JOAQUÍN COLOMARDE

 
 
   

 
  Data de Publicacio
22 de Juny de 2007
   
  Referencia
0001JCX
   
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Joaquín Colomarde
   
  Anteriorment publicat en,
Las Provincias
15 de Giner 2006
   
  Est articul lo hem deixat en castellà, que es com lo escrigue el seu autor
   
  Anar Arrere
   
ARTICUL
 
LOS VALENCIANOS EN LA HISTORIA
 
Los valencianos no debemos renunciar nunca a lo que somos. Nos va en ello nuestro modo de sentirnos instalados en la historia.

Los valencianos tenemos derecho a sentirnos orgullosos de nuestra historia propia. Sin exclusiones ni sectarismos de ningún tipo. Encuadrándola donde corresponde y sabiéndonos tan valencianos como españoles. Mejor aún: nuestra forma de ser españoles es ser valencianos. No hay otra, ni la ha habido nunca.

Por ello, podemos decir y sentar cátedra al respecto sin temor alguno a equivocarnos: los valencianos hemos sido protagonistas de una historia propia. Es por ello, por lo que la historia misma de España no puede entenderse sin la historia valenciana.

Creo que el asunto es de rigor máximo y de importancia suma, si queremos entender algunos de los problemas del tiempo presente. ¿Podríamos hablar, por ejemplo, de cultura española, y aun europea, sin referirnos a nuestro Luis Vives “Valentinus”, como gustaba de firmar su obra? De ninguna manera. ¿Es Luis Vives un patrimonio valenciano exclusivamente, o lo es también, y por ello, español y europeo? La pregunta no carece de intención y, de la respuesta que se le dé, se pueden seguir líneas de interpretación de nuestra historia diferentes y distantes. Luis Vives era valenciano, por ello europeo, y esa, en su tiempo y época, fue su manera de ser español. Sólo desde esa concepción de la historia como síntesis no exclusiva de todas y cada una de sus direcciones es posible una comprensión amplia y generosa del pasado que ayude a tener y poseer el presente propio de los valencianos.

Por ello, los valencianos en la historia tenemos nuestro sitio y nuestro temple: nuestro Siglo de Oro, el siglo XV, es crucial en la construcción de la Europa moderna. Y es fundamentalmente nuestro, valenciano, pero sin exclusión de todo aquello que compartimos con el resto de los españoles y los europeos. Por ello su conocimiento debe serlo plural y múltiple, amplio y ambicioso. Ausias March, Roïç de Corella, etc., son parte indubitable de la cultura valenciana, así como literatos sin discusión de la lengua valenciana.

Entonces Valencia era un reino y una potencia del Mediterráneo, nunca una parte integrante de la hipotética confederación de la Corona catalano-aragonesa. Entelequia inexistente en la historia. No sólo existieron Bravo, Padilla y Maldonado, los comuneros de Castilla contra la política de Carlos V, aquí tuvimos las Germanías; no sólo la revolución industrial catalana, también la valenciana aunque más tardía y compleja, no sólo la Ilustración madrileña (por española), también Mayans i Siscar (que, por otro lado, siempre como es natural alardeó de ser un ilustrado español amigo y contemporáneo de Olavide y Jovellanos); no sólo la Reinaixença catalana, también la valenciana (un recuerdo especial al respecto merecen Constantí Llombart, con su obra Los fills de la morta-viva , y Teodoro Llorente, fundador de LAS PROVINCIAS ), y así sucesivamente. Reivindicar, pues, nuestra historia propia no es excluirnos de la historia que compartimos con el resto de los españoles; es enriquecer la historia que somos y la nación común que conformamos con la diferencia y propiedad de nuestro modo de serlo: valencianos orgullosos de su condición, su historia y su cultura propias.

La cultura valenciana es nuestra. Los valencianos tenemos que poseer absoluta claridad al respecto: también hemos sido protagonistas culturales de nuestra historia. Nuestros clásicos son nuestros. Son ellos los que bautizaron como valenciana a nuestra lengua propia (así escriben Joanot Martorell, Isabel de Villena, March, Corella, Roig) y por eso los valencianos siempre hemos sabido que poseemos una lengua propia llamada valenciana.

Nuestra cultura se expresó con justeza en los siglos clásicos y lo siguió haciendo después. Esto no fue contradictorio en ningún momento con que Vives escribiera su obra en latín y nada de ello es óbice para hacernos olvidar la cultura valenciana escrita en español; o sea, Guillén de Castro, Miró, Gil-Albert, Azorín, etc.

Debemos sentirnos orgullosos de poseer una cultura bilingüe que se ha expresado históricamente siempre en dos lenguas: valenciana y española, que por ello ha sido fecunda generadora de clásicos, vanguardias, espléndidos escritores, magníficos poetas, ensayistas, etc. Esto es lo que hay que defender culturalmente sin vehemencia, sin dogmatismo alguno, pero con convicción profunda.

Los valencianos no debemos renunciar nunca a lo que somos. Nos va en ello nuestro modo de sentirnos instalados en la historia; la asunción inteligente y fructífera de nuestro pasado y la construcción cultural de un futuro pleno, grande y autónomo; el que nos corresponde libremente como valencianos.

La cultura valenciana no puede, pues, ser subsumida como epifenómeno menor o subordinado de ninguna otra manifestación cultural, por muchos y especiales lazos históricos que comparta con ella.

Si los valencianos, todos, estuviésemos unidos junto a nuestra Generalitat, seguros de nosotros mismos, podríamos recuperar cultural, económica y políticamente el esplendor de nuestro siglo XV. De eso se trata.

 
 
 
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