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Después de superar la sorpresa por extrañas
erratas (p.e., en el artículo “El poeta García” se transformó
“hacendosos” en un “haciendosos” de Gil y Gil), pasamos a
felicitar a la Generalidad valenciana por enviar -como todos los
años- a los centros de enseñanza los cuadernos Gripau (sapo, en
catalán); con notas gramaticales y léxico del Institut
d’Estudis Catalans para que los estudiantes valencianos
completen su deformación. Los Gripau confirman que para
catalanizar eficazmente ya está la Generalidad; no hace falta
un ayudante como Eliseu Climent. Aquí se catalanizan batracios,
minerales y vegetales.
Hace tres siglos, “María Montoya que va en
compañía de una escuadra de gitanos” (A. Hist. Nacional, Tnq.Leg.
4504, julio 1710) timaba a Félix Navarro y a Vicenta Borja,
dueños de una alquería. Al año siguiente, la misma Montoya
“disfrazada en traje de la tierra, con manto y basquiña”, (AHN,
Leg. 527,11 marzo 1711), organizaba el mayor escándalo de la
historia del convento de la Encarnación de Valencia, al hacer
creer a Sor Manuela Bellvis, “carmelita descalza, que dixo tener
27 años”, que haría invisible con un conjuro a su amante Don
Diego Mercader: “de manera que entrando en clausura y saliendo,
nadie le vería aunque todo el mundo estuviese presente”. La
Montoya dejó sin blanca a la carmelita; pero nos quedan las
actas del proceso, auténtica novela picaresca.
El apellido Montoya no es exclusivo de la
etnia calé, ya que el doctor en Filología catalana En Brauli
Montoya (Novelda, 1956) parece que está más emparentado con los
arios catalanes. En sus libros subvencionados por la Diputación
de Alicante o la Universidad de Valencia vende catalanismo y
manipulación de conceptos. Así, cuando trata sobre el idioma en
Elda recurre a la autoridad de Cavanilles para engañar mejor a
sus paisanos. El citado Montoya escribe: “Cavanilles en el seu
recorregut pel sud del País Valencia a la fi del segle XVIII, ja
es confirma que a Elda no es parla catalá”. IV, p. 267”
(Montoya, B.: Variació i desplaçament de llengües. Dip. Alacant,
p. 203).
Ni María Montoya habría camelado mejor.
Comparen lo dicho por Montoya con el texto original de
Cavanilles: “...hablan mal castellano como los de Aspe y Elda,
por la inmediación a pueblos donde sólo se usa el valenciano;
idioma general en todas las poblaciones de este libro, si
exceptuamos la huerta de Orihuela y las citadas villas de Elda,
Aspe y Monforte” (Cavanilles: Obs. Sobre la Historia Natural
del Reyno de Valencia. Libro IV, Madrid 1797, p..267). Estas
alteraciones son las que gustan a nuestra Generalidad, cambiar
Reino por país e idioma valenciano por catalán. Montoya es
producto de la Universidad catalana de Alicante. Su mentor
Menéndez recuerda al alumno Montoya que le seguía fuera de las
aulas para pedirle “questionaris de l‘Atlas Lingüístic del
Domini Catalá”.
El original de Cavanilles ofrece un valioso
glosario de sustantivos botánicos en cuatro lenguas: “En la
primera columna van los nombres latinos, en la segunda los
castellanos, en la tercera los valencianos, y en la quarta los
franceses” (IV,p. 323). Actualmente, los nombres en idioma
valenciano son catalanizados a capricho del IEC. Los
colaboracionistas alteran morfología o simplemente los excluyen
de los diccionarios que la Generalidad edita con dinero de los
impuestos.
El requisito ideal para la edición
subvencionada es la catalanización del texto, sean ensayos
sobre las garrapatas del cerdo o los sobacos de Cristina Tárrega.
En “Les formacions vegetals de la ciutat d ‘Alacant” (Ed.
Generalidad y Ayuntamiento de Alicante) los colaboracionistas
Carles Martin y Daniel Climent actúan como el Montoya, mintiendo
sobre Cavanilles. Si éste escribe “Agrostis punchosa”, ellos
lo cambian por “punxosa” (Les formacions, p.143), asegurando
que era el nombre dado en 1797. Desprecian que el dígrafo ch era
usado por los clásicos: no punchen” (Fenollar: Lo procés,.1497);
los renacentistas: “les punches” (Thesaurus, 1575); los
manieristas: “les mans puncha” (Salcedo: Vida de Hier. Simón,
1614); los barrocos: “punchá lo dimoni” (Carbó, J.: Romanç,
1665); los ilustrados: “Repunchó alpí” (Cavanilles, 1797); y los
actuales: “punchar” (Dicc. Real Academia Valenciana, 1997).
La violación morfológica es sistemática. Si
Cavanilles escribe “plantage”, los botánicos inmersores dicen
que ponía “plantatge”. Con igual impunidad afirman que dio el
nombre de “Barrella amb nucs” (p. 145), cuando Cavanilles en
toda su vida conoció la preposición amb, inexistente en
escritores nacidos en el Reino de Valencia. Las voces
valencianas son barridas o alteradas por los comisarios
idiomáticos: la “Campanera de Valencia” (Cav. 1797) es
transformada en “corretjola”; la “carchofera cart coler” (Cav,
1797) en “carxofera”. La “fraulera marioches” (Cav. 1797),
derivada del étimo latino “fragula”, que los mozárabes
transformaron en fraula, fraulera, fraular, los comisarios de
Canal 9 y la Generalidad la sustituyen por las Catalanas
maduixa y maduixera.
Los vocablos castellanos fresno y fresneda
equivalen a los valencianos “fleix”, “fleixar” (Cav. 1797),
pero la inmersión introduce los catalanes “freixe”, “freixenet”,
“freixeneda”, Los diccionarios de la Generalidad, asesinos del
idioma, elevan a cultismo las corrupciones botánicas catalanas
y prohiben los vocablos valencianos correctos, transmitidos
desde el étimo clásico. Si Cavanilles y los clásicos usan “junc,
junquer, junquera” (lat. juncus), los de la Conselleria de
Obras Públicas y los maestros inmersores imponen los barbarismos
norteños "jonc, jonqueda, jonquera”.
Cavanilles también documentaba en 1797 la
sabrosa “chirimoya” en valenciano, anticipándose al catalán en
medio siglo. Hoy se enseña a los niños valencianos la
corrupción catalana ‘xirimoía”. Curiosamente, el apellido de
María Montoya sería Montoia, como consta en algunas
publicaciones del Dr. Montoia, experto en Cavanilles. Los
depredadores léxicos siguen devorando el idioma valenciano con
la generosa ayuda de nuestra invicta Generalidad. No hay un
Síndic d´Agravis (no de greuges) que impida a la Generalidad la
imposición, por ejemplo, del catalán “jonc de gripaus” y la
prohibición del valenciano "junch de sapos”, documentado por
Cavanilles en 1797. |