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Los conflictos, sean en Iraq o Rusia, dejan poso léxico. La
Revolución de 1917, por ejemplo, incrementó la onomástica con
nombres alejados de la hagiografía. Los equipos Lokomotiv y
Dínamo son huella de aquel entusiasmo por la mecanización,
sentimiento que compartía el padre de Electrina, protagonista de
“La bolcheviquí del Carme”, comedia de Peris Celda. Ambientada
en 1932, un vecino murmura: “Electrina ¡quín nom...! Les idees
de son pare l’han fet ser lo qu’ella no mereixia” (p.7). La
militancia republicana de “esta bona chica de 20 anys”, le hace
rebautizar los “Jardins del Real” como “del Quinset” (p.13).
Aparte de la “noblea y franquea de cor” (p.25) de Electrina, sus
ideas le acarrean un sobrenombre: “Aixina me diuen. La
bolcheviquí del Carme” (p.26). El adjetivo ‘bolcheviquí’ se
documenta en idioma valenciano en 1919, a pocos meses del
fusilamiento de Nicolás II. En una historieta del Pensat y Fet,
el “bolchevikí” aparece como un tipo siniestro que exige sitio
en un pajar repleto de inquilinos: “Ya allí no’n cabíen més /
cuant se presentá un intrús / exigint li feren puesto / pues era
bolchevikí..., y rus” (Pensat y Fet, 1919). El uso de k, como en
Lokomotiv, era un intento de caracterización morfológica del
cirílico; pero ya Peris Belda, en 1932, muestra “bolchevic,
bolchevica, bolcheviquí” con la grafía valenciana de lá RACV
(no la catalana “bolxevic” de la AVL). Lejos de la gestación de neologismos y cultismos en condiciones
normales, en las trincheras surge un léxico cercano al argot. En
1938, entre zambombazos, eI verbo marcelinear, por ejemplo; se
extendió por el frente: “La Marcelina valenciana era un
auténtico paraíso culinario..., marcelinear se decía por darse
la gran vida” (Serrano:
Dicc. para un macuto, p.491); otra voz era ‘peloches’, alusivo
a las mujeres rapadas como represalia. El idioma valenciano era
idéntico en los dos bandos. En un poema de la revista “Ofensiva”
(gracies per la informació, Ricart Pla), un valenciano de
Alicante alterna los “¡Vixca el Poble, vixca Rusia!” con halagos
a “Alacant, terra de hospitalitat”, y alusiones al enemigo: “y
hui, que el fascisme u vol” (Boletín de la 18 Brigada Mixta, 27
de marzo de 1938, v.13). Este soldado, si viviera en el 2003, se
encontraría con la mascota del IEC, la AVL, que le obligaría a
usar el catalán ‘feixisme’. Ademés, tota la brigá de millonaris
filólecs del ¿quína subvenció me’n dones hui?, li tacharien
d’incult per escriure estes coses: “...els antifascistes, dins
del gran Front Popular. Que no te arredren els negres pardals
dels fascio brutal” (ib.1938). Esta poesía de trinchera ha sido
estudiada gracias a instituciones americanas: The Graduate
School of the University of Minnesota, Institut for the Study of
Ideologies and Literature (Minneapolis), etc. En sus
bibliotecas, aparte de las hornadas catalaneras que remite el
eje del mal CiU-PP, los investigadores observarán el léxico
valenciano del poeta antifascista: “vixca, sanc del poble,
chagant, placha, nosatros, ya ha triunfat, admitixes, seguix,
homens sufrits…”. Aunque asesinado en 1936, el diari de Andrés Ivars muestra la
lengua valenciana de los que el brigadista consideraba enemigos
(Ivars era apolítico). Escrito con lápiz, describe sus últimos
días en un idioma que, aunque más culto, es el usado por el
combatiente republicano: “als fascistes, llixc, telefonejar,
vestixen, prometixc, comuniste, desamparats...” (Ivars: Diari,
