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En Hostalets de Pierola han encontrado un ancestro
humano que vivió hace unos 13 millones de años, según señala la revista
Science . El hallazgo hace de los restos el “eslabón perdido”. El tránsito
entre el mono y el hombre no se ha descubierto en Etiopía o Siria, donde por
cierto el alcalde de esta ciudad catalana, Pere Barbado, había excavado,
dado su (que casualidad) condición de arqueólogo, mismo oficio (otra
casualidad), que su concejala de Cultura, Judith Llopart. La importancia del descubrimiento que, “por suerte, apareció en los primeros
movimientos de tierras”, según precisa Barbado, va a hacer de dicha
localidad catalana un referente turístico y de peregrinación, como ocurría
en la Edad Media con las reliquias religiosas que trascendían lo meramente
espiritual para pasar a convertirse en auténticos zocos sujetos al mercadeo
del populacho. De hecho, el propio municipio ya está pensando en vender
camisetas estampadas con los ojos de Pau (nombre que le han puesto a este
Pierolapitecus, además de Catalaunicus, para que todos sepan de su origen
catalán) y la leyenda “una mirada de 13 millones de años”. O mucho me equivoco o este sorprendente y lógicamente casual hallazgo,
además de contar con todas las bendiciones de los paleontólogos de la zona,
recibirá el respaldado de los filólogos del Institut d’Estudis Catalans
(IEC). Esto dará pie a hacer un nuevo congreso de la lengua catalana sin tener que
recurrir a los clásicos valencianos (cosa que machaconamente aportan ante la
carencia de sus propios autores). Ahora, con toda seguridad, basándose
siempre en la ciencia, claro, demostrarán con el cien por cien de garantía
que este ancestro hablaba catalán. No por casualidad, aducirán que la
mandíbula de este mono tiene una posición que determina y facilita la
pronunciación de los vocablos que este buen mono emitía, que de seguro eran
catalanes. Estos eminentes filólogos deducirán –eso sí, después de innumerables
reuniones–, no la lengua que hablaba –eso está claro, catalán–, sino el
sonido que Pau profirió en el momento del óbito: noi, doncs, tothom. Estoy
totalmente convencido de que una vez esto se produzca, tanto Carod-Rovira
como Maragall, además de exigir fondos públicos de la Administración central
con los que poder construir un gran museo para su exposición, le sugerirán a
Zapatero que, si quiere contar con sus próximos apoyos, declare en todos los
organismos mundiales que el primer humano era catalán, hablaba catalán y se
llamaba Pau. |