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La llamada Constitución Europea, no es más que un simple
Tratado entre países. De hecho, bastaba votarlo en el Parlamento y nos
habríamos ahorrado el gasto. Zapatero no pretende que nos pronunciemos sobre
Europa, sino sobre él mismo. Y roza casi la ilegalidad al decantarse tan a
las claras a favor del “Sí”. Como presidente de los españoles debería apoyar
el voto sin más.
Caso español:
¿Por qué Zapatero se empeña en defender esta Constitución
y abandona la defensa de nuestros intereses representada mejor el Tratado de
Niza?
¿Por qué no dice que si vence el “NO” se seguirá
aplicando el Tratado de Niza?
¿Por qué no se nos dice que, en la práctica, Francia y
Alemania tendrán un poder de decisión casi absoluto (con la ayuda de un par
de países pequeños)?
¿Qué se esconde detrás de estas votaciones que, hasta el
PP, claro defensor de Niza hasta su salida del gobierno, cuando argumentaba
que teníamos mayor capacidad de negociación y decisión, hoy se apoye a uno
de los mayores enemigos que ha tenido España (padre del Tratado), como es
Giscard d’Estaing?
El Tratado de Niza, actualmente en vigor, elevó el
porcentaje de votos en manos de los países grandes y sobre todo el de
España, que pasó del 6% al 7’5% de los votos.
En Niza la mayoría cualificada se consigue con votos. Los
cuatro grandes (Alemania, Francia, Italia y Reino Unido) poseen 29 votos y
España 27. Esto hace que los votos españoles tengan casi el mismo valor que
el de las 4 grandes naciones antes mencionadas.
Si España mantiene los 27 votos; Italia, Francia y Reino
Unido, tendrían 41; y Alemania 54, sin contar que todos los países pequeños
ganan poder con respecto a España. Es decir, que perdemos todo lo ganado en
Niza (incluido parlamentarios), además de dejar de percibir fondos de la UE.
Así, la nueva Constitución Europea, establece un sistema
de doble mayoría: mayoría de población, más mayoría de Estados. Esto
significa que España es el que más pierde de los 15 Estados que había antes
de la última incorporación.
Esta es la realidad sin falsas demagogias, como la que
nos quiere vender el Secretario de Estado para la Unión Europea, Alberto
Navarro, cuando afirma que: “No concibo un escenario en el cual los
españoles den la espalda a Europa”. ¿ Y quién da la espalda a España?
Puedo entender las risas que les produce nuestro cambio
de posición a los presidentes de Alemania y Francia; lo que no comprendo es
la risa de Zapatero, ni la complicidad de Rajoy. Es más, me parece cuanto
menos paradójico que nos exhorten a votar casi ciegamente la Constitución
Europea, y se olviden de aplicar y defender la Constitución Española.
Caso valenciano:
Si lo hechos anteriormente expuestos son suficientes para
votar en contra, los valencianos, además, tenemos más motivos para ese
“NO”.La aprobación de la nueva Constitución, si es que finalmente se
produce, sellará el cadáver de la identidad valenciana. Desde Madrid no han
sabido ni querido respetar la legalidad constitucional, cediendo al chantaje
de Carod-Rovira, quien amenazó con tumbar los Presupuestos Generales del
Estado si no se unificaba valenciano y catalán, en el memorando de Moratinos,
sin importarles el vulnerar el ordenamiento jurídico español.
Si el Consejo de la Unión Europea aprueba el memorando,
el valenciano pasará a estar definido como el mismo idioma que el catalán.
Además (que esto no se dice), serán ellos, es decir los catalanes, los que
reciban y administren todos los fondos para promocionar y expansionar el
“catalán”. No teníamos suficiente con las subvenciones directas de la
Generalitat Catalana al pancantalanismo en Valencia, ahora contará con
fondos europeos. Y el resultado (por unificación normativa vinculante), del
reglamento lingüístico será que, para todos los países que forman la UE,
incluida España, “la lengua valenciana como tal no existirá, confundida con
la catalana”. Y si, como dice el Secretario de Estado para la Unión Europea,
“la aprobación de la nueva Constitución, facilitará que Bruselas de el visto
bueno al memorando sobre la diversidad lingüística y se apruebe antes de
junio”, aún tenemos más motivos para rechazarla.
Por otra parte, el Presidente de la Generalitat Catalana
ahora sí que refrenda con entusiasmo la nueva Constitución (amenazó con
votar en contra), tras conseguir imponer su criterio de unidad lingüística a
El Consensuado, contra todos (el pueblo valenciano) y todo (el Estatuto de
Autonomía y la Constitución) razón más que suficiente para que nos opongamos
a su aprobación.
En definitiva, no se puede aceptar una Constitución
Europea auspiciada por los que se burlan de la española, que además ampara
el chantaje de un partido minoritario que negocia con ETA para que no
atenten en su territorio (aquí no valía lo de Països Catalans) e interfiera
en los asuntos propios de los valencianos. Por desgracia, el “NO” es una de
nuestras últimas oportunidades de hacer oír nuestra voz, tanto en España,
como en Europa. |