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Al regreso del estival exilio sintonizo la academia de catalán
Canal 9 y, estupefacto, veo una especie de meló d´Alcher en
dents de conillet que fingix defendre la llengua valenciana en
el parlament autonómic; pero el homenet, ademes de parlar en la
preposició catalana "amb", amaga que'1 PP d'Apocalipsis Camps
seguix imposantmos el catalá en coleges , Administració y mijos
de comunicació. Estos sanguangos fan lo mateix que faria
l'arriot Carod Rovira. Per eixemple, la web "Buscam'm.
Generalitat Valenciana" mos advertix que es "imprescindible"
per al que vullga ser funcionari el estudi de llibres del IEC.
Siguiendo el consejo de Apocalipsis consulto la voz "arriot" en
los diccionarios catalanes de su web. Allí, en el Alcover, leo
que significa "asno gordo y hombre grosero", siendo voz
mallorquína (¡uuum!, ¿no fue horneada esta ensaimada por el
pastelero Sanchis Guarner en Mallorca?) ¡Ojo! No debemos
ingerir la cicuta idiomática de Apocalipsis Camps. Para
empezar, "arriot" es creación del idioma valenciano, aunque
proceda de "arri", voz prerromana de padres desconocidos que
pululaba desde Italia hasta las mezquitas del integrismo
marroquí. Mientras que el arriot supuestamente mallorquín
aparece en el siglo XIX, el polisémico arriot valenciano
("estaca", según Escrig) lo documentaba Peñarroja en 1611. ¿Pudo
llegar con los emigrantes mallorquines tras la expulsión de los
moros en 1609? No, ya que era anterior en valenciano, como
demuestra el proceso celebrado en Oriola en 1603 contra Pascual
Almodóver "y els quatre arriers" que, mediante un "billet scrit
per lo Notari als Justicia y Jurats de Oriola", debían llevar "uns
arriots carregats de forment y civada a Oriola" (AHO, Llib.
2236, 16 setembre 1603). Tanto "arriot" como "arrier" eran voces
valencianas creadas a partir del preexistente arri (y variables
urri, arre, etc.), usual en viejos textos italianos, castellanos
y franceses (Rabelais, hacia 1530, aún usaba "arri"; y Lope de
Vega escribe urri por el 1600). El sagaz Coromínas reconocía
que "arrier" era sólo valenciano, no catalán; aunque lo
consideraba "recent" (DECLLC), pero ya vemos que en 1603 estaba
arraigado. Nos hallamos cercados por una plaga de filólogos fascistas que
manejan el idioma como arma del expansionismo catalán, aunque
los celos entre ellos venteen su hediondez. Así, en relación
al tema, hagan un esfuerzo por entender esta denuncia de
Corominas contra el diccionario Alcover que recomienda
Apocalipsis Camps: "Es un error de Alcover poner en el artículo
arriot un hápax con significado de burla o jarana que encuentra
en un libro de Pous i Pagés, y a base de ello decir que la voz
balear arriot se pronuncia tal o tal en los dialectos oriental,
resellonés y occidental, donde no ha existido jamás en absoluto.
