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¿Que la humilde umbelífera no es ave canora? Cierto, pero canta
y mucho en el códice Carbonell de la catedral de Gerona, dentro
del cual se ha descubierto en el siglo XX un tratado de
barbarismos que, casualmente, rellena el casillero vacío de
este género en lengua catalana. Pero el manuscrito “Regles de
esquivar vocables”, presuntamente del año 1492, contiene
anomalías que apuntan hacia la plumilla artesanal de algún
hábil paleógrafo coetáneo de Pompeu Fabra, que imitó la
escritura del cronista catalán Carbonell.
¿Por qué canta el perejil en las Regles? Muy sencillo. Si nos
venden el Nacimiento de Venus de Botticelli con la imagen de
Rita Barberá de taconcitos y sonrisa de poliuretano, ¿creerían
que es del quatrocento? Igual sucede con la regla 181 del
manuscrito, “juhiverd per dir juliverd”; donde se opone la
vulgar “juhiverd” a la culta “juliverd”, olvidando que estas
grafías no existían en el siglo XV. En tales calendas los
paleógrafos han documentado jolivert, juhivert, julivert,
juyvert, julvert,. etc. No existe Joliverd ni como apellido,
mientras que perduran Julivert y Jolivert. Si las Regles fueran
coetáneas, debieran reflejar una de estas variables, bien como
vocablo rechazable, bien como modelo culto. Por el contrario, el
manuscrito sólo muestra la forma fabriana que comenzó a
imponerse en las cercanías del 1900.
La Universidad de Valencia, máxima productora de basura en y
para la implantación de catalán, no repara en estos detalles y,
con dinero público, edita libros a teloneros de la Universidad
de Barcelona, como Albert Rico y Joan Solá, (Rico, Solá:
Gramática i lexicografía catalanes. Universitat de Valencia,
1995) Este par de genios lexicógrafos no se entera ni papa del
asunto, atribuyendo en el panfleto las falsas “Regles de
esquivar vocables” al valenciano Fenollar y al catalán Jeroni
Pau, cuando esta autoría del manuscrito está descartada e
incluso ridiculizada por santones como Badía i Margarit o Martí
de Riquer.
Para comprender el fraude, aunque sea monótono, hay que comparar
la terminación del vocablo perejil en documentos anteriores,
coetáneos y posteriores a 1492: “juyvert” (Vilanova, h. 1305);
”julivert” (Eiximenis, a.1383); “jolivert” (Tirant,1490);
“jolivert” Gasull, 1496), ”julivertada”(Pou,. 1575), “jolivert”
(Sanelo, 1805), “jolivert” (Escrig: Dicc.1887), “jolivert”
(Martí Gadea, 1908), “chulivert” (Corominas, DCECH), “jolivert”
(Dicc. Real Academia Valenciana, 1997). Ahora comparen con la
regla supuestamente escrita en 1492: “juyverd per juliverd”
(Regles de esquivar vocables, ¿a. 1492 ?).
Alguien pensará que Carbonell era un latinista refinado que
escribía con d el adjetivo del compuesto (joli + vert) por
respeto al étimo viridis. Tampoco es válida esta razón, pues el
cronista escribe vert en fechas posteriores a la de su
supuesta regla (Carbonell, Pere Miquel :Croniques de Espanya,
h.1497), igual que hacían todos los escritores coetáneos: “vert”
(Llull, h.1300); “vert” (Ll.de cuina, h.1370); “vert” (s.V.Ferrer
h.1408); “vert” (Mre. Joan, a. 1466); “vert” (Inv.Palau Real
Valencia. 1458); “vert” (Corella h.1480); “vert” (Martorell
1490); “verts” (Roig, a.1460) “vert” (Pou,1575); “vert” (Beat.
Tomás de Villanueva, 1620); “vert” (Tormo,B. 1760); “verts”
(Martí Gadea, 1908); “vert” (Dicc. Real Academia Valenciana,
1997)
Las falsificaciones, sean de un Rembrandt o de un billete de
lotería, se confeccionan con rigor máximo, pero siempre hay
perejiles que cantan. La regla 143 opone “maixcarat per mascarat”,
pero en el XV no era conocida la palabra censurada. Aparece en
algún texto valenciano del siglo XVIII y se populariza hacia
1900 con autores como Martí Gadea.
La 163 condena “punxor per dir punxó”, cuando la r final no era
problema en 1492. La controversia que el falsificador silencia
es la penetración en Cataluña de la morfología valenciana con
ch, “punché, punchons”, habitual en documentos valencianos del
XV (Badla,1999, p.303). En la misma Barcelona, en los años en
que Carbonell era una autoridad cultural, se mostraba la
oposición morfológica entre la grafía catalana con x y la
valenciana con ch, como comprobamos en la edición del Nebrija:
“punchar ab punxó” (Busa. Neb. 1507). En el enrevesado
laberinto ideado por el falsificador, finge que el medieval
Carbonell atribuye a Fenollar esta regla, olvidando que el
valenciano escribía con ch: “no punchen” (Lo procés, f.22)
También Pou adoptó la palabra valenciana “punches” (Th.1575).
Si fueran auténticas, Carbonell hubiera hecho constar la
controversia sobre el vocablo.
La regla 236 también canta, “Aufegar per offegar”. La variable
aufegar sólo supuso un incordio para la lengua catalana a fines
del siglo XIX, cuando los sainetes en lengua valenciana se
representaban en Cataluña o, impresos, eran leídos por la
burguesía barcelonesa. La 132 rechaza escribir “Gyrona per
Gerona”. Estas reglas, recordémoslo, en teoría fueron razonadas
por el catalán Carbonell y su primo, el humanista catalán Jeroni
Pau. No obstante, para desgracia del falsificador, en las
“Croniques de Espanya” que Carbonell comenzó a redactar
supuestamente en la misma fecha que las reglas, no usa más que
la proscrita Gyrona. La 136 dice “Mallorca per Mallorques”. El
falsificador no se enteró de la sutileza toponímica de
Carbonell, el auténtico, que diferenciaba la “ylla de Mallorca”,
en singular, del conjunto territorial del archipiélago, “Mallorques”.
Ambos ejemplos léxicos constan en un mismo párrafo de la
Crónica (t.II, ed.Barcino, p.98)”.
Podríamos dedicar 100 folios a los anacronismos de esta
falsificación, pero no queda espacio. Falta conocer también la
turbia historia del manuscrito, con gato encerrado; y la
personalidad del misterioso falsificador coetáneo de Pompeu
Fabra. Algo que sabrán en el próximo articulo, si el Diario de
Valencia tiene la paciencia de publicarlo. |