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EI truco es simple. Los del Instítut d'Estudis Catalans, para
que en Bruselas ignoren al valenciano, recogen nuestro léxico y
lo introducen en sus diccionarios; de este modo enriquecen su
idioma y liquidan el nuestro. El botín más copioso lo ha
obtenido últimamente el doctor Corominas con su Onomasticon
Cataloniae, al capturar los nombres valencianos que se le ponían
á tiro, sin importarle el origen griego, latino, mozárabe y
árabe de los mismos; o que fueran anteriores a la existencia del
principado sin príncipe. Es el caso de los topónimos de Albalat
dels Sorells, de la Ribera o dels Tarongers.
Armado de agresiva prosa (y criticando al arabista valenciano J.
Ribera) da a entender que es inútil disentir de su opinión sobre
Albalat. Pero no es tan fiero el león como lo pintan, pues, sin
ir más lejos, desconoce el doctor Corominas que albalat era el
nombre valenciano de una planta que, quizá, pudo influir en el
origen de los topónimos citados. (En todas las lenguas, la flora
dio nombre a poblaciones: Formentera, Palmera, Pinet, etc.) Así
que, dejando textos inmersores, pasaremos a la documentación
foral.
La acción se sitúa en 1612. EI P. Simón fallecía en Valencia a
la simbólica edad de 33 años, celebrándose exequias en todo el
Reino. Hasta en la Catedral de Orihuela se exhibieron "versos en
Lengua Valenciana". (Martínez, F.: "Exequias del V. Simón".
Orihuela 1612, f. 50) alusivos al sacerdote. También la
Universidad de la Virgen de la Sapiencia celebró honras por el
P. Simón, con "romances en Lengua Valenciana". (Salcedo, D.:
Breve relación. Segorbe 1614, p.193.) Y es en esta crónica de
Salzedo donde se incluye una composición que describe, en
primera persona, un paseo por las frondosas orillas del Turia,
donde crecía el "albalat" sin el hormigonero entorno del "Vetges
Tu".
Nuestro antepasado comenta que "ani un poch a divertirme,
conforme tinch de costum. Ixquí per lo Portal Nou y avallí per
prop del riu" (p. 193). Con sentido del humor y en soledad, "com
lo junch, poc a poc, men aní riu amunt". Meditabundo, se sienta
"en la voreta, en una pedra a mon guts". EI popular romance hace
gala de un valenciano de equilibrada expresión y gran
simplicidad morfológica y sintáctica. Era una lengua madura, con
el Siglo de Oro como bagaje (aunque Bruselas lo ignore).
Lìbre de catalanismos que corrompen el valenciano con postizas
complejidades gramaticales, los versos son de lectura agradable,
sin sobresaltos del indigesto mechado de TX, SS y TJ, o los
barceloneses guioncitos en consonantes geminadas. Tampoco
aparecen los enclíticos aislados y demás parafernalia del
Institut d'Estudis Catalans. Por ejemplo, el poético paseante
escribe "per Ilevarme" (por quitarme), sin la cursilada fabrista
de separar infinitivo y pronombre. Norma que agradece el lector.
EI paseante observa "los peixos tirant estufs" y escucha trinos
de la "calandria, lo canari y la cadernera entre les rames";
pero, especialmente, goza de las plantas que rodean el cauce del
Turia: "Lo trebol, lo poliol, lo albalat, lo almoraduix y lo
mandastre" (p. 195).
Tras el prohibido "lo" surge el nombre de esa planta, el "albalat"
-vecina del poleo, la mejorana y la menta- que Corominas
desconoce, a pesar de la tropa de inmersores que le ayuda en su
cosecha en campo ajeno. EI etimólogo divaga en el Onomasticon
sobre los Albalat valencianos, asociándolos a losas, caminos,
pavimentos y naves de templos; pero ignora, ¡vaya fallo!, la
existencia de este espécimen de la flora regnícola.
En fin, los ríos siempre inspiraron a los poetas: el Tajo, en
épica prosopopeya de Fray Luis de León, habla al rey Rodrigo;
Herrera canta al Ebro; el Pisuerga es loado por Gutierre de
Cetina y, para Góngora, es "citara doliente"; el sevillano
Francisco de Rioja llamaba al Betis "gran lustre de Occidente".
A nuestro Turia tampoco le faltaron octavas reales y cuartetos
sublimes; aunque el popular romance que nos ocupa tiene el valor
de testimoniar la existencia de la lengua valenciana en 1614 y
del botánico nombre "albalat", para agobio del citado etimólogo.
EI anónimo poeta, si viviera en 1996, sería acusado por los
inmersionistas de inventar el idioma. Cuando escribe, por
ejemplo, "grandea, servixen y ventacha" (no "grandesa, serveixen
i avantage" com los de Canal 9), utiliza la lengua viva, culta y
literaria del Reino a principios de barroco. Saboreen estos
versos (incluso la curiosa metátesis de "exalandrina") y
comparen con la macarrónica jerga de Canal 9: "Turia dichós,
digues quí será com tu; no y ha qui faça ventacha. En blanca
arena, més de trenta colors junts; y la rosa exalandrina, les
mans puncha a qui la cull" (p. 195).
Y si a Bruselas sólo llegan libros como el Onomasticon
Catalanoiae, ideados para liquidar la lengua valenciana e
imponer el catalán: ¿Cómo se enterarán de nuestra personalidad
cultural e histórica? Lo tenemos crudo, pues aquí mismo -en las
bibliotecas y centros de enseñanza del Reino de Valencia- los
"progresistas" practican abiertamente la prohibición, secuestro,
ocultación y rotura de cualquier libro o revista que disienta de
la inmersión catalana. Y, además, reciben subvención. |