En el libro de Pous se trata de una variante poco conocida y
sin comprobar de "riota", derivado de reír y sin relación con
aquello" (DECLLC). Hasta aquí la cita del Corominas. Es decir,
que Alcover y Sanchis Guarner localizaron en un libro de 1904
-escrito por el colaborador del Avenç y protofasciata Pagés- la
voz "arriot", a la que atribuyeron valor de hápax (palabra que
se documenta una sola vez), cuando en realidad valía menos que
un tampax usado, al ser vulgarismo derivado del catalán "riota"
(carcajada, en castellano; "carcallá", en valenciano). Con el
valioso hápax como banderola, Alcover y Sanchis Guarner
comenzaron a disparatar -según denuncia Corominas- y a inventar
que arriot se pronunciaba de tal o cual manera en Lérida,
Barcelona, Perpinán, etc. Todo era fantasía fascistoide. Se
equivocó Alcover, sí, pero también patinó Corominas al
desconocer que "arriot" era voz valenciana que, como otras
tantas, se incorporó al mallorquín siglos después, quizá por
las relaciones entre los emigrantes del Reino de Mallorca
llegados a Valencia hacia 1617. Muchos eran marineros y
pescadores que, con sus barcos, mantendrían contactos con los
familiares que dejaron en las islas. Por cierto, "arriot"
también figuraba en el Llibre del Mustasaf d'Elig. Los
disparates de Alcover, Sanchis Guarner y Corominas no son
excepciones. Por todas partes aparecen asnos o arriots con
birrete diciendo mil sandeces que, casualmente, adulan a
catalanes y denigran a valencianos. Así, la parnasiana revista
Insula dedicaba este verano un erudito número a "Las letras en
tomo al trono" en la época de Isabel I (1451-1504), donde
citaban al papa Borja ocultando su valencianía, pero destacaban
que el catalán "Pere Miquel Carbonell pasa a convertirse en
bibliotecario de Alejandro VI; escribe en catalán" (Codoñer, C.:
Insula, Agosto 2004, p. 4). Esta codonyera catedrática ignora
que el archivero Carbonell jamás salió de Barcelona y, por
ende, no pudo regir la biblioteca romana del lujurioso
pontífice. El no menos áureo Diccionario de Literatura Popular
Española (Salamanca, 1997), obra colectiva de sesudos
catedráticos universitarios, también relincha al tratar sobre
la literatura popular barroca: "Coloquio. En valenciano: col-loqui,
col-loquier" (p. 63). ¡Qué cuadrúpedos son! Jamás ha existido en
idioma valenciano la puñetera grafía del puntito y la ele
geminada, gilipollez barcelonesa que llegó a lomos de los
floralistas de fines del XIX. (Por cierto, en el citado
diccionario colabora la procelosa Evangelina Rodríguez). ¡Y qué
me dicen de la Historia de España de El Mundo! Mejor sería
llamarla Historia fantástica de Cataluña. En el tomo regalado,
el 5°, además de usar ilustraciones catalanas, está plagado de
putaditas hirientes: hablar de "payeses" valencianos (p. 214);
cambiar a San Vicent Ferrer por el catalán "Vicens" (p. 552),
Giner Rabaça por Gener (p. 88), etc. También dicen que consumíamos fideos llegados de Italia (p.
198). ¡Cómo rebuznan estos tíos de El Mundo! Ignoran que éramos
fabricantes de fideos en el siglo XIV y que el sustantivo "fídeu"
fue creación del idioma valenciano y de procedencia mozárabe;
luego pasó al castellano, portugués, catalán, italiano, etc.
(Lo reconoce hasta el mangante Corominas: DECLLC, t. III, p.
1014). Es delirante. ¿De dónde saca El Mundo la existencia de
un "florín catalán" (p. 62) en la Edad Media y Renacimiento?
Hasta la fecha nadie ha encontrado ninguna pieza acuñada donde
aparezca el nombre de Cataluña en tales siglos. Y todos callan
ante estas agresiones. Quizá esto explique que la gente "progre"
desprecie hasta su nacimiento en Valencia, como hace la
grasienta escritora Lucía Etxebarría en El Mundo, cuando
reafirma que "nació casualmente en Valencia, pero vitalmente en
Bilbao, 1966". No la voy a llamar arriot, aunque no sé por qué
la apodaron en el colegio "Lucía la Puta" (p. 39) y, su propia
hermana, "comenzó a llamarme Mariquita" (sic), según confiesa la
bilbaína de Valencia. Ya lo ven, Apocalipsis Camps baila alegre
la danza macabra del Reino junto a Inmersiomán Pons, mientras
nos destruyen los arriots, filólogos fascistas, mariquitas y
melons d'Alcher. |