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A menudo se entroniza a la Universidad como cúspide de la
ciencia y el saber. Lo único que demuestra quien hace esto
es que no ha ido nunca a una Universidad, de lo contrario
sabría que se trata de un nido de pura y dura anticiencia.
Sin embargo, muchos creen que cualquier sandez salida de una
Universidad debe ser acatada como si fuera Palabra de Dios.
¿Pero qué es la Universidad realmente? Pues si no lo sabes,
te lo voy a decir yo. La Universidad es la institución que en su momento se mofó
de Galileo Galilei, Albert Einstein, Charles Darwin, Thomas
Alva Edison o Henry Schilemann, es la institución que
expulsó a Salvador Dalí no en una sino en dos ocasiones y en
la que Sigmund Freud tardó seis años en hacer una carrera de
tres. La Universidad es eso que abandonó Bill Gates en el
cuarto curso de carrera porque “no le estaba enseñando
nada”. La Universidad es esa institución anquilosada cuyo discurso
metodológico no se ha renovado en centurias. Los planes de
estudio son surrealistas, con asignaturas absurdas que nada
tienen que ver con el oficio y cada día se ensancha más el
abismo entre lo que ofrece la Universidad y lo que demanda
la empresa y el mercado laboral. Además, hoy hasta el más
zoquete puede acceder a la Universidad, basta simplemente
con un 5 de nota. La Universidad es donde las oposiciones están más amañadas
que una escopeta de feria, a menudo hechas incluso a la
medida, y para hacerte con la plaza se valora más una
afiliación al PSOE o al Opus Dei que los méritos académicos
del candidato. Y hay muchos profesores cuyo único interés
por la ciencia es explorar bajo las sábanas la anatomía de
sus alumnas. Determinados centros en vez de Facultades
parecen picaderos más bien. La Universidad es ese lugar en que los profesores no te
enseñan a pensar sino que te enseñan qué pensar, así que
muchas asignaturas son meras tapaderas de adoctrinamiento
político. Lo que piensa el profesor es correcto, lo que
pienses tú irrelevante. La respuesta correcta en el examen
es siempre la opinión del profesor. Se bastardiza la
libertad de cátedra al entenderla como el derecho del rector
a mangonear, colocar amigotes, etc. La historia nos revela que si el mundo ha progresado es a
pesar de las Universidades y no gracias a ellas. Los
profesores universitarios son los sofistas de nuestro
tiempo. Así que ya estará bien de alabar la supuesta ciencia
de una institución que no es sino un monumento a la
ignorancia y la incultura. ¡Más mentes libres y menos
lavados de cerebro! ¡Si los científicos de un país se
encuentran en su Universidad... entonces pobre país! |