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¿Se imagina que un alemán judío se
sintiera orgulloso de pertenecer a la Alemania nazi? ¿A un
sudafricano negro defendiendo la bandera de la Sudáfrica del
apartheid? Muy tonto debe ser alguien para amar a un país
que le odia por el solo hecho de existir. Lo que en otros
nos llamaría la atención no lo hace sin embargo en nosotros
mismos. Los valencianos estamos muy orgullosos de ofrendar
nuevas glorias a esta España que nos niega la lengua, que no
nos da ni una gota de agua y que poco a poco nos está
transformando en catalanes del Sur.
A ver si abrimos un poco los ojos. Porque
el catalanismo no viene de Barcelona, sino de Madrid. Ahí
van unos cuantos ejemplos de lo que podríamos denominar “catalanoespañolismo”,
es decir, catalanismo puro y duro que viene de una España
que se está destacando por su irredenta antivalencianía. La
Real Academia Española (española sí, no catalana no,
española), define el término “valenciano” como “variedad del
catalán, que se usa en gran parte del antiguo reino de
Valencia y se siente allí comúnmente como lengua propia”.
Eso la admirada RAE.
El Partido Popular (que tanto ama a
España) y el Partido Socialista Obrero Español (no catalán
no, español) han creado la Academia Valenciana de la Lengua
Catalana que dice que el valenciano no existe. Precisamente
gracias a esta academia creada por partidos españoles (no
catalanes no, españoles), el Tribunal Supremo (con sede no
en Barcelona no, sino en Madrid, la capital de España) ha
reestablecido la convalidación de los títulos de valenciano
y catalán, lo que implica que para este tribunal (español)
se trata de una única lengua y no de dos.
Y el rey que con su firma ha autorizado
un Estatuto de Autonomía que convierte el valenciano en
catalán es Juan Carlos I, el rey de España (no rey de
Cataluña no, rey de España). Ese mismo rey de España al que
nunca en 30 años de reinado hemos escuchado hablar a favor
de la independencia de la Lengua Valenciana (no digamos ya
decir unas palabras en valenciano). Y cuando no, tenemos a
manchegos y aragoneses (que no son catalanes sino españoles)
con su “ni una gota de agua para los valencianos”. Una
españolada detrás de otra.
¿Pero cómo puede alguien que se haga
llamar valencianista y que ame a su tierra amar a esta
España? ¿Ofrendar nuevas glorias a esta España? ¿Es que nos
hemos vuelto locos o qué, señores? España nos está
transformando poco a poco en catalanes del Sur y nosotros
orgullosos de nuestra españolidad. ¡Ver para creer! Hombre,
es que ya estará bien, coño. Aquí nos están dando por el
culo desde Madrid todos los días y nosotros ofrendando
nuevas glorias a quien nos niega la lengua y hasta el agua.
¿Es que no nos espabilaremos nunca o qué?
No es incompatible que un negro ame
Sudafrica. Pero sí que un negro antiracista ame la Sudáfrica
del apartheid. No es incompatible que un judío alemán ame
Alemania. Pero sí que un judío sionista ame a la Alemania
nazi. No es incompatible que un valenciano ame a España.
Pero sí que lo es que un valencianista ame a esta España que
se caracteriza por ser catalanista y antivalenciana. Y por
amar a España, por votar a partidos españoles, por querer
ser más españoles que nadie los valencianos acabaremos
siendo catalanes del Sur.
Ojo, que nadie se equivoque: en ningún
momento he defendido en este artículo una tesis
independentista. Quien así lo crea que lo relea y verá que
no he afirmado nada de eso. Lo único que digo es que una
cosa es ser español y otra español a toda costa, incluso al
precio de dejar de ser valenciano. Que una cosa es ser
español y otra ser gilipollas. Si no queremos ser la quinta
provincia de Cataluña tendremos que ofrendar más glorias a
Valencia y menos a España. De lo contrario, Valencia acabará
siendo una mierda catalana pinchada en un palo. |