1936). Respecto al poema del brigadista, el profesor Antonio
Ramos lo incluye en el Romancero del Ejército Popular, siendo
el romancero un casillero literario donde el idioma valenciano
estuvo bien representado desde antes de Timoneda. El erudito Don
Julio Caro Baroja, en su caserío de Vera de Bidasoa, conservaba
obras de literatura valenciana de este género, diferenciándola
de la castellana y catalana. El sabio, al tratar el tema, usa la
voz valenciana en “Romanços de cego” (no el “cec” catalán de la
AVL), destacando las ediciones en imprentas valencianas de
obras en “castellano y valenciano” (Ensayo sobre la literatura
de cordel. Madrid, 1990. p.33). En el mismo párrafo recuerda las
ediciones castellanas “de Barcelona, pese a que mucho de lo que
salió de sus prensas está en catalán” (p.33) Este diferenciar
entre valenciano, castellano y catalán no lo podía exponer Don
Julio cuando leía conferencias en Barcelona. Literatura prebélica es la comedia Electrina, donde los
proletarios (tranviers, mataIafers,...), comienzan a usar voces
de la mecanización que, poco a poco, acomodaban su morfología a
la lengua valenciana. Así, hacia 1870, de los ingleses ‘tram’ y
‘way’ aparece el calco ‘tramway’ en francés, valenciano,
castellano y catalán; exótica grafía que pronto, en idioma
valenciano, desechó la bilabial ‘m’ y tradujo ‘way’ por ‘via’.
Ya en 1894, el comediógrafo Llorenç Fuster dejó testimonio
literario de su presencia: “está pasant el tranvía” (Fuster: El
nano de la falla, 1894 ). Medio siglo después, en Electrina
figura consolidado el sustantivo en boca de socialistas y
comunistas valencianos: “tranvies y autobusos” (p. 21); así como
en la prosa culta del investigador fray Andrés Ivars, nacido en
Benisa: “he anat a Serrano a pujar en el tranvía” (Diari, 22 de
juliol, 1936). Por tanto, “tranvia, tranvies” es el sustantivo
adoptado libremente por nuestros antepasados, herencia que no
gusta al eje CiU-PP. Con nocturnidad, mientras Iraq era una falla, los cartelistas
de la Generalidad del PP han llenado todo Alicante de
gigantescos carteles donde aparece escrita con enormes
caracteres la palabra catalana ‘Tram’. Aquí, ningún valenciano
hablante sabe qué significa ‘tram’, pero la Generalidad
-quemando millones que faltan en Sanidad o Geriatría-, se ha
propuesto incrustar en nuestro cerebro la voz catalana ‘tram’,
que es como llaman en francés y catalán “als tranvies”. Los
carteles del ‘Tram’. Generalitat Valenciana” los han situado
cercanos a los del candidato Camps, buscando un fin electoral
que pagamos todos. Los anclajes de los carteles, estructuras
militares, están preparados para que efectúen su colateral tabor
lingüística 5 ó 10 años, suficiente para que se olvide el
valenciano “tranvia, tranvies”. Los carteles incluyen nombres
catalanizados de las paradas, como la de ‘Carrabiners’.
Documentada la voz ‘carabina’ en idioma valenciano antes que en
catalán -procedente del francés ‘carabine’-, jamás mostró la
vibrante múltiple ‘rr’, aunque vacilara entre bilabial y
labiodental: “caravines” (Esteve, Fray Perez : Poesies contra
els micalets, 1651); “desparessen caravines” (Sacro Monte.
Valencia 1687); “carabina, carabiner” (Escrig: Dicc.1851);
“carabina, carabiner” (Fullana: Voc, 1921); “una chica ab una
carabina” (Ivars: Diari, 21 juliol 1936); “carabina, carabiner”
(DRACV. 1997). Sin miramientos y con nuestros impuestos, la
Generalidad de Inmersiomán, la hermanita del Cipriano y su
marido, etc., está culminando el proceso de catalanización
soñado por Prat de la Riba. |