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Los empresarios catalanes, en general, y los del cava, en particular, aún
tienen clavado en la memoria y en el bolsillo el boicot a los productos
catalanes que tuvo su inicio, entre otras cosas, en los exabruptos o
rebuznos de Carod-Rovira en relación con el boicot que proponía a la
candidatura olímpica de Madrid. De ahí que los principales productores de
cava catalán hayan exigido al candidato del PSC de la Generalitat catalana,
José Montilla, que “nadie grite contra España”, al menos hasta que acabe la
campaña navideña. No hay que olvidar que el mercado español supone el 60% de
las ventas del cava catalán, y otra campaña como la del año pasado, donde
prácticamente lo tenían que regalar en los supermercados, no lo podrían
soportar. De continuar el boicot, el producto estrella de las celebraciones
puede acabar convirtiéndose en un fertilizante de dudosa utilidad.
Los madrileños hicieron suya la campaña de boicot que acertadamente les
pasamos los valencianos; a los del centro también les va hacer todo suyo (el
himno y la bandera de España, por ejemplo). Los valencianos llevábamos
demasiado tiempo oyendo y sufriendo las coces que determinados personajillos
catalanes o catalanistas lanzaban contra todo lo valenciano. En los últimos
tiempos hemos tenido que soportar, además, que nos negaran hasta el agua.
Porque no hay que olvidar que para algunos la pela es la pela y, cuando
intentan negar la identidad propia del valenciano, están pensando en euros.
Las grandes editoriales son catalanas y, si unifican la lengua, se
beneficiarían de un mercado único.
Otro de los motivos que agudizó, más si cabe, el boicot hacia los productos
catalanes es cuando tuvimos que soportar la frase lapidaria “a los
valencianos, ni una gota de agua”, que se ha convertido en una sentencia
para nuestras tierras secas y para el desarrollo de nuestras
infraestructuras. Negándonos el agua insolidariamente vuelven a intentar
paralizar una sociedad que, con el único recurso de su dinamismo e
imaginación, adelanta a otra que se caracteriza por vivir de la subvención
centralista o del chantaje. ¡La pela es la pela!
Pero si creíamos que los catalanes ya habían intentado rentabilizarlo todo
en su propio beneficio, ahora nos amenaza el clon del hipotecario Montilla,
y el nuevo ministro de Industria, Joan Clos, con autorizar los sondeos
petrolíferos en la Albufera, lo que significaría además de destrozar el
mejor patrimonio medioambiental de la Comunitat Valenciana, descabalgarnos
como destino turístico, en beneficio, cómo no, de Cataluña. ¡La pela es la
pela! Seguramente algunos me tratarán de radical –viene de raíz, por lo
tanto lo soy–, pero personalmente no es que vaya a continuar con el boicot,
es que voy a hacer lo mismo que llevo haciendo más de 30 años: potenciar los
productos valencianos por encima de todo, y cuando no pueda ser así, buscar
alternativas no beligerantes con nuestra tierra. Quizás así, tocándoles la
pela, aprendan a respetar a sus vecinos. |