido nunca.
Por ello, podemos decir y sentar cátedra al respecto sin
temor alguno a equivocarnos: los valencianos hemos sido
protagonistas de una historia propia. Es por ello, por lo
que la historia misma de España no puede entenderse sin la
historia valenciana.
Creo que el asunto es de rigor máximo y de importancia suma,
si queremos entender algunos de los problemas del tiempo
presente. ¿Podríamos hablar, por ejemplo, de cultura
española, y aun europea, sin referirnos a nuestro Luis Vives
“Valentinus”, como gustaba de firmar su obra? De ninguna
manera. ¿Es Luis Vives un patrimonio valenciano
exclusivamente, o lo es también, y por ello, español y
europeo? La pregunta no carece de intención y, de la
respuesta que se le dé, se pueden seguir líneas de
interpretación de nuestra historia diferentes y distantes.
Luis Vives era valenciano, por ello europeo, y esa, en su
tiempo y época, fue su manera de ser español. Sólo desde esa
concepción de la historia como síntesis no exclusiva de
todas y cada una de sus direcciones es posible una
comprensión amplia y generosa del pasado que ayude a tener y
poseer el presente propio de los valencianos.
Por ello, los valencianos en la historia tenemos nuestro
sitio y nuestro temple: nuestro Siglo de Oro, el siglo XV,
es crucial en la construcción de la Europa moderna. Y es
fundamentalmente nuestro, valenciano, pero sin exclusión de
todo aquello que compartimos con el resto de los españoles y
los europeos. Por ello su conocimiento debe serlo plural y
múltiple, amplio y ambicioso. Ausias March, Roïç de Corella,
etc., son parte indubitable de la cultura valenciana, así
como literatos sin discusión de la lengua valenciana.
Entonces Valencia era un reino y una potencia del
Mediterráneo, nunca una parte integrante de la hipotética
confederación de la Corona catalano-aragonesa. Entelequia
inexistente en la historia. No sólo existieron Bravo,
Padilla y Maldonado, los comuneros de Castilla contra la
política de Carlos V, aquí tuvimos las Germanías; no sólo la
revolución industrial catalana, también la valenciana aunque
más tardía y compleja, no sólo la Ilustración madrileña (por
española), también Mayans i Siscar (que, por otro lado,
siempre como es natural alardeó de ser un ilustrado español
amigo y contemporáneo de Olavide y Jovellanos); no sólo la
Reinaixença catalana, también la valenciana (un recuerdo
especial al respecto merecen Constantí Llombart, con su obra
Los fills de la morta-viva , y Teodoro Llorente, fundador de
LAS PROVINCIAS ), y así sucesivamente. Reivindicar, pues,
nuestra historia propia no es excluirnos de la historia que
compartimos con el resto de los españoles; es enriquecer la
historia que somos y la nación común que conformamos con la
diferencia y propiedad de nuestro modo de serlo: valencianos
orgullosos de su condición, su historia y su cultura
propias.
La cultura valenciana es nuestra. Los valencianos tenemos
que poseer absoluta claridad al respecto: también hemos sido
protagonistas culturales de nuestra historia. Nuestros
clásicos son nuestros. Son ellos los que bautizaron como
valenciana a nuestra lengua propia (así escriben Joanot
Martorell, Isabel de Villena, March, Corella, Roig) y por
eso los valencianos siempre hemos sabido que poseemos una
lengua propia llamada valenciana.
Nuestra cultura se expresó con justeza en los siglos
clásicos y lo siguió haciendo después. Esto no fue
contradictorio en ningún momento con que Vives escribiera su
obra en latín y nada de ello es óbice para hacernos olvidar
la cultura valenciana escrita en español; o sea, Guillén de
Castro, Miró, Gil-Albert, Azorín, etc.
Debemos sentirnos orgullosos de poseer una cultura bilingüe
que se ha expresado históricamente siempre en dos lenguas:
valenciana y española, que por ello ha sido fecunda
generadora de clásicos, vanguardias, espléndidos escritores,
magníficos poetas, ensayistas, etc. Esto es lo que hay que
defender culturalmente sin vehemencia, sin dogmatismo
alguno, pero con convicción profunda.
Los valencianos no debemos renunciar nunca a lo que somos.
Nos va en ello nuestro modo de sentirnos instalados en la
historia; la asunción inteligente y fructífera de nuestro
pasado y la construcción cultural de un futuro pleno, grande
y autónomo; el que nos corresponde libremente como
valencianos.
La cultura valenciana no puede, pues, ser subsumida como
epifenómeno menor o subordinado de ninguna otra
manifestación cultural, por muchos y especiales lazos
históricos que comparta con ella.
Si los valencianos, todos, estuviésemos unidos junto a
nuestra Generalitat, seguros de nosotros mismos, podríamos
recuperar cultural, económica y políticamente el esplendor
de nuestro siglo XV. De eso se trata.