RICARDO GARCÍA MOYA

 
 
   

 
  Data de Publicacio
21 de Decembre de 2006
   
  Referencia
0032RGM
   
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Ricardo García Moya
   
  Anteriorment publicat en,
Las Provincias
26 de Giner 1995
   
  Est articul lo hem deixat en castella, que es com lo escrigue el seu autor
   
  Anar Arrere
   
   
ARTICUL
 
VIRUS EN LA ACADEMIA DE LOS NOCTURNOS
 

Hay virus informáticos, y también --en la patología del régimen-- sida cultural. En 1988, sin ir más lejos, la Academia de los Nocturnos fue inoculada por Evangelina Rodriguez con virus procedentes de la institución Alfons el Megnánim de la Diputación del PSOE, contaminada a su vez del sida catalanero y, para mayor inri, sufragada con dinero del contribuyente valenciano.

En concreto, Evangelina y Canet y Sirera depositaron -camuflados entre conceptos y anotaciones- anticuerpos para hacer creer que los miembros de la valenciana Academia de los Nocturnos -activa de 1591 a 1594- usaron el catalán como lengua vehicular y literaria. Así, afirman que: "EI fundador de la Academia de los Nocturnos es autor de una autobiografía escrita en catalán" (Rodríguez, E.: "Actas de la Academia de los Nocturnos". Valencia 1988, p. 18). Aviesamente, como es habitual, propagan que: "Jaime Orts, concurrente a Ia Academia de los Nocturnos, escribió poesías en catalán (...) participó en las justas poéticas en honor de Sant Vicent Ferrer" (p. 26).

Pues ojo al dato, Evangelina: los miembros de la Academia de los Nocturnos defendían la lengua valenciana y no hubieran tolerado que ningún figurón los transformara en renegados del Reino de Valencia. Y podemos comprobarlo con la fuente citada por ella, concretamente con los escritos del certamen poético del año 1600 en honor de Sant Vicent Ferrer.

Comenzaremos con la opinión del doctor y canónigo Francisco Tárrega, dada la categoría del personaje. Según Evangelina: "su prestigio literario fue muy grande, convirtiéndose en el árbitro fundador de la Academia de los Nocturnos" (p. 28). Era el alma mater de los académicos, pero lo que opinaba Tárrega sobre la lengua no coincide con lo apuntado por la sandunguera Evangelina. Por ejemplo, cuando enaltece a Sant Vicent Ferrer lo hace por usar el santo la lengua propia, no la catalana: "Gran blasón de la Lengua Valenciana/ que en un tiempo todo el mundo la entendía/ lo mismo en nuestros tiempos sucediera/ si cada valenciano un Ferrer fuera" (Tárrega, F.: "Relación de las fiestas a San Vicente". Valencia 1600, p. 299).

Respecto a Jaime Orts -miembro de la Academia emporcado de catalanismo por Evangelina-aparte de la simpática lucha con poesías en valenciano con su amigo Melchior Orta, dedicaron otras a San Vicente ("Guardia molt be os dir / qualsevol ab veritat/ puix de orta, regne y ciutat/ sou lo patró y guardiá"); y -aunque Evangelina no lo tiene en cuenta aclaraban cuál era su lengua al especificar que eran "sonetos en castellano y valenciano" (p. 223).

La casi totalidad de poetas que vivían en Valencia en 1600 participó en el certamen, y siempre se refieren a la lengua valenciana, como en el soneto de Esteban Burgués (p. 253). La catalana era considerada inferior y extranjera, como es lógico. Los testimonios sobre el uso y denominación de la lengua son apabullantes. EI oriolano Francisco Martínez, participante en el certamen, anotaba años más tarde que en la capilla de Santa Ana de la catedral de Orihuela se pusieron "versos en Lengua Valenciana" (Martínez, F.: "Exequias". Orihuela, 1612, fol. 135) .

En los escritos catalanes --aparte de las diferencias sintácticas - no encontraríamos el léxico valenciano usado por los intelectuales y los escribanos de la Generalidad en el Barroco: milacre, hui, fortalea, medida, franquea, chiquet, ubert, y, chufa, huit, dumenge, u, archiu, chufes, bellea, eixir, pichers, deport, servici, sigle, etc.

Volviendo al tema ¿sabían que Cataluña jamás tuvo en el Barroco una institución tan prestigiosa como la Academia de los Nocturnos? La pobreza cultural de los condados no permitía un florecimiento similar al del Reino de Valencia. Era portentoso -como le pareció a Cervantes- la aparición en tan breve espacio cronológico de tantos escritores, poetas e historiadores: Timoneda, Guiilén de Castro, Virués, Rey de Artieda, Tárrega, Escolano, Miguel Beneyto, Gaspar Aguilar, Gil Polo, etc. Ahora -gracias a la pasividad del hierático- los ha engullido la Nación Catalana. Curiosamente, en los mismos años en que floreció la Academia de los Nocturnos disponía Felipe II de un intérprete, el marqués de Denia, "para traducir los escritos en Lengua Valenciana" (Arch. Corona Aragón. Cortes, leg. 1 .350).

Evangelina ha infectado la memoria de la Academia de los Nocturnos, deformando la realidad. Incluso en las notas sobre el poema que un académico dedica a Nuestra Señora de la Sapiencia, oculta lo más importante. Diserta sobre San Isidoro, Platón y el caballo Pegaso; pero es incapaz de decir lo fundamental: que era Patrona de la Universidad de Valencia. En 1988, las mesnadas del régimen felipista quemaban dinero público para eliminar su imagen del escudo universitario; pero aún quedan fuentes sin manipular, como el manuscrito de la Biblioteca .Nacional de Madrid, del siglo XVII, que contiene "versos en Lengua Valenciana: A la Mare de Deu de la Sapiencia/ Protectora de aquella Universitat" (BNM. Ms 3.746, f. 602) .

La sandunguera, al exponer los criterios de la edición, dice que "ha intentado mostrar el mundo cultural en el que estaban insertos" los poetas de la Academia de los Nocturnos (p. 51 ). Esperemos -si el eje paga otra edición-, que no mienta respecto al idioma que usaban nuestros leales antepasados.

 
 
 
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