RICARDO GARCÍA MOYA

 
 
   

 
  Data de Publicacio
06 de Novembre de 2006
   
  Referencia
0012RGM
   
  Tornar a la plana de;
Ricardo García Moya
   
  Anteriorment publicat en,
Diario de Valencia
22 d'Abril de 2001
   
  Est articul lo hem deixat en castella, que es com lo escrigue el seu autor
   
  Anar Arrere
   
   
ARTICUL
 
MONTOYAS Y GRIPAUS
 

Después de superar la sor­presa por extrañas erratas (p.e., en el artículo “El poeta García” se transformó “hacen­dosos” en un “haciendosos” de Gil y Gil), pasamos a felicitar a la Generalidad valenciana por enviar -como todos los años- a los centros de enseñanza los cuadernos Gripau (sapo, en catalán); con notas gramatica­les y léxico del Institut d’Estu­dis Catalans para que los estu­diantes valencianos completen su deformación. Los Gripau confirman que para catalanizar eficazmente ya está la Gene­ralidad; no hace falta un ayu­dante como Eliseu Climent. Aquí se catalanizan batracios, minerales y vegetales.

Hace tres siglos, “María Montoya que va en compañía de una escuadra de gitanos” (A. Hist. Nacional, Tnq.Leg. 4504, julio 1710) timaba a Félix Navarro y a Vicenta Borja, due­ños de una alquería. Al año siguiente, la misma Montoya “disfrazada en traje de la tie­rra, con manto y basquiña”, (AHN, Leg. 527,11 marzo 1711), organizaba el mayor escándalo de la historia del con­vento de la Encarnación de Valencia, al hacer creer a Sor Manuela Bellvis, “carmelita descalza, que dixo tener 27 años”, que haría invisible con un conjuro a su amante Don Diego Mercader: “de manera que entrando en clausura y sa­liendo, nadie le vería aunque todo el mundo estuviese presente”. La Montoya dejó sin blanca a la carmelita; pero nos quedan las actas del proceso, auténtica novela picaresca.

El apellido Montoya no es exclusivo de la etnia calé, ya que el doctor en Filología cata­lana En Brauli Montoya (No­velda, 1956) parece que está más emparentado con los arios catalanes. En sus libros sub­vencionados por la Diputación de Alicante o la Universidad de Valencia vende catalanismo y manipulación de conceptos. Así, cuando trata sobre el idio­ma en Elda recurre a la autori­dad de Cavanilles para engañar mejor a sus paisanos. El citado Montoya escribe: “Cavanilles en el seu recorregut pel sud del País Valencia a la fi del segle XVIII, ja es confirma que a El­da no es parla catalá”. IV, p. 267” (Montoya, B.: Variació i desplaçament de llengües. Dip. Alacant, p. 203).

Ni María Montoya habría camelado mejor. Comparen lo dicho por Montoya con el texto original de Cavanilles: “...hablan mal castellano co­mo los de Aspe y Elda, por la inmediación a pueblos donde sólo se usa el valenciano; idio­ma general en todas las pobla­ciones de este libro, si excep­tuamos la huerta de Orihuela y las citadas villas de Elda, As­pe y Monforte” (Cavanilles: Obs. Sobre la Historia Na­tural del Reyno de Valencia. Libro IV, Madrid 1797, p..267). Estas alteraciones son las que gustan a nuestra Generalidad, cambiar Reino por país e idio­ma valenciano por catalán. Montoya es producto de la Universidad catalana de Ali­cante. Su mentor Menéndez recuerda al alumno Montoya que le seguía fuera de las au­las para pedirle “questionaris de l‘Atlas Lingüístic del Domini Catalá”.

El original de Cavanilles ofrece un valioso glosario de sustantivos botánicos en cuatro lenguas: “En la primera colum­na van los nombres latinos, en la segunda los castellanos, en la tercera los valencianos, y en la quarta los franceses” (IV,p. 323). Actualmente, los nom­bres en idioma valenciano son catalanizados a capricho del IEC. Los colaboracionistas alte­ran morfología o simplemente los excluyen de los diccionarios que la Generalidad edita con dinero de los impuestos.

El requisito ideal para la edi­ción subvencionada es la cata­lanización del texto, sean ensa­yos sobre las garrapatas del cerdo o los sobacos de Cristina Tárrega. En “Les formacions vegetals de la ciutat d ‘Alacant” (Ed. Generalidad y Ayunta­miento de Alicante) los colabo­racionistas Carles Martin y Daniel Climent actúan como el Montoya, mintiendo sobre Ca­vanilles. Si éste escribe “Agros­tis punchosa”, ellos lo cambian por “punxosa” (Les forma­cions, p.143), asegurando que era el nombre dado en 1797. Desprecian que el dígrafo ch era usado por los clásicos: no punchen” (Fenollar: Lo pro­cés,.1497); los renacentistas: “les punches” (Thesaurus, 1575); los manieristas: “les mans puncha” (Salcedo: Vida de Hier. Simón, 1614); los ba­rrocos: “punchá lo dimoni” (Carbó, J.: Romanç, 1665); los ilustrados: “Repunchó alpí” (Cavanilles, 1797); y los actua­les: “punchar” (Dicc. Real Aca­demia Valenciana, 1997).

La violación morfológica es sistemática. Si Cavanilles es­cribe “plantage”, los botánicos inmersores dicen que ponía “plantatge”. Con igual impu­nidad afirman que dio el nom­bre de “Barrella amb nucs” (p. 145), cuando Cavanilles en to­da su vida conoció la preposi­ción amb, inexistente en es­critores nacidos en el Reino de Valencia. Las voces valencia­nas son barridas o alteradas por los comisarios idiomáti­cos: la “Campanera de Valen­cia” (Cav. 1797) es transfor­mada en “corretjola”; la “car­chofera cart coler” (Cav, 1797) en “carxofera”. La “fraulera marioches” (Cav. 1797), deri­vada del étimo latino “fragu­la”, que los mozárabes trans­formaron en fraula, fraulera, fraular, los comisarios de Ca­nal 9 y la Generalidad la sus­tituyen por las Catalanas ma­duixa y maduixera.

Los vocablos castellanos fresno y fresneda equivalen a los valencianos “fleix”, “flei­xar” (Cav. 1797), pero la in­mersión introduce los catala­nes “freixe”, “freixenet”, “frei­xeneda”, Los diccionarios de la Generalidad, asesinos del idio­ma, elevan a cultismo las corrupciones botánicas cata­lanas y prohiben los vocablos valencianos correctos, trans­mitidos desde el étimo clásico. Si Cavanilles y los clásicos usan “junc, junquer, junque­ra” (lat. juncus), los de la Con­selleria de Obras Públicas y los maestros inmersores imponen los barbarismos norteños "jonc, jonqueda, jonquera”.

Cavanilles también docu­mentaba en 1797 la sabrosa “chirimoya” en valenciano, anticipándose al catalán en medio siglo. Hoy se enseña a los niños valencianos la co­rrupción catalana ‘xirimoía”. Curiosamente, el apellido de María Montoya sería Montoia, como consta en algunas publi­caciones del Dr. Montoia, ex­perto en Cavanilles. Los de­predadores léxicos siguen de­vorando el idioma valenciano con la generosa ayuda de nuestra invicta Generalidad. No hay un Síndic d´Agravis (no de greuges) que impida a la Generalidad la imposición, por ejemplo, del catalán “jonc de gripaus” y la prohibición del valenciano "junch de sa­pos”, documentado por Ca­vanilles en 1797.

 
 
 
Usuaris en llinea Grup LLVS   -   Octubre 2006 Amunt