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Nació en Almasora el que podría llamarse “asombro de Kassel”,
villa alemana donde Reichenberger le ha publicado obras claves
para la literatura catalana. Antes de convertirse en “cataIan
writer”, Pasqual Mas i Usó tuvo que huir del rústico
valenciano de Almasora (ahón diuen creilles, dos, hui y
rascacels), y aprender voces cultas como “patates, dues, avui i
gratacels”, amén de nomenclatura científica: “al País Valencia i
Principat” (Pasqual: Ent. Cuad. Mediterráneo). Esta joya de
Bromera no sabe qué hacer con tanto honor institucional:
medalla de plata de Almasora, Premi en Sant Feliu de Llobregat,
Premi en Vila-real, Premi Ciutat de Sagunt (en valenciá,
Morvedre), Premi Diputación del PP d’Alacant (dos kilos), etc.
La recopilación de poesía valenciana, “poemes en català”,
edItada en Kassel (Rosa Ribas, catalana, mandamás), lleva
dedicatoria heroica: “...per la sang, la llibertat... malgrat la
terra que ens dalla”. Dado el adjunto careto de Pasqual, con
expresión de “a vore per ahón cauen els premis”, podría aludir a
asunto serio (¿la sanc en seba Ii fa mal al chic?, ¿cageroles o
algo paregut?).
La web de Pasqual pregona su Premi Extraordinari de Tesis
Doctorals y que está “carregat de prestigi” (¡nunca máis!). En
“Poesía valenciana” (Kassel, 1998), analiza el léxico de unas
composiciones sobre San Francisco Javier (Sacro Monte, 1687), y
del verso “los trauré dels teus guineus” (p.140), afirma:
“Caldra entendre guinees més que no pas guineus. En tot cas,
sempre en femení”. Aunque usa el adverbio catalán “pas”,
detalle de finor, no nos convence. El verbo pertenece a un
poema donde San Francisco lucha con la Muerte, “senyora de coves,
/ en les velles y en les noves, els posa tancats en claus” (Pasqual
se lía y confunde “posa” y “fors” por “porta” y “fers”). De ese
lugar y los siniestros “guineus”, el santo jesuita liberará
las almas. El castellano guineo, usado por Lope y Quevedo,
equivale al valenciano “guineu” (Escrig, 1887), gentilicio que
en el Manierismo y Barroco adquirió connotación demoníaca en
metáforas como la susodicha. Timoneda, en 1561, menciona una
“guinea que come carne cruda y anda desnuda”; y al pobre Nicolás
Factor se le aparecían “negros altísimos”, espíritus
satánicos, que le querían hacen cosas feas (Vida de Nicolás
Factor, 1596). En la obra estudiada por Pasqual, donde hay
quintillas que aluden a “negres” (p. 227), no hay duda de que
“guineus” -en masculino-, era correcto; aunque Pasqual Mais
insista: “més no pas guineus. En tot cas, sempre femení”. No,
Van Gaal de la semántica, pues si no aludiera a los guineos
cabría otra interpretación, ya que el valenciano “guin(n)eu”
también significaba “lloc brut” (Dicc. Aguiló); y la cueva no
estaría impoluta.
Se cisca Pasqual en vocablos valencianos del XVII, por ser
castellanismos; pero no rechaza ningún galicismo, catalanismo,
italianismo, arabismo, latinismo, portuguesismo o germanismo;
discriminación que huele a Corominas, matriz de odio contra
“xurros espanyols”. Así, al tratar sobre la extensión del
pronombre “tú”, regurgita: “no sólo me parece de mal gusto,
sino odiosa, por el horror que inspira el hecho de provenir de
los mortales enemigos de la nación (catalana), y contrarios
intransigentes de la educación política del país... es una
grossería! No ho oblidéssim” (DECLLC). ¡Toma filología
científica!, ¿verdad, Ferranet del diario “Levante”? Y a este
diccionario xenófobo (Ed. “La Caixa”), ¿no lo denuncia el Bloc?
Del verso “tant de ruido”, Pasqual rechaza “ruido” por ser
castellanismo, ofreciendo la voz “soroll”. Mira, Pasqual,
ocurre que en 1687 no existían catalaneros como tú y, algo más
gracioso, tampoco la voz “soroll” en idioma valenciano ¿o puedes
dar citas valencianas de soroll anteriores a 1687? Aunque
aparece en catalán en 1647, en valenciano la rechaza hasta Ros
en 1764, que sólo recoge sorolla (fruto) y soroller (árbol).
Por el contrario, “ruido” (roido, ruydo), pertenece al
valenciano clásico, figurando en el “Espill” (a.1460), y “Lo
Procés de les olives” (a.1497). Tu integrismo catalanero, tan
rentable, te hace normalitzar anacrónicamente a Roig y Fenollar,
siendo ridículo corregir “ruido” en el 1600 por el inexistente
“soroll”; y olvidando que, desde la Universidad de Valencia
hasta Baldoví usaron el sustantivo: “ni fer ruido” (Const.
Universitat de Valencia, any 1611); “el roido de les Roques”
(Ros: Coloqui de les Dances, 1734); “ab lo ruido dels pedrers”
(Mas: Sermó de S. Vicent 1755); “com se despertá al ruido”
(Galiana: Rondalla, 1768); “Qué festes tan ruidoses” (Centelles:
Sermó. 1824); “fan ruido” (El Mole, 1837); “el roido dels tabals”
(Escalante: El chiquet del milacre,1878); “ha sentit ruido”
(Ovara: Per tres pesetes, 1881); “ser més lo roido que les anous”
(Escrig: Dicc. 1887); Incluso Fullana mantuvo “roido, roidós,
roidosament”; después llegaron los acomplejados y la
autocensura. Y ya se sabe: “Quan més roin es l’anou, més roido
mou”, escuchándose hasta en Kassel. Créeme, Pasqual, ni las
gafas de sol ni la voz “soroll” vinieron con Jaime I.
De los versos: “com a pregadeus estaven / banyantse tres
capellans” (Serres: Academia, 1869) informa Pasqual que
“pregadeus” equivale a “reclinatoris” (p. 328). Creo, Pasqual,
que el clérigo Serres, imitando a Mulet, los asociaba a la
mantis religiosa, metáfora con más gancho para causar hilaridad
en lid poética. En realidad se limita a copiar el verso donde el
Pare Mulet se burla de la hombruna monja Maciana: “tan gran
pregadeu” (v. 138); poeta que en el 1660 estaba de moda entre el
clero. El sustantivo “pregadeu” era el nombre valenciano de la
mantis religiosa, adecuado para el insecto que recoge sus patas
en actitud piadosa mientras acecha o devora la presa. Parece que
esta es la primera documentación de la voz en texto literario,
ya que Mulet escribió la Poesía a Maciana antes de 1645. En
catalán aparece posteriormente y no en obras literarias, sino
en saqueos léxicos como el Thesaurus de Pedro Torra.
Anteriormente, Lacavalleria sólo ofrece la acepción que aplica
Pasqual de Kassel, la de reclinatorio para rezar, no la de
insecto.
No está bien, Pasqual, que digas bolas. De las “décimas
valencianas de un prebendado”, afirmas: “Ánimo. Conserva la o
por cómputo silábico”. Hombre, Pasqual, no hagas el ridículo.
Lo habitual, hasta las rebajas del floralismo pesetero del 1800
y los acomplejados, era usar el cultismo “ánimo” en prosa y
verso: “ab ánimo reposat... de tan flach ánimo...alegrar lo
ánimo” (Esteve: Liber. 1472); “ánimo” (Martorell: Tirant. 1490);
“home de poc ánimo” (Pou: Thesaurus, 1575); “ánimo” (Trobos nous.
1830); “vinguí en lo ánimo” (Escalante :Bolot de oros. 1880);
“els ánimos están molt deprimits” (Ivars, Andrés: Diari, 19
juliol 1936). De todas formas sigue así, asombro de Kassel, e
Inmersiomán te recompensará con la medalla de la Generalidad
(no es broma); y CC.OO te propondrá para el Nobel